PRENSA IBERO
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14 DE ABRIL DE 2026
Por: Mariana Domínguez Batis
AUTOR
• El discurso de odio pone en tensión la democracia y los derechos humanos, señala Geraldina González de la Vega en la IBERO
• Educación es clave para frenar la discriminación estructural, sostiene en la segunda sesión del seminario “Deconstrucción del discurso de odio” del Think Tank del Clúster Universitario de la alcaldía Álvaro Obregón
La deconstrucción del discurso de odio no es sólo un debate teórico: es un desafío urgente para las democracias contemporáneas y para espacios clave como las universidades, como advirtió la Mtra. Geraldina González de la Vega Hernández, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) durante la segunda sesión del seminario “Deconstrucción del discurso de odio” del Think Tank del Clúster Universitario de la alcaldía Álvaro Obregón, coordinado por la Universidad Iberoamericana.
Al inaugurar el encuentro, la Mtra. Mónica Maccise Duayhe, directora general de Vinculación Universitaria de la IBERO, destacó que este espacio busca construir materiales, entre ellos, lineamientos que permitan a universidades y autoridades incidir frente a este fenómeno.

De izq. a der.: Mtra. Mónica Maccise, Mtra. Geraldina González y Dr. Pedro Díaz de la Vega
Por su parte, el Dr. Pedro Díaz de la Vega, coordinador del Clúster Universitario de Alto Nivel de la Alcaldía Álvaro Obregón, advirtió que el discurso de odio ha dejado de ser un tema abstracto para convertirse en un factor que agrava problemáticas sociales complejas.
Señaló que este tipo de discursos ya inciden en fenómenos como la migración, donde incluso las actividades han sido tomadas por el crimen organizado, tras la eliminación de apoyos a instituciones como USAID.
Ante ello, explicó que el objetivo del think tank es articular el conocimiento de distintas universidades para generar propuestas de política pública que permitan “modificar el entorno” desde una visión colectiva.

En su intervención, la titular del COPRED, subrayó que no todos los discursos incómodos constituyen odio, pero sí existen límites cuando incitan a la violencia o refuerzan la discriminación, especialmente hacia grupos históricamente vulnerados.
En este contexto, explicó que el análisis del discurso de odio debe realizarse a partir del llamado Umbral de Rabat, desarrollado por Naciones Unidas, que establece seis criterios para evaluar estos casos: el contexto en que se emite el mensaje, la posición o influencia de quien lo expresa, la intención de incitar a la discriminación o la violencia, el contenido y la forma del discurso, su alcance o nivel de difusión y la probabilidad de que genere un daño real. Este enfoque permite distinguir entre expresiones protegidas por la libertad de expresión y aquellas que pueden vulnerar derechos.
Para dimensionar el alcance de estos discursos, la especialista retomó la escala del prejuicio del psicólogo Gordon Allport, que explica cómo la discriminación puede escalar progresivamente: desde expresiones aparentemente “menores”, como chistes o comentarios estigmatizantes, hasta la segregación, la discriminación activa, la violencia física y, en los casos más extremos, el exterminio. Esta secuencia, advirtió, permite entender que el discurso de odio es el primer eslabón de una cadena que puede derivar en graves violaciones a los derechos humanos.

La especialista cuestionó la efectividad de criminalizar estos discursos y sostuvo que el derecho penal no elimina los prejuicios que los originan.
Por ello, planteó que la transformación debe centrarse en la educación, la sensibilización y el cambio cultural, especialmente en espacios formativos como las universidades.

El seminario forma parte de una estrategia del Clúster Universitario para generar conocimiento aplicado y propuestas que incidan en políticas públicas desde la academia.
En ese contexto, las y los participantes coincidieron en que las instituciones de educación superior tienen un papel clave para abrir espacios de reflexión crítica, sin reproducir discursos que vulneren derechos humanos.
Así, el desafío además de identificar el discurso de odio, es construir entornos donde la pluralidad de ideas conviva sin poner en riesgo la dignidad de las personas.
Por: Mariana Domínguez Batis
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