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• El Dr. Francisco Galán, Académico del Departamento de Filosofía, sostiene que los Mundiales celebrados en México reflejan las transformaciones políticas y culturales del país • Aunque el futbol es más comercial y menos accesible tiene la capacidad para movilizar emociones colectivas, apunta
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A lo largo de las participaciones de México en Copas del Mundo, hubo frases que se hicieron famosas. El “ya merito”, que resume décadas de eliminaciones; el “sí se puede”, adoptada por la afición para buscar el anhelado quinto partido; el “No era penal”, que surge tras el polémico penal marcado a Robben, y la del Chicharito Hernández en 2018: “Imaginemos cosas ching=$#&”.
El Dr. Francisco Vicente Galán Vélez, Académico del
El académico de nuestra casa de estudios sostuvo que los tres Mundiales realizados en territorio mexicano —1970, 1986 y 2026— representan contextos históricos profundamente distintos, aunque unidos por una constante: la capacidad del futbol para movilizar emociones colectivas.
El Mundial de 1970, recordó, fue concebido por el régimen priista como vitrina internacional para mostrar un país moderno y en desarrollo. Sin embargo, llegó apenas dos años después de la matanza estudiantil de Tlatelolco y se convirtió en un espacio de expresión política.
“El abucheo al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz durante la inauguración reflejó una inconformidad social que ya no podía ocultarse detrás del espectáculo deportivo. Era entusiasmo, pero también un país que empezaba a cuestionar al poder”, explicó.
Dieciséis años después, México recibió nuevamente la Copa del Mundo. El país se recuperaba del devastador terremoto de 1985 y la sociedad había mostrado una capacidad de organización espontánea que fortaleció el sentimiento nacional. El Mundial de 1986 quedó marcado por una euforia colectiva difícil de repetir.
Al respecto, dijo que los triunfos de la Selección Mexicana, el célebre gol de Manuel Negrete contra Bulgaria y la ilusión de avanzar más allá de los cuartos de final alimentaron un ambiente de unidad nacional, pero también hubo espacio para la protesta en el cual el expresidente Miguel de la Madrid fue recibido con uno de los abucheos más memorables que recuerda la historia reciente del país.
“México 86 fue una mezcla de orgullo, esperanza y descontento social. La gente celebraba, pero también expresaba su inconformidad”, señaló.
En contraste, apuntó que el Mundial de 2026 se desarrolla en un escenario completamente distinto, organizado en conjunto con Estados Unidos y Canadá, llegó en una época marcada por la globalización, las redes sociales y la comercialización extrema del deporte.
El Dr. Galán Velez indicó que el futbol se ha vuelto menos accesible para amplios sectores por los altos costos de los boletos, las restricciones comerciales de FIFA y la dificultad para asistir a los estadios, que han alejado a la afición de la experiencia directa del torneo.
Sin embargo, afirmó que el futbol conserva una capacidad única para generar comunidad como los Fan Fest, las plazas públicas y los espacios donde miles de personas se reúnen para ver un partido son una prueba de ello.
“El futbol sigue siendo una de las pocas experiencias que logran reunir cuerpos y emociones en una sociedad cada vez más fragmentada”, refirió.
Acotó que el estadio funciona como una especie de templo moderno, pues convergen rituales, símbolos, cánticos y expresiones de identidad colectiva, incluso fenómenos como “la ola”, popularizada durante México 86, o el polémico grito dirigido a los porteros rivales forman parte de dinámicas sociales que van más allá del juego.
En ese sentido, explicó que durante un Mundial la afición vive una identificación emocional profunda con la selección nacional. Por eso se habla en primera persona de las victorias y derrotas: “ganamos”, “perdimos”, “nos eliminaron”.
“Es un fenómeno de identidad colectiva. La gente siente que forma parte de algo mayor y comparte una emoción común, aunque nunca haya pisado una cancha”, concluyó.
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