29 DE MAYO DE 2026
El mayor riesgo de la IA: convertir la educación en empresa obsesionada con la eficiencia, advierte experto
PRENSA IBERO
29 DE MAYO DE 2026
PRENSA IBERO
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Reporteros de la Dirección de Comunicación Institucional

La inteligencia artificial no sólo está transformando las aulas; también está impulsando una visión de la educación centrada en la productividad, la eficiencia y los resultados inmediatos, advirtió Carlos Magro Mazo, presidente de la Asociación Educación Abierta, durante la conferencia magistral del Taller de Innovación Educativa 2026 de la Universidad Iberoamericana.
Ante docentes, estudiantes y especialistas reunidos en la IBERO, el académico español alertó sobre el riesgo de que escuelas y universidades terminen funcionando bajo lógicas empresariales promovidas por grandes corporaciones tecnológicas.
“Hay un sueño gerencial que atraviesa la educación desde hace décadas y que ve la educación como una empresa a optimizar”, señaló.
Uno de los mensajes centrales de Magro Mazo fue que la innovación educativa suele confundirse erróneamente con la incorporación de tecnología en los procesos de enseñanza.
Para el especialista, colocar computadoras, plataformas digitales o herramientas de inteligencia artificial en el aula no garantiza una transformación educativa significativa.
“La innovación tiene más que ver con cambiar las maneras de estar en el aula y los fines de la educación que con los instrumentos que utilizamos”, afirmó en entrevista con Prensa IBERO.
En ese sentido, sostuvo que la alfabetización digital contemporánea debe ir mucho más allá del aprendizaje técnico de herramientas y dispositivos.
“La alfabetización digital tiene poco de instrumental y mucho de alfabetización crítica”, explicó.
El reto, añadió, consiste en que estudiantes y docentes desarrollen la capacidad de cuestionar cuándo utilizar la tecnología y cuándo no hacerlo, especialmente en un contexto donde la inteligencia artificial puede resolver tareas de manera inmediata.
Magro Mazo advirtió que la creciente automatización del conocimiento puede generar una “ilusión de comprensión”, en la que las personas creen haber aprendido algo simplemente porque obtuvieron una respuesta rápida.
“¿Qué pasa cuando la respuesta llega en milisegundos?”, cuestionó.
Desde su perspectiva, aprender implica necesariamente detenerse, equivocarse, formular preguntas, atravesar incertidumbres y sostener procesos prolongados de reflexión. Por ello defendió la necesidad de preservar espacios educativos donde el diálogo, la conversación y la construcción colectiva del conocimiento sigan ocupando un lugar central.
El especialista consideró que muchas reformas educativas fracasan precisamente porque se diseñan desde estructuras administrativas alejadas de las comunidades escolares.
“Cuando las políticas educativas intentan decirle al profesor cómo enseñar sin hacerlo partícipe del cambio, sistemáticamente fracasan”, advirtió.

A lo largo de su conferencia, Magro Mazo insistió en que la inteligencia artificial no puede entenderse como una herramienta neutral, sino como una infraestructura política, económica, social y cultural que ya está moldeando la vida cotidiana.
“No es una herramienta pedagógica, sino una infraestructura comercial”, afirmó.
El académico recordó que detrás de estas tecnologías existen modelos de negocio, concentración de poder, sesgos algorítmicos, explotación laboral y extracción de recursos naturales que deben formar parte de la conversación educativa.
Pese a ello, aclaró que no se trata de rechazar la tecnología, sino de discutir colectivamente cómo utilizarla desde principios democráticos y educativos.
También destacó que las y los jóvenes suelen tener más conciencia crítica sobre el entorno digital de la que muchas personas adultas les atribuyen, aunque reconoció que las plataformas y redes sociales actuales están diseñadas para capturar permanentemente la atención.
Hacia el cierre de su participación, Magro Mazo sostuvo que la educación debe recuperar su dimensión más humana frente al avance tecnológico. Pensamiento crítico, empatía, diálogo, vínculos, imaginación y reflexión deben convertirse en el centro del aprendizaje.
“Necesitamos más humanidades y menos visión instrumental de la educación”, concluyó.
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