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• El estudio “Repensar el conflicto mexicano desde una perspectiva de género” apunta que la llegada de un cartel a un municipio eleva los homicidios • La investigación señala que el 90 por ciento de las víctimas de homicidio son hombres
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La expansión de los grupos criminales en México no sólo puede medirse por el número de homicidios. Detrás de las cifras de violencia hay otra realidad: el aumento de personas desaparecidas, fenómeno que afecta de forma diferenciada a hombres y mujeres y que, de acuerdo con una investigación reciente de la Universidad Iberoamericana (IBERO), se intensifica cuando un cartel ingresa a un municipio.
El estudio “Repensar el conflicto mexicano desde una perspectiva de género”
El autor parte de una crítica a la forma tradicional de estudiar el conflicto mexicano: concentrarse en el número total de homicidios puede ocultar quiénes son las principales víctimas y cómo la edad o el género modifican los riesgos. Por ello, utiliza un diseño de estudio de eventos que toma como referencia el momento en que una primera organización criminal entra en un municipio.
Los resultados muestran que la llegada de un cartel está asociada con un incremento de homicidios, pero el efecto se concentra en las víctimas masculinas. Los hombres representan el 90 por ciento de las víctimas de homicidio analizadas, mientras que el aumento de homicidios de mujeres deja de ser estadísticamente significativo cuando se consideran características municipales y tendencias regionales.
El hallazgo que destaca la investigación es el comportamiento de las desapariciones. Después de la entrada de un primer cartel, la tasa de personas desaparecidas aumenta tanto entre hombres como entre mujeres, incluso después de controlar características locales y tendencias estatales.
El efecto es particularmente relevante entre mujeres jóvenes. La investigación identifica incrementos estadísticamente significativos entre adolescentes de 12 a 18 años y mujeres de 26 a 35 años, mientras que otros grupos de edad no presentan el mismo comportamiento.
El estudio estima que la entrada de un primer cartel genera 1.05 personas desaparecidas adicionales, en promedio, respecto de la situación previa. Aunque el incremento absoluto puede parecer reducido, representa casi el doble de la tasa promedio de desapariciones observada en la muestra, por lo que el autor advierte que se trata de un efecto considerable en términos relativos.
La investigación también encuentra que mientras los homicidios asociados con la entrada de un cartel se concentran principalmente en hombres, las desapariciones aumentan para ambos sexos. En el caso de las mujeres jóvenes, el incremento es estadísticamente significativo; para los hombres jóvenes de 12 a 18 años, en cambio, no se observa un cambio significativo.
El fenómeno tampoco termina con la llegada del primer grupo criminal. El estudio analiza qué ocurre cuando un segundo cartel entra en un municipio donde ya existe presencia de una organización.
En este caso, no encuentra un efecto significativo sobre las tasas de homicidio o feminicidio. Sin embargo, sí identifica un aumento en la tasa de personas desaparecidas, particularmente en el largo plazo. Esto sugiere que la multiplicación de organizaciones criminales puede tener efectos adicionales sobre las desapariciones, aunque no necesariamente se traduzca de inmediato en más homicidios.
El estudio plantea que una reducción de los homicidios puede coexistir con un incremento de las desapariciones, debido a que las estadísticas de homicidio requieren que el cuerpo de la víctima sea localizado para contar con un certificado de defunción. Por ello, parte de la violencia podría estar desplazándose hacia formas que quedan fuera de los registros tradicionales de mortalidad.
Para el Dr. Angulo, homicidios de mujeres y feminicidios no deben tratarse como fenómenos equivalentes. Su investigación no encuentra evidencia estadísticamente significativa de que la entrada de un primer cartel incremente la tasa de feminicidios, incluso al incorporar controles y tendencias regionales.
El estudio sostiene que analizar el conflicto únicamente mediante el número total de asesinatos puede dejar fuera una parte importante de la violencia criminal. Las desapariciones aparecen como un indicador crítico y todavía poco estudiado, mientras que la edad y el género permiten identificar grupos con patrones de victimización diferentes.
La principal conclusión es que la expansión de los carteles no produce un único tipo de violencia. Su impacto cambia según el sexo, la edad y el delito analizado. Mientras los homicidios aumentan principalmente entre hombres, las desapariciones afectan a ambos sexos y muestran una vulnerabilidad particularmente marcada entre mujeres jóvenes.
El autor finalmente plantea la necesidad de incorporar la perspectiva de género a los estudios sobre el conflicto mexicano y de prestar mayor atención a las personas desaparecidas, fenómeno que puede revelar dimensiones de la violencia criminal que las estadísticas de homicidios por sí solas no alcanzan a mostrar.
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