PRENSA IBERO
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14 DE MAYO DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
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Las juventudes mexicanas no han abandonado el ahorro ni viven únicamente para “gastar en el presente”, como suele afirmarse en redes sociales. Para la Dra. Alejandra Villegas, académica del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana y especialista en Estudios de Género, esa idea responde más a una percepción colectiva alimentada por la incertidumbre generacional que a datos concluyentes.
La experta explicó que discursos recurrentes en plataformas digitales han construido la imagen de millennials y centennials como generaciones despreocupadas por el patrimonio, la vivienda o el retiro; sin embargo, detrás de esa narrativa existen contextos económicos mucho más complejos que los enfrentados por generaciones anteriores.
“Hay una percepción colectiva de desesperanza respecto al futuro”, señaló la académica, quien considera que acontecimientos como la crisis financiera de 2008, la pandemia de COVID-19, la precarización laboral y la acelerada transformación tecnológica han marcado profundamente la relación de las juventudes con el dinero y el ahorro.
Según explicó, muchas personas jóvenes crecieron observando crisis económicas sucesivas, empleos cada vez menos estables y un mercado laboral en el que incluso la preparación académica ya no garantiza estabilidad financiera. A ello se suma la creciente incertidumbre por el impacto de tecnologías como la inteligencia artificial en múltiples profesiones.
La experta dijo que se ha popularizado una lógica de “vivir el presente” o de priorizar experiencias inmediatas frente a proyectos de largo plazo que hoy parecen más difíciles de alcanzar. No obstante, Villegas subrayó que los datos muestran una realidad más matizada. Con base en cifras de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2024, destacó que las mujeres jóvenes sí están ahorrando y, en algunos rangos de edad, incluso representan uno de los sectores femeninos con mayor hábito de ahorro.
La diferencia, explicó, es que gran parte de ese ahorro no se realiza mediante mecanismos financieros formales como cuentas bancarias o Afores, sino mediante estrategias informales como tandas, ahorro en casa u otros mecanismos comunitarios.
“La idea de que las jóvenes no ahorran no es completamente cierta”, afirmó.
Sin embargo, la especialista advirtió que persisten importantes desigualdades económicas y de género. Aunque las mujeres jóvenes ahorran, los hombres continúan registrando mayores niveles de ahorro formal y mayores aportaciones destinadas al retiro.
Además, remarcó que la posibilidad de ahorrar depende profundamente del nivel socioeconómico. Muchas personas simplemente no pueden destinar dinero al ahorro porque apenas logran cubrir necesidades básicas: “Cuando se pregunta por qué no ahorran, muchas personas responden que no les alcanza”.
La académica añadió que las nuevas generaciones enfrentan condiciones estructurales mucho más adversas que las de sus padres o abuelos, especialmente en temas como vivienda, estabilidad laboral y acceso a patrimonio: “El precio de la vivienda se ha vuelto prácticamente inaccesible en muchos casos”.
A diferencia de décadas anteriores, cuando una sola persona podía sostener económicamente a una familia y adquirir una vivienda, actualmente se requieren más años de estudio, mayores niveles de especialización y gastos educativos crecientes para acceder a empleos que, en muchos casos, apenas cubren lo básico.
Villegas también relacionó estas condiciones económicas con decisiones personales y familiares cada vez más complejas, incluyendo la maternidad o la conformación de un hogar propio.
Desde los Estudios de Género, sostuvo que las decisiones nunca ocurren en libertad absoluta, sino condicionadas por factores económicos, sociales y culturales: “Antes la presión social empujaba a ejercer la maternidad; hoy muchas veces las restricciones económicas influyen para que menos personas decidan formar una familia”. Por ello, la especialista llamó a abandonar los juicios simplistas hacia las juventudes y analizar estos fenómenos con evidencia y contexto social.
Más que recriminar a quienes gastan en el presente, consideró necesario fortalecer la educación financiera, mejorar las condiciones laborales y construir políticas públicas que permitan a las nuevas generaciones proyectar un futuro con mayor estabilidad. Finalmente, la académica invitó a cuestionar los discursos virales que reducen problemas estructurales a decisiones individuales: “No basta con repetir lo que vemos en redes sociales. Necesitamos analizar los datos, entender las restricciones reales y exigir políticas que respondan a las condiciones que viven hoy las juventudes”.
Por: Jorge Luis Cortés
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