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PRENSA IBERO
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• La Universidad Iberoamericana reconoció la trayectoria de su egresado de Administración de Empresas e inauguró una sala con su nombre en el nuevo núcleo de emprendimiento del Hub IBERO para la Innovación Social. Entre recuerdos, agradecimientos y reflexiones sobre el porvenir, el empresario reafirmó su fe en la educación y en las generaciones que construirán el México del mañana • Su legado inspirará a nuevas generaciones de emprendedores
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Hay historias que no terminan cuando alguien se gradúa de la universidad. Algunas continúan durante décadas, se convierten en proyectos colectivos y dejan huellas que acompañan a nuevas generaciones. La de Roberto Hernández Ramírez y la Universidad Iberoamericana Ciudad de México es una de ellas.
Más de seis décadas después de haber iniciado su historia con la IBERO, el reconocido empresario mexicano y egresado de Administración de Empresas regresó a su alma mater para recibir un reconocimiento a su trayectoria y participar en la inauguración de una sala que llevará su nombre, ubicada en el nuevo núcleo de emprendimiento del
Pero más allá del homenaje a su trayectoria empresarial, la ceremonia fue una oportunidad para recordar cómo la confianza, la generosidad y el compromiso de una comunidad contribuyeron a levantar la Universidad que hoy forma a miles de jóvenes.
Y, sobre todo, para mirar hacia el futuro.
“Fe en la causa, fe en la campaña, fe en el futuro y fe en la responsabilidad de todos”, recordó Hernández al recuperar cuatro frases que escribió en enero de 1985, durante los esfuerzos para reunir recursos destinados a la construcción de la IBERO.
Más de cuatro décadas después, frente a una nueva generación de proyectos universitarios, compartió una reflexión que sintetizó el significado de aquel esfuerzo:
“La causa y la campaña ya cumplieron. El futuro está aquí en nuestros alumnos”.

La relación de Roberto Hernández con la IBERO no se limita a sus años como estudiante. Su historia también está vinculada con uno de los capítulos más importantes de la institución: la construcción del campus de Santa Fe.
Durante su intervención, el empresario recordó las dificultades que enfrentó la Universidad para reconstruirse y crecer tras los daños del campus de Cerro de las Cruces por el sismo del 14 de marzo de 1979, en medio de un escenario económico nacional marcado por la incertidumbre, las crisis financieras y la inflación.
En aquellos años, Hernández participó activamente en la organización de campañas de recaudación que permitieron movilizar a cientos de empresarios, egresados y benefactores convencidos de que invertir en educación significaba apostar por el futuro de México.
Recordó que la campaña iniciada en 1985 logró reunir, de acuerdo con las cifras que compartió, el equivalente a aproximadamente 76 millones de dólares actuales, gracias al esfuerzo colectivo de cientos de participantes.
Aquella experiencia dejó una lección que continúa vigente: una universidad no se construye solamente con edificios, sino con personas que creen en su proyecto educativo.
Al rememorar las dificultades de aquella etapa, Hernández destacó que, más allá de las instalaciones, la verdadera fortaleza de la IBERO radicaba en su espíritu y en la comunidad que la sostenía.
Lo que entonces parecía una tarea extraordinariamente difícil se convirtió en una realidad: un campus que abrió oportunidades para miles de estudiantes y que hoy continúa transformándose para responder a los desafíos de nuestro tiempo.
Durante la ceremonia, el Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S. J., Rector de la Universidad Iberoamericana, destacó que la relación de Roberto Hernández con la institución representa un ejemplo de cómo el vínculo entre una universidad y sus egresados puede extenderse durante toda una vida.
Recordó que el empresario tuvo una participación destacada en los esfuerzos de recaudación que hicieron posible la construcción de los edificios F y G, precisamente en cuyo entorno se ubica hoy el nuevo núcleo de emprendimiento.
Así, los espacios que alguna vez fueron resultado de una apuesta por el futuro universitario ahora se convierten en lugares donde otras generaciones podrán desarrollar sus propias iniciativas.
El Rector recuperó una reflexión que Hernández le compartió tiempo atrás: muchos esfuerzos, trabajos e ideas se siembran aun cuando existe la posibilidad de no alcanzar a ver sus resultados.
Para el Dr. Arriaga, el homenaje permitió reunir simbólicamente esos dos momentos: la siembra de quienes contribuyeron a construir la Universidad y la cosecha que hoy representa la formación de nuevas generaciones.
En ese sentido, expresó su confianza en que las iniciativas que surjan de la sala dedicada a Roberto Hernández contribuyan a la construcción de una sociedad más justa.
También reconoció el interés que el empresario mantiene por el futuro de la educación, particularmente frente a las transformaciones que plantea la inteligencia artificial.
Compartió que, en una de sus conversaciones, Hernández le entregó un documento con reflexiones y propuestas sobre esta tecnología, sus posibilidades y sus implicaciones para el quehacer universitario.
Este interés, destacó, coincide con los esfuerzos de la IBERO por incorporar la inteligencia artificial a la docencia y la investigación desde una perspectiva crítica y ética.
De esta manera, el reconocimiento no solamente honró las contribuciones del pasado, sino también la confianza que Hernández continúa depositando en la capacidad de la Universidad para transformarse.
El Dr. Alejandro Anaya Muñoz, Vicerrector Académico de la IBERO, explicó que el nuevo núcleo de emprendimiento forma parte del Hub IBERO para la Innovación Social, una iniciativa que articula laboratorios y espacios de trabajo destinados a impulsar la creatividad, la innovación y el desarrollo de proyectos.
En este espacio, el estudiantado encontrará acompañamiento académico y profesional, oportunidades de incubación, mentorías y vinculación con docentes, egresados, especialistas y representantes del sector empresarial.
El objetivo es que las ideas no permanezcan solamente en el papel, sino que puedan convertirse en proyectos capaces de generar valor económico y social.
Sin embargo, el Vicerrector subrayó que emprender también implica preguntarse cuáles son los problemas que merecen nuestra atención y de qué manera podemos contribuir a resolverlos.
En su intervención, reflexionó sobre la importancia de orientar el talento, la ambición y las capacidades profesionales hacia desafíos como la desigualdad, la crisis climática y las necesidades sociales.
Desde esta perspectiva, el Hub IBERO busca formar personas capaces de alcanzar la excelencia profesional sin perder de vista su responsabilidad con los demás.
Anaya Muñoz también destacó los avances institucionales en materia de inteligencia artificial, entre ellos la apertura de una nueva ingeniería especializada en esta área, el fortalecimiento de infraestructura de cómputo y la integración de herramientas tecnológicas en los procesos educativos.
Estas iniciativas, señaló, buscan desarrollar nuevas capacidades sin dejar de cuestionar las consecuencias sociales del avance tecnológico.
El Vicerrector expresó su deseo de que las salas dedicadas a Roberto Hernández se conviertan en espacios donde las nuevas generaciones encuentren las herramientas, las alianzas y el acompañamiento necesarios para llevar sus ideas a la práctica, con la ambición de llegar lejos y contribuir al bienestar de la sociedad.
Uno de los momentos más entrañables de la ceremonia llegó cuando Roberto Hernández habló de lo que la Universidad representa para su propia familia.
Más allá de sus contribuciones a la construcción del campus, recordó que su esposa, Claudia, también estudió en la IBERO, al igual que sus hijas, y que la historia familiar con la institución continúa a través de sus nietos.
“La IBERO me dio mucho más que el conocimiento y la formación de las aulas”, expresó.
Su testimonio dejó ver que una trayectoria universitaria también se construye con recuerdos, amistades, vínculos personales y experiencias que trascienden generaciones.
Por ello, recibir el reconocimiento y ver su nombre en una sala destinada a impulsar el emprendimiento representó para él una emoción especial.
También aprovechó la ocasión para agradecer a las numerosas personas que participaron en las campañas de construcción y crecimiento de la Universidad: empresarios, egresados, integrantes de los patronatos, autoridades universitarias y colaboradores que hicieron posibles aquellos proyectos.
Lejos de atribuirse individualmente los logros, insistió en recordar el carácter colectivo de aquellos esfuerzos.
Su reconocimiento, así, también se convirtió en un homenaje a todas las personas que han contribuido a que la IBERO siga creciendo.
En el marco de este reconocimiento y de la Asamblea General de Asociados de UIAC, la inauguración de la sala Roberto Hernández Ramírez representa mucho más que la incorporación de un nombre a un espacio universitario.
Es un puente entre quienes tuvieron la visión de construir una universidad para el México del mañana y quienes hoy se preparan para transformar ese país desde el emprendimiento, la innovación y la responsabilidad social.
Hace más de cuatro décadas, Roberto Hernández y cientos de personas decidieron apostar por una institución cuyo impacto se extendería mucho más allá de sus propias generaciones.
Hoy, aquel esfuerzo tiene nuevos rostros: los de las y los estudiantes que encuentran en la IBERO un espacio para descubrir sus talentos, desarrollar sus ideas y prepararse para enfrentar los desafíos del mundo.
La sala que lleva su nombre será parte de ese proceso, un lugar donde las ideas podrán convertirse en proyectos y donde el legado de un egresado encontrará continuidad en las aspiraciones de quienes apenas comienzan su camino.
Al concluir su discurso, Hernández volvió a las cuatro convicciones que lo acompañaron cuando participó en la construcción de la Universidad: fe en la causa, fe en la campaña, fe en el futuro y fe en la responsabilidad de todos.
Décadas después, la causa y la campaña han dado frutos. Los edificios se levantaron, la Universidad creció y miles de personas encontraron en ella oportunidades para construir sus vidas.
Pero la fe en el futuro permanece.
“El futuro está aquí en nuestros alumnos”.
Y quizá ese sea el legado más importante que Roberto Hernández deja a su alma mater: la convicción de que las grandes obras no terminan cuando se inauguran, sino que siguen creciendo en las vidas de quienes encuentran en ellas una oportunidad para transformar el mundo.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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