PRENSA IBERO
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27 DE MARZO DE 2026
Por: Luis Reyes
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Los recientes derrames de hidrocarburos en costas del Golfo de México de Veracruz y Tabasco han encendido alertas no solo por su magnitud visible, sino por los efectos profundos y acumulativos que dejan en los ecosistemas. Para el Mtro. Nahum Elías Orocio Alcántara, Académico del Centro Transdisciplinario Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), el problema va mucho más allá de playas aparentemente limpias, pues el verdadero daño es el que no se ve.
Explicó que es difícil dimensionar qué tan grave es un derrame, ya que los ecosistemas tienen cierta capacidad de recuperación natural. Sin embargo, advirtió que esta capacidad se ha visto rebasada por la frecuencia creciente de estos eventos.
A diferencia de décadas pasadas, donde **los derrames **eran más espaciados, dijo que hoy ocurren con mayor regularidad, lo que impide que los sistemas marinos logren regenerarse completamente antes de enfrentar un nuevo impacto.
Recordó el desastre de la plataforma Deepwater Horizon en 2010, uno de los más grandes en la historia y subrayó que la preocupación actual radica en la acumulación de eventos más pequeños y constantes. Esta repetición genera una “capa” de daño ambiental que se va sumando con el tiempo, deteriorando progresivamente la salud de los ecosistemas.
Uno de los puntos más críticos, señaló, es la contaminación microscópica. Aunque las autoridades declaren limpias las playas, una parte importante del hidrocarburo se infiltra en la arena y permanece allí durante largos periodos.
Subrayó que esta fracción invisible puede afectar zonas de anidación de especies como las tortugas marinas, alterando sus ciclos reproductivos y reduciendo sus probabilidades de supervivencia.
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“El impacto es particularmente severo en ecosistemas como los manglares, fundamentales para la biodiversidad costera. Debido a su estructura, donde las raíces sobresalen para permitir la respiración, los manglares son altamente vulnerables a la adherencia de hidrocarburos”.
Indicó que esto puede bloquear sus procesos biológicos, debilitarlos o incluso provocar su muerte, además de que la pérdida de manglares implica la desaparición de hábitats clave para especies en etapas tempranas de vida, como peces y otros organismos marinos.
Contención y limpieza por derrame petrolero en el Golfo
“En el mar abierto, los efectos son igualmente preocupantes. Aunque parte del petróleo puede ser recuperado mediante técnicas de contención y limpieza, las corrientes marinas dispersan el hidrocarburo a diferentes profundidades y regiones, haciendo imposible su recuperación total.
Esto expone a múltiples especies a contaminantes que pueden afectar su respiración, especialmente en organismos que intercambian gases a través de la piel o branquias”.
Dijo que otro fenómeno relevante es la bioacumulación. **Los hidrocarburos pueden ingresar en la cadena alimenticia **desde organismos pequeños, como peces que consumen algas contaminadas, y escalar hacia depredadores mayores, proceso no solo incrementa la concentración de contaminantes en los organismos, sino que puede provocar alteraciones genéticas, enfermedades y, eventualmente, la muerte.
Respecto a las estrategias de contención, explicó que hay métodos mecánicos, como barreras flotantes y equipos de succión, así como el uso de dispersantes químicos. Estos últimos, agregó, aunque pueden facilitar la degradación del petróleo al fragmentarlo, generan preocupación por sus efectos secundarios. Al descomponer el hidrocarburo en partículas más pequeñas, pueden facilitar su sedimentación y afectar organismos del fondo marino, como corales y moluscos.
Asimismo, el académico mencionó procesos de biorremediación, donde microorganismos degradan los hidrocarburos de manera natural. Sin embargo, estas soluciones requieren tiempo y condiciones específicas, lo que limita su efectividad frente a derrames de gran escala o respuesta tardía.
Orocio Alcántara enfatizó la importancia de la información clara y oportuna y criticó la fragmentación y ambigüedad en los datos oficiales, señalando que, incluso semanas después de detectado el derrame, no hay claridad sobre sus causas o responsables. En este contexto, destacó el valor de la ciencia ciudadana y los monitoreos comunitarios, que permiten identificar zonas afectadas con mayor rapidez y precisión desde el territorio.
Finalmente, planteó que la persistencia de estos desastres está ligada a un modelo energético dependiente de los hidrocarburos. Advirtió que continuar por esta ruta implica aceptar costos ambientales y sociales recurrentes, especialmente para comunidades costeras que dependen directamente de estos ecosistemas.
En ese sentido, propuso repensar la transición energética desde un enfoque colectivo, priorizando soluciones como el transporte público sobre cambios individuales, y alineando las acciones locales con los compromisos internacionales de descarbonización.
Por: Luis Reyes
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