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PRENSA IBERO
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• Lo que durante generaciones fue una celebración familiar para recordar a nuestros seres queridos se ha convertido también en un espectáculo de alcance internacional. Pero ¿qué sucede cuando Hollywood, las grandes marcas y el turismo comienzan a influir en la manera en que celebramos nuestras tradiciones? El Mtro. Roberto Montalvo, académico de Mercadotecnia y Administración de la Hospitalidad IBERO, analiza las oportunidades y riesgos de esta transformación cultural
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Catrinas monumentales, esqueletos gigantes, desfiles multitudinarios, disfraces, música y miles de turistas recorriendo las calles de México. Para muchas personas, esta es ya una imagen habitual del Día de Muertos, una de las celebraciones más representativas de nuestra identidad.
Pero ¿siempre lo celebramos así? ¿En qué momento una tradición vinculada con la memoria familiar, las ofrendas y los cementerios se transformó también en un espectáculo turístico? Y, sobre todo, ¿qué significa que algunas de sus expresiones más populares hayan recibido un impulso decisivo desde la industria cinematográfica estadounidense?
Para el Mtro. Roberto Montalvo, académico de las licenciaturas en Mercadotecnia y Administración de la Hospitalidad de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, estas preguntas son fundamentales para comprender la transformación de una celebración que, durante la última década, ha adquirido una nueva dimensión comercial e internacional.
En entrevista con Prensa IBERO, el especialista explicó que el crecimiento del Día de Muertos como espectáculo ha sido gradual y responde tanto a estrategias turísticas mexicanas como a la influencia de productos culturales extranjeros.
Sin embargo, advirtió que este éxito también plantea un desafío: aprovechar el interés mundial sin permitir que las nuevas narrativas desplacen el significado cultural de las tradiciones que les dieron origen.
En 2015, la película Spectre, protagonizada por Daniel Craig como James Bond, sorprendió al público internacional con una secuencia inicial ambientada en un monumental desfile de Día de Muertos en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
La escena mostraba una celebración espectacular, llena de personajes disfrazados y enormes figuras alusivas a la muerte. El detalle es que aquel desfile, tal como aparecía en la película, no existía entonces como celebración anual en la capital.
El éxito de la secuencia inspiró a las autoridades turísticas a organizar, en 2016, el primer gran desfile de Día de Muertos de la Ciudad de México, convirtiendo una creación cinematográfica en un acontecimiento real.
Montalvo identifica este momento como uno de los puntos de inflexión en la transformación reciente de la festividad.
“En estos últimos 10 años ha adquirido mucha fuerza y se ha convertido ya en no solo una tradición nuestra, sino como un atractivo espectáculo de entretenimiento que también ofrecemos a nuestros visitantes”, explicó.
El fenómeno también puede observarse en otras regiones. El académico recordó el papel del Festival de Tradiciones de Vida y Muerte de Xcaret, en Quintana Roo, que desde hace dos décadas ha utilizado la celebración como una oportunidad para difundir expresiones culturales mexicanas en un destino de gran presencia turística internacional.
Así, las estrategias de entretenimiento y mercadotecnia han contribuido a proyectar el Día de Muertos mucho más allá de los espacios donde tradicionalmente se celebraba.
La influencia de producciones como Spectre y la película animada Coco, de Disney y Pixar, plantea una discusión sobre la representación internacional de la cultura mexicana.
Aunque estas obras han contribuido a despertar curiosidad por el Día de Muertos, también presentan interpretaciones artísticas que no necesariamente reflejan la diversidad histórica, regional y comunitaria de la festividad.
Durante la entrevista, Montalvo fue cuestionado sobre el riesgo de que empresas y creadores extranjeros terminen definiendo cómo se representa una tradición mexicana.
“Yo creo que ese es uno de los riesgos que tenemos que evaluar y controlar”, respondió.
El especialista subrayó que las narrativas utilizadas en desfiles, espectáculos y productos culturales deben guardar relación con la realidad del patrimonio mexicano.
“Tenemos que trabajar un poco más en que las narrativas que se pongan en estos desfiles, en estas fiestas hagan sentido con la realidad cultural de México”, sostuvo.
Sin embargo, su postura no consiste en rechazar automáticamente las producciones extranjeras ni considerar toda representación externa como apropiación cultural.
Al contrario, reconoció que el cine y el entretenimiento ofrecen recreaciones artísticas, no necesariamente documentales históricos, y que México puede aprovechar su popularidad para promover un conocimiento más profundo de sus tradiciones.
El desafío consiste en evitar que las versiones comerciales terminen sustituyendo, en el imaginario colectivo, la riqueza de las prácticas originales.
Las fiestas indígenas dedicadas a los muertos fueron proclamadas por la UNESCO en 2003 e inscritas en 2008 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Este reconocimiento destaca el valor de las prácticas comunitarias que permiten mantener los vínculos entre las personas vivas y sus familiares fallecidos.
Las ofrendas, los alimentos, las flores y los encuentros familiares forman parte de expresiones culturales en las que convergen tradiciones indígenas y elementos incorporados durante la época colonial.
Para Montalvo, esta dimensión social y familiar merece especial protección frente a la creciente espectacularización de la celebración.
No se trata de impedir que las costumbres evolucionen. Las tradiciones son expresiones vivas y, por tanto, también cambian con el tiempo.
Lo importante es que esa transformación no borre su diversidad ni excluya a las comunidades que han preservado sus significados durante generaciones.
El académico IBERO considera que México tiene una oportunidad para utilizar la atención internacional como punto de partida para difundir expresiones menos conocidas de su patrimonio.
Una de las alternativas consiste en fortalecer las experiencias culturales que permitan a visitantes nacionales y extranjeros acercarse a las verdaderas prácticas de las comunidades.
Durante la conversación, puso como ejemplo una exposición sobre distintas variedades tradicionales de pan de ánimas, que muestra la diversidad de preparaciones, formas e ingredientes existentes en el país.
Estas iniciativas permiten recordar que no existe una sola manera de vivir el Día de Muertos y que detrás de cada tradición hay conocimientos, historias y prácticas comunitarias que merecen difundirse.
“Lo que tendríamos que hacer es, primero, como mexicanos, también enterarnos muy bien de lo que estamos celebrando y de lo que queremos compartir”, recomendó.
Desde su perspectiva, la mercadotecnia y el turismo pueden contribuir a preservar y promover el patrimonio siempre que las estrategias comerciales partan del conocimiento cultural y del respeto hacia las comunidades.
La discusión, entonces, no debería limitarse a determinar si las películas estadounidenses representan correctamente nuestras tradiciones, sino a preguntarnos qué estamos haciendo desde México para contar nuestras propias historias.
Comprender fenómenos como la transformación del Día de Muertos requiere profesionales capaces de analizar el comportamiento de los consumidores, las industrias culturales, los mercados internacionales y sus implicaciones sociales.
Esta perspectiva forma parte de la preparación que ofrece la Universidad Iberoamericana a través de sus licenciaturas en Mercadotecnia y Administración de la Hospitalidad.
El Mtro. Roberto Montalvo destacó que, en ambas carreras, las y los estudiantes tienen la oportunidad de aprender de docentes vinculados con el mundo empresarial que también promueven una visión sustentable y socialmente responsable de los negocios.
En la IBERO, explicó, se busca formar profesionales capaces de desarrollar estrategias comerciales, experiencias turísticas y proyectos de emprendimiento que no coloquen los beneficios económicos por encima de las personas o el medioambiente.
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