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PRENSA IBERO
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• Durante casi 63 días de concentración, consumieron casi 11 mil huevos; el alimento formó parte de la estrategia nutricional para preparar a los futbolistas para la máxima exigencia • El Mtro. Israel Ríos Limas, gerente de Nutrición de la Federación Mexicana de Futbol, explica en su visita a la IBERO que detrás de cada partido hay cálculos de energía, seguimiento físico, hidratación, recuperación y decisiones que deben adaptarse a cada jugador
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Reportero de la IBERO

Si alguien pensaba que, para llegar a un Mundial basta con ponerse los tacos, entrenar y meter goles, hay un dato que te va a impactar: durante la concentración de la Selección Mexicana para la Copa Mundial de la FIFA 2026 se consumieron aproximadamente 11 mil huevos en casi 63 días.
No se trata de una apuesta para ver quién desayuna más ni de un ingrediente secreto para encontrar el gol. Los huevos fueron parte de la alimentación cotidiana de los futbolistas, especialmente en el desayuno, por su aporte de proteína y su presencia en la planeación nutricional del equipo.
El dato lo compartió el Mtro. Israel Ríos Limas, gerente de Nutrición de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), durante las Jornadas 2026 de la Licenciatura en Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Iberoamericana (IBERO), donde habló sobre el trabajo que se realiza fuera de la cancha para que los jugadores lleguen en las mejores condiciones posibles a una competencia de alto rendimiento.
La cifra suena a desayuno masivo, pero también revela una de las tareas principales de la nutrición deportiva: conseguir que cada futbolista consuma lo que necesita, en el momento adecuado y de acuerdo con las exigencias de su actividad.
Ríos Limas, quien forma parte de la FMF desde 2022 y participó en distintos procesos de selecciones nacionales, incluido el equipo de trabajo durante el Mundial de 2026, explicó que la alimentación no puede resolverse con una receta universal.
Aunque las recomendaciones científicas ofrecen una guía, llevarlas a la práctica exige conocer al deportista, el tipo de entrenamiento, la intensidad del esfuerzo, sus necesidades individuales y, algo que a veces se pasa por alto, sus gustos.
Porque de poco sirve diseñar un menú nutricionalmente impecable si el jugador no quiere comérselo. La adherencia a la alimentación es uno de los grandes retos para quienes trabajan con atletas de alto rendimiento.
En ese sentido, los casi 11 mil huevos consumidos durante la concentración no representan una dieta basada exclusivamente en ese alimento, sino una muestra de la escala logística y nutricional que implica preparar a una selección nacional durante varias semanas.
Detrás de cada comida hay planeación, coordinación y ajustes. Cuando el escenario es un Mundial, las decisiones pueden cambiar incluso por los nervios previos a un partido.
El futbol actual exige desplazamientos a gran velocidad, aceleraciones, frenadas, cambios de dirección y esfuerzos intensos que se repiten a lo largo del partido. Además, el calendario puede obligar a los jugadores a competir con pocos días de recuperación.
Por eso, uno de los temas de la charla fue el glucógeno, la reserva de energía que el organismo utiliza para sostener esfuerzos de alta intensidad. En ese proceso, los carbohidratos desempeñan un papel fundamental.
El desafío consiste en calcular cuánto necesita cada futbolista y cómo reponer lo que gasta. Si un jugador llega a un encuentro con reservas insuficientes, puede tener dificultades para mantener el ritmo cuando el partido exige acelerar.
Ríos Limas señaló que parte de los futbolistas que participaron en el proceso mundialista presentaban un consumo energético y de hidratos de carbono por debajo de sus necesidades. Esto evidencia que comer menos no necesariamente significa estar mejor preparado físicamente.
La alimentación debe responder a la carga de trabajo y a los objetivos deportivos, no únicamente a la intención de mantener determinado peso o porcentaje de grasa corporal.
La preparación de un futbolista ya no depende solo de lo que observa el cuerpo técnico durante el entrenamiento. Los dispositivos GPS permiten registrar variables como la distancia recorrida, la velocidad, los sprints, las aceleraciones y las desaceleraciones.
Esos datos ayudan al equipo de nutrición a estimar el desgaste físico y ajustar la estrategia de recuperación. La información se analiza en conjunto con otras evaluaciones, porque no todo el esfuerzo de un partido se reduce a los kilómetros recorridos: también hay choques, empujones y acciones que demandan energía.
El objetivo es relacionar los datos con las necesidades de cada jugador. No todos recorren la misma distancia, cumplen la misma función en la cancha ni responden igual a las cargas de trabajo.
La composición corporal tampoco debe convertirse en una cifra aislada que determine el estado de un deportista. Lo importante es comprender qué significan las mediciones y cómo se relacionan con el rendimiento, la salud y los objetivos individuales.
La nutrición deportiva requiere coordinación con distintas áreas. Durante la charla, Ríos Limas destacó la relación del equipo de nutrición con medicina, psicología, operaciones y los servicios de comedor, entre otras áreas que intervienen en la preparación de los futbolistas.
La logística también cuenta. Los vuelos, los cambios de horario, el descanso y los periodos cortos entre partidos pueden modificar las condiciones en las que un jugador se alimenta y recupera.
Incluso los nervios tienen consecuencias. El especialista relató que, ante la presión de un encuentro mundialista, algunos futbolistas pueden consumir menos de lo previsto. En esas circunstancias, el equipo debe tomar decisiones prácticas para evitar que la alimentación se convierta en un problema adicional.
No se trata de obligar a comer sin considerar el contexto, sino de adaptar las decisiones a lo que el deportista puede tolerar y necesita en ese momento.
La experiencia del Mundial, explicó el especialista, confirma que la nutrición deportiva es una labor dinámica: lo que funciona para una competencia no necesariamente servirá para la siguiente. Cada proceso obliga a evaluar resultados, identificar áreas de oportunidad y ajustar la estrategia.
También es necesario trabajar de manera coordinada entre las selecciones nacionales y los clubes, así como considerar las diferencias entre categorías, edades y niveles de competencia. Las necesidades de un futbolista juvenil no son iguales a las de uno que disputa partidos de élite.
La preparación para un Mundial, además, no comienza cuando los jugadores se concentran. Requiere un trabajo acumulado durante años, con seguimiento de la condición física, la alimentación, la recuperación y otros factores que influyen en el desempeño.
Así que la próxima vez que un aficionado vea a la Selección Mexicana salir a la cancha, quizá recuerde que detrás de los 90 minutos hay muchas horas de trabajo que no aparecen en la transmisión: cálculos, mediciones, menús y decisiones individuales. Y sí, hubo casi 11 mil huevos durante la concentración mundialista de 2026.
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