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PRENSA IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

El Dr. Alessandro Questa, del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, afirma que los festejos por el Mundial generan espacios temporales que fortalecen vínculos simbólicos entre personas de diversos países
En los festejos por el Mundial, hemos visto a la afición mexicana abrazando, cargando, invitando a comer o incluso nacionalizando simbólicamente a seguidores de otras selecciones como sucedió con Corea. Aunque para muchos estas escenas son simples expresiones de entusiasmo deportivo, detrás de ellas hay un fenómeno social más profundo relacionado.
Para el Dr. Alessandro Questa Rebolledo, profesor-investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana (IBERO)
“México tiene una tradición de aprecio por la alteridad. Existe una curiosidad por el otro y una disposición a integrar lo diferente en lugar de rechazarlo o ignorarlo”, explicó en entrevista con Prensa IBERO.
De acuerdo con el especialista de nuestra casa de estudios, esta apertura puede observarse en distintos ámbitos como en la gastronomía o el arte, donde las y los mexicanos muestran una capacidad constante para incorporar elementos externos y convertirlos en parte de su propia identidad cultural.
Indicó que esa lógica se reproduce durante eventos masivos como el Mundial, cuando a un aficionado extranjero para volverlo protagonista de una celebración, se le ofrece una playera de la Selección, un sombrero o una bandera de México, lo cual es una manera simbólica de incorporarlo temporalmente al grupo.
Señaló que este fenómeno también se manifiesta particularmente a través de la comida, donde es común que la afición mexicana invite a personas extranjeras a probar tacos, bebidas tradicionales o platillos típicos. Más allá de la hospitalidad, estas acciones funcionan como mecanismos de integración social.
“A las y los extranjeros inmediatamente se les da cerveza, se les invita un taco dorado, una garnacha para luego ver al extranjero con fascinación aguantar el picante. Es un asunto de demostrar quiénes somos. De transformación del otro en términos casi inconscientes para acercarlo a nosotros”, explicó.
Además de la fascinación por la alteridad, el Dr. Questa Rebolledo identificó otro elemento fundamental en las celebraciones por el Mundial: la disrupción temporal del orden cotidiano en el que se generan espacios donde las reglas pierden rigidez por la emoción colectiva.
“Hay sociedades más intolerantes o desconfiadas del otro. En México, somos capaces de invitar al coreano a nuestra casa a comer. En las celebraciones hay una especie de igualdad ficticia, pasajera, efímera, en donde todas y todos somos iguales”, acotó.
Sobre los videos que se han hecho virales en redes entre aficiones mexicanas y extranjeras donde intercambian besos o abrazos, consideró que estas interacciones remiten a la manera en que construimos convivencia en medio de la fiesta que provoca la justa mundialista.
Finalmente, resumió que estas expresiones muestran que el deporte puede convertirse en un espacio para el encuentro, la integración y la construcción de vínculos que, aunque sean temporales, reflejan rasgos de una cultura mexicana expansiva y ávida por la otredad.
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