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PRENSA IBERO
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• El Dr. Enrique Sanz Giménez-Rico, S.J., advierte que la polarización es particularmente peligrosa porque apela a las emociones y puede pasar inadvertida como forma de violencia, en el contexto del asesinato de la estudiante española en Morelos Claudia Tacoronte • Hablar de paz exige vincular polarización con problemas más visibles como desapariciones, feminicidios e impunidad, señala el ex Rector de la Universidad Pontificia Comillas de España y actual titular del Centro de Humanismo Integral Ignaciano de la IBERO
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

A unos días del asesinato en Morelos de la estudiante española Claudia Tacoronte, hablar de paz en México obliga a mirar no sólo las expresiones más evidentes de violencia, como los feminicidios, las desapariciones, la impunidad o las guerras, sino también aquellas que pueden pasar inadvertidas.
Una de ellas es la polarización, advierte el Dr. Enrique Sanz Giménez-Rico, S.J., titular del Centro de Humanismo Integral Ignaciano (CeHII) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), quien la considera “un tipo de violencia mucho más sutil que las guerras”. Explica que su discurso se mueve en un terreno “gris”, toca nuestros sentimientos y puede llevarnos a la lógica de
En el marco del Día Internacional de la Paz, que se conmemora cada 21 de septiembre, el académico señala que construir paz no significa alcanzar de una vez y para siempre un estado sin conflictos. Retomando una idea del Papa Francisco, explica que “la paz es un proceso”: un punto de partida que impulsa nuestra manera de vivir y, al mismo tiempo, un horizonte hacia el cual avanzamos.
A diferencia de una guerra o de un feminicidio, cuya violencia resulta evidente, la polarización puede ser más difícil de identificar. Para Sanz, su capacidad de penetración radica precisamente en que su discurso puede ser atractivo, estar bien comunicado y tocar directamente sentimientos y emociones.
“El discurso toca, sobre todo, nuestros sentimientos y te pide que estés o conmigo o contra mí”, explica. Esa dinámica, afirma, representa “una barrera, un freno tremendo” en el camino hacia la paz.
En México, agrega, ese proceso convive con expresiones mucho más visibles de violencia. Sanz menciona feminicidios, desapariciones e impunidad y recuerda el reciente asesinato de Claudia Tacoronte, estudiante española de la Universidad de Granada que realizaba una estancia académica en Morelos.
Las redes sociales ocupan un lugar importante en este fenómeno porque han aprendido a captar aquello que atrae y moviliza emocionalmente a las personas, independientemente de su edad.
Sanz se declara convencido del valor de estas plataformas y de su potencial para contribuir a la paz. Sin embargo, advierte sobre una característica particular: la velocidad con la que nos llevan a reaccionar.
Frente a otros acompañamientos, como un libro o una conversación, que permiten procesos más lentos de reflexión, las redes favorecen respuestas inmediatas. “Nos hemos acostumbrado a reaccionar muy rápidamente”, señala, y advierte que ese tipo de reacción puede convertirse en un obstáculo para construir paz.
La polarización, sin embargo, no puede analizarse separada de otras violencias. Para el académico, avanzar hacia la paz requiere también elementos de justicia, particularmente en un país donde persisten desapariciones e impunidad.
La universidad, sostiene, puede ser un espacio para comprender estos procesos, reflexionar sobre la relación entre paz y justicia y ayudar a visibilizar las distintas formas de violencia presentes en la sociedad mexicana.
Esa tarea forma parte también del nuevo Centro de Humanismo Integral Ignaciano, que Sanz encabeza en la IBERO y que articula materias de reflexión y acción social con una perspectiva transversal vinculada con valores como el amor, la paz y la reconciliación.

Para Sanz, las juventudes universitarias tienen además una ventaja que generaciones anteriores no tuvieron con la misma intensidad: una dimensión internacional que les permite relacionarse con personas de otras culturas y conocer valores y perspectivas diferentes.
Y justamente las redes sociales que pueden alimentar reacciones inmediatas también ofrecen una oportunidad. El académico invita a las y los jóvenes a utilizarlas para crear contenidos que expliquen la paz, sus desafíos y las situaciones que interrumpen su construcción, y que puedan convertirse en “semillas de paz”.
Al final de la conversación surge una pregunta menos académica: ¿cómo está hoy la paz de Enrique Sanz?
El jesuita, quien recientemente regresó a México para incorporarse a la IBERO, reconoce que atraviesa un cambio importante en su vida. Dice mirar hacia el futuro y encontrar a su alrededor elementos que, aunque no siempre llamamos paz, ayudan a construirla: “el afecto, el cariño, la solidaridad, la atención”.
Porque si la paz es un proceso, sostiene, también se va haciendo de esas pequeñas cosas que acompañan el camino.
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