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PRENSA IBERO
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• Rescatistas relataron cómo los terremotos, las muertes y las historias de las víctimas dejan huellas emocionales que pueden permanecer durante años • Especialistas alertaron sobre el agotamiento, la culpa y el desgaste psicológico que enfrentan quienes atienden situaciones críticas • La IBERO cuenta con una Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias, un programa de posgrado único en México con reconocimiento oficial
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Cuando ocurre un terremoto, un huracán o una emergencia, los equipos de rescate se movilizan para salvar vidas. Pero ¿quién cuida la salud mental de quienes trabajan entre escombros, enfrentan la muerte y escuchan historias que difícilmente podrán olvidar?
Integrantes de los Topos de Tlatelolco compartieron en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México experiencias que los han marcado desde el terremoto de 1985 hasta misiones humanitarias internacionales. Junto con especialistas en psicología de emergencias, advirtieron que
La Dra. Graciela Polanco Hernández, coordinadora de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO, destacó la importancia de brindar atención psicológica y acompañamiento a las personas afectadas por desastres. La académica presentó ambos encuentros y subrayó el papel de esta disciplina en un país expuesto a múltiples situaciones de emergencia.

Mario Luna, jefe operativo de la Brigada de Rescate Topos de Tlatelolco, recordó cómo el terremoto de 1985 transformó su vida y lo llevó a participar en las labores de auxilio cuando prácticamente no existía preparación para enfrentar una catástrofe de esa magnitud.
Tras décadas de trabajo en estructuras colapsadas, reconoció que los equipos regresan de sus misiones con experiencias esperanzadoras, pero también con recuerdos difíciles de procesar.
Isaac Luna, director de Formación y Capacitación de la brigada, compartió testimonios de intervenciones en Haití e Indonesia y explicó que uno de los desafíos emocionales es desconocer qué sucede después con las personas auxiliadas.
“Muchas veces nosotros no cerramos círculos”, expresó al señalar que, tras trasladar a las víctimas a un hospital, los rescatistas no siempre vuelven a saber si sobrevivieron o consiguieron reconstruir sus vidas.
Propuso que, además de estabilizar médicamente a las personas atrapadas, los protocolos contemplen su atención emocional desde el primer contacto.

“Hemos entrenado para salvar vidas, pero nadie nos preparó para cargar con lo que no se puede olvidar”, expresó Martha Dolores Hinojosa Falcón, excoordinadora nacional de Apoyo Psicosocial de la Cruz Roja Mexicana.
La psicóloga, quien participó en labores de atención posteriores al huracán Otis en Acapulco, explicó que las jornadas prolongadas, la falta de sueño y la exposición al sufrimiento pueden provocar desgaste físico y emocional.
“Detrás de cada intervención hay emociones que no siempre se ven, pero siempre pesan”, señaló.
Pavel del Prado, psicólogo egresado de la IBERO y paramédico voluntario, sostuvo que la preparación técnica resulta insuficiente si quienes atienden emergencias no saben gestionar sus propias emociones.
“La principal herramienta que nosotros tenemos en una emergencia somos nosotros”, afirmó al destacar la importancia del autocuidado y de aprender a trabajar la culpa.

Liora Pupko, presidenta de la organización humanitaria CADENA, explicó que los primeros auxilios psicológicos permiten brindar contención inicial a quienes enfrentan situaciones que rebasan sus capacidades de afrontamiento.
La intervención comienza por garantizar la seguridad, escuchar sin juzgar, identificar necesidades urgentes y conectar a las personas con sus familiares y redes comunitarias.
Por su parte, la Dra. María Amparo Oliver, psicoterapeuta y docente de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias, destacó que una crisis puede desestabilizar profundamente a una persona, pero una intervención adecuada también puede fortalecer sus recursos para afrontar futuras dificultades.
Advirtió que desatender la salud mental durante las emergencias representa una oportunidad perdida para fortalecer a las comunidades.
Las reflexiones se compartieron durante la jornada Emergencias sin pánico, realizada en el marco del Día de la Salud Mental, que incluyó el panel Voces desde la emergencia y el encuentro Más allá del rescate.
La IBERO ofrece la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias, coordinada por la Dra. Polanco Hernández, un programa de posgrado único en México en su tipo y con reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Los testimonios dejaron una advertencia: salvar una vida también implica reconocer las heridas invisibles de quienes intervienen para protegerla. Atenderlas requiere preparación, acompañamiento y espacios donde pedir ayuda no sea interpretado como una debilidad.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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