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PRENSA IBERO
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• El Mtro. Eugenio Fernández, académico del Departamento de Letras, señala que la crisis de las editoriales revela el debilitamiento de una sociedad que ha perdido referentes, espacios de discusión y el hábito de preguntarse qué vale la pena leer • Advierte que el problema no es publicar libros, sino conseguir lectores; mientras desaparecen librerías, revistas y espacios culturales, México enfrenta un empobrecimiento de su vida intelectual
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

¿Qué pasa con una sociedad cuando ya no sabe qué leer? La pregunta parece menor frente a la crisis económica, la inseguridad o la polarización política, pero para el Mtro. Eugenio Fernández Vázquez, Académico del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana (IBERO), apuntó que uno de los problemas culturales más profundos de México es que estamos perdiendo espacios que nos ayudaban a pensar.
La crisis de las editoriales independientes, sostuvo, no puede reducirse a un problema comercial, tampoco basta con atribuirla a internet, los libros electrónicos o las nuevas formas de consumo. Indicó que hay algo más preocupante, pues se está erosionando el ecosistema que durante décadas permitió que los libros circularan y encontraran lectores.
Para el editor en jefe de la editorial mexicana independiente “La Cigarra” –especializada en libros de historia y ensayo—, una de las grandes pérdidas de las últimas décadas es la desaparición de referentes intelectuales capaces de orientar a una generación.
En entrevista con Prensa IBERO, recordó que quienes crecieron con el cambio analógico al digital, antes tenían periódicos, revistas, suplementos culturales y editoriales que funcionaban como brújulas. Había autores cuya obra no sólo se leía: ayudaba a interpretar el país.
Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco y otros escritores e intelectuales formaban parte de ese ecosistema. Las publicaciones culturales permitían conocer qué se estaba discutiendo, qué había que leer, qué pensaban quienes estaban del otro lado de una discusión ideológica y, también, descubrir belleza.
Hoy, dijo, esos referentes se han debilitado y el resultado es una sociedad “muy desorientada” que ya no sabe necesariamente qué leer y la diferencia es crucial. No se trata solamente de que haya menos lectores, se han perdido los mecanismos culturales que convertían la lectura en una conversación colectiva.
El Mtro. Fernández Vázquez indicó que no se sostiene que México carezca de buenos escritores; por el contrario, señaló que actualmente se está produciendo literatura de enorme calidad en México y América Latina.
Refirió que mientras existen autores relevantes, faltan las grandes discusiones intelectuales capaces de acompañar un momento histórico complejo. Se publican libros de actualidad, pero muchos surgen, en su opinión, de forma improvisada y desde “la víscera”, sin alcanzar las reflexiones profundas que el país necesita.
“México tiene problemas enormes que deberían producir grandes debates de pensamiento político, sociología, antropología, historia y cultura popular. Esos debates no están generando necesariamente los libros que antes encontraban un lugar en editoriales como Era o Siglo XXI. Tenemos más información que nunca, pero menos espacios para convertir esa información en pensamiento”, dijo.
En ese contexto, manifestó que la crisis de Ediciones Era adquiere un significado que rebasa a la propia editorial y consideró lamentable que una casa con ese peso histórico haya llegado a reducir sus actividades, pero rechazó interpretar el fenómeno como la desaparición automática de las editoriales independientes.
Hay nuevos proyectos valiosos y exitosos, mencionó, entre otros, a Elefanta Editorial, Perla Ediciones y el proyecto editorial de U-tópicas. El problema, dijo, no es la falta absoluta de talento o iniciativa es el entorno.
También, sostuvo que las pequeñas editoriales tienen que sobrevivir en un país cuyo sistema fiscal, administrativo y comercial está construido de manera que favorece a los grandes grupos y dificulta el crecimiento de las pequeñas empresas y aunque logren publicar, tienen que conseguir que alguien encuentre sus libros.
Acotó que la desaparición y la concentración de librerías independientes también representa uno de los mayores peligros, ya que las grandes cadenas pueden facilitar la distribución de determinados títulos, pero concentran decisiones y alejan al editor del lector.
“Antes, una librería podía ser un espacio de encuentro. El lector podía conversar, descubrir un autor, preguntar, recibir una recomendación. Hoy esos lugares escasean”, explicó.
El académico planteó una pregunta que debería incomodar a cualquier política cultural: ¿cuántas librerías existen en ciudades como Salina Cruz o Santiago Papasquiaro y cuántas se concentran en colonias privilegiadas de la Ciudad de México?
Afirmó que, además, la desigualdad cultural también se mide en kilómetros, ya que donde no hay librerías, bibliotecas ni espacios de circulación de ideas, leer deja de ser una experiencia cotidiana y se convierte en un privilegio.
Mencionó que la tecnología tampoco ha resuelto el problema, pues las redes sociales podrían ser una herramienta extraordinaria para conectar editoriales y lectores, pero el funcionamiento de sus algoritmos nos encierra en aquello que ya sabemos que nos gusta.
Fernández Vázquez abundó que antes un lector podía abrir un periódico buscando una noticia deportiva y encontrarse accidentalmente con la reseña de un libro, un autor o una discusión cultural. Ese encuentro fortuito podía cambiar una lectura. Ahora, el algoritmo sabe que quiere ver fútbol y le entrega fútbol. Una y otra vez.
“La consecuencia es una pérdida silenciosa, ya no sólo dejamos de leer determinados libros; dejamos de encontrarnos con libros que ni siquiera sabíamos que necesitábamos”, aseveró.
Frente a la autopublicación y la inteligencia artificial, el Mtro. Fernández Vázquez reivindicó el papel de las editoriales. Una editorial, sostuvo, no sólo imprime, hace curaduría, selecciona, respalda y se responsabiliza por lo que publica.
Agregó que en un mundo donde la inteligencia artificial puede producir textos que parecen humanos y relevantes, pero estos carecen de una responsabilidad detrás y esa función resulta todavía más importante.
“La pregunta del futuro no será únicamente quién puede producir un libro será quién decide qué merece ser leído y sobre todo, quién está dispuesto a defender esa decisión”, aseguró.
Para el académico la respuesta no puede quedar en manos del mercado, por lo que México necesita políticas públicas que faciliten la supervivencia de pequeñas empresas, impulsen librerías independientes, fortalezcan bibliotecas y mejoren el sistema educativo.
Abundó que una sociedad lectora no se construye únicamente diciéndole a la gente que lea, se construye haciendo posible que encuentre libros, que pueda comprarlos o consultarlos, que tenga bibliotecas cerca, maestros preparados, librerías donde conversar y espacios donde las ideas puedan confrontarse.
El Mtro. Fernández Vázquez insistió en que los libros deberían entenderse como bienes comunes y una biblioteca puede multiplicar el acceso a un ejemplar y convertirlo en patrimonio compartido, pero el abandono de esos espacios tiene una consecuencia política.
Y cuestionó: ¿Qué ocurre si el problema no es solamente que las y los mexicanos leen menos, sino que la sociedad ha perdido interés por detenerse, contrastar ideas, descubrir autores y enfrentarse con pensamientos distintos a los propios?
Apuntó que México no carece de escritores ni de libros, carece cada vez más de los espacios que los conecten con una sociedad dispuesta a escucharlos y “una democracia sin esos espacios se empobrece”.
“Leer no es únicamente consumir historias. Significa exponerse a ideas incómodas, cambiar de opinión, entender al adversario, cuestionar lo que creemos cierto y construir argumentos propios. Por eso la crisis de una editorial como Era debería preocupar incluso a quienes no compran libros”, sostuvo.
Advirtió que cuando desaparece una editorial, una librería, una revista o una biblioteca, no sólo desaparece un negocio o un espacio cultural, desaparece un lugar donde una sociedad podía aprender a pensar en común.
“Quizá ese sea el verdadero problema de México, no que se estén cerrando las puertas de las editoriales, sino que cada vez haya menos gente preguntándose qué hay detrás de ellas”, puntualizó.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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