En la plenaria, el Dr. Carlos Gómez, Decano de la Facultad de Medicina de la Javeriana, advirtió sobre la magnitud de la crisis, y es que la mayoría de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 25 años y se estima que uno de cada cinco estudiantes en etapa universitaria podría estar enfrentando dificultades emocionales: “ No basta con reaccionar ante las crisis, es fundamental prevenirlas ”, afirmó, subrayando la necesidad de desmontar estigmas, formar al personal educativo e intervenir en causas estructurales como la soledad, el miedo o la sobreexposición digital.
Por su parte, la Dra. Anna B. Moreland, de Villanova University (de Estados Unidos ), identificó tres desafíos clave que enfrentan las y los estudiantes: la parálisis ante decisiones vitales, la falta de ocio significativo y la soledad. Frente a ello, propuso herramientas del enfoque ignaciano como el discernimiento, lacura personalisy la práctica del desapego, destacando su potencial para fomentar resiliencia, autenticidad y sentido en la vida estudiantil: “Necesitamos reapropiarnos audazmente del lenguaje ignaciano, y modelar formas esperanzadoras de vivir y aprender”, afirmó.
De Filipinas, la Dra. Regina Hechanova Alampay ( Universidad Ateneo de Manila ) presentó un modelo escalonado de atención que incluye prevención universal, intervención focalizada y apoyo intensivo. Entre los programas destacados se encuentraUnderstanding the Self(“Comprender el Ser”), una materia obligatoria basada en la introspección y el desarrollo integral del estudiante, yKatatagan Plus, intervención grupal que combina herramientas psicológicas y reflexión espiritual, con resultados clínicamente comprobados en bienestar emocional.
La Dra. Neeta Pereira, de St. Joseph’s University ( India ), resaltó el rol de las universidades como espacios contraculturales que pueden desafiar normas sociales dañinas y promover el bienestar integral. Destacó iniciativas comoSamagra,IGNITORSyKairos, que fortalecen habilidades para la vida, relaciones saludables y gratitud como práctica cotidiana.
En todas las intervenciones, el mensaje fue unánime: las universidades jesuitas deben escuchar con profundidad a sus estudiantes, colocar el bienestar en el corazón de su misión y adaptar sus acciones a los contextos culturales locales. Invertir en la formación del profesorado, fomentar la colaboración interdepartamental y construir confianza son claves para generar ambientes educativos transformadores.
Las instituciones jesuitas, guiadas por una tradición de cuidado integral, están especialmente preparadas para liderar una respuesta ética, espiritual y pedagógica a la crisis global de salud mental juvenil.
