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PRENSA IBERO
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• El Dr. Óscar Castro, académico investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, señala que las movilizaciones juveniles actuales responden a desigualdades, falta de acceso a vivienda, educación y otros derechos, así como al miedo frente a la guerra y el cambio climático
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Que jóvenes critiquen a gobiernos identificados con la izquierda no significa necesariamente que estén girando hacia la ultraderecha. Para el Dr. Óscar Castro, académico investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, buena parte de las movilizaciones actuales responde menos a una identidad partidista y más a la defensa de derechos frente a problemas concretos que afectan la vida cotidiana.
En distintos países, jóvenes han salido a las calles por motivos aparentemente diferentes: educación, vivienda, condiciones económicas, medio ambiente o rechazo a políticas que consideran regresivas. Para Castro, detrás de muchas de estas protestas existe un denominador común:
El especialista señaló que las juventudes enfrentan menores posibilidades de acceder a servicios y condiciones básicas como vivienda, educación y salud, mientras fenómenos como la guerra y el cambio climático aumentan la incertidumbre respecto al futuro.
A ello se suma, explicó, un contexto de fuerte polarización política e ideológica que también se desarrolla en redes sociales y que puede ser utilizado por distintos actores para influir electoralmente o radicalizar posiciones.
Sin embargo, Castro destacó que cuando las condiciones materiales afectan directamente la vida de los jóvenes, la protesta trasciende el espacio digital.
El académico señaló que una generación frecuentemente acusada de permanecer encerrada en TikTok o las redes sociales está demostrando que puede abandonar ese espacio y “poner el cuerpo” en las manifestaciones.
En México, donde actualmente gobierna un movimiento político que se identifica con la izquierda, las movilizaciones juveniles también muestran que el inconformismo social no necesariamente sigue una lógica partidista.
Castro consideró normal que cualquier gobierno enfrente disidencias cuando continúan existiendo problemas como violencia contra las mujeres, desapariciones, inseguridad, dificultades para acceder a la educación superior y otras desigualdades.
“No es un asunto de color político, es un asunto de que la realidad está ahí”, explicó.
Desde esta perspectiva, jóvenes pueden cuestionar a gobiernos de izquierda y, al mismo tiempo, rechazar propuestas de ultraderecha que consideren contrarias a derechos adquiridos.
Para el especialista, la discusión puede entenderse menos como una confrontación estrictamente partidista entre izquierda y derecha y más como una tensión entre posiciones que reivindican derechos y otras que buscan restringirlos.
Esto permite desmontar una lectura automática según la cual cualquier crítica desde las juventudes hacia un gobierno progresista implica necesariamente un desplazamiento hacia posiciones conservadoras o de extrema derecha.
Castro identifica tres grandes preocupaciones que atraviesan muchas de las movilizaciones juveniles contemporáneas: la desigualdad, la guerra y el cambio climático.
Estos fenómenos, explicó, generan miedo y enojo, pero también el deseo de detener procesos que las nuevas generaciones perciben como amenazas para su futuro.
“Hay miedo, hay rabia, pero también hay como ganas de que eso se frene”, señaló al referirse a jóvenes que demandan paz, reducción de las desigualdades y acciones frente a la crisis ambiental.
Las movilizaciones recientes, añadió, resultan especialmente significativas porque contradicen uno de los estereotipos más recurrentes sobre las nuevas generaciones: que son políticamente indiferentes, están completamente absorbidas por sus teléfonos o carecen de interés por los asuntos públicos.
El académico de la IBERO reconoció que existen preocupaciones legítimas sobre el uso intensivo de dispositivos, la inteligencia artificial, los algoritmos y las dinámicas digitales orientadas al consumo.
No obstante, advirtió que convertir esas preocupaciones en una caracterización general de toda una generación conduce a explicaciones simplistas.
Etiquetas como “generación Z” o “generación de cristal”, dijo, pueden terminar sustituyendo el análisis de las circunstancias sociales que llevan a los jóvenes a movilizarse.
Cuando las injusticias, el cambio climático o las desigualdades afectan directamente su vida, explicó, vuelve a aparecer una característica que ha acompañado históricamente a las juventudes: una energía social capaz de movilizarse frente a la indignación.
Castro recordó que esa fuerza juvenil ha sido visible durante los últimos años tanto en movimientos europeos como latinoamericanos, y mencionó experiencias en países como Chile, Brasil, Ecuador y Perú.
En México, las movilizaciones feministas, estudiantiles y aquellas relacionadas con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa muestran también que las juventudes continúan participando activamente en la disputa por derechos, memoria y justicia.
Para el académico, que los jóvenes expresen públicamente sus necesidades y cuestionen a quienes gobiernan es deseable independientemente del partido político en el poder.
Más que una generación apática, las protestas actuales muestran juventudes que, frente a un futuro atravesado por desigualdad, violencia, guerras y emergencia climática, siguen buscando nuevas formas de intervenir en la vida pública.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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