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PRENSA IBERO
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• La IBERO abre las Jornadas 2026 con una ponencia sobre estrés crónico y cortisol • Saltarse el desayuno, cenar pesado o hacer ayunos largos mantiene alta esta hormona y puede frenar la ganancia muscular y el descanso • La receta para bajar de peso es horarios regulares, comer en una ventana de 10 a 12 horas, luz natural por la mañana y nunca dietas restrictivas
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Reportero de la IBERO

Una persona sigue su plan de alimentación al pie de la letra, entrena con constancia y, aun así, se estanca o incluso pierde masa muscular. Duerme mal, amanece agotada y vive con prisa. Con ese caso, frecuente en consulta, la Lic. Regina Martínez Milla abrió este 14 de octubre las Jornadas 2026 de la Licenciatura en Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Iberoamericana (IBERO).

La explicación, dijo, suele estar en el cortisol, conocido como "la hormona del estrés". Lejos de ser una enemiga, protege al cuerpo, ayuda a regular el sistema nervioso, participa en la producción de energía, controla la presión arterial e interviene en la inflamación. El problema aparece cuando el estrés se vuelve permanente y la hormona se desajusta.
Martínez Milla, con seis años en consulta privada especializada en salud hormonal de la mujer y rendimiento deportivo, advirtió que esto es cada vez más común.
"Tenemos muy normalizado el vivir al límite, el vivir constantemente apurados, y hemos perdido un poco la capacidad de llegar a esa calma", dijo.
Para entender el cortisol, explicó primero los ritmos circadianos: ciclos de 24 horas que funcionan como un reloj interno o "un director de orquesta" que marca el tiempo del sueño, el metabolismo, las hormonas y las señales de hambre y saciedad. Ese reloj se ajusta con la luz y con nuestros hábitos: cómo dormimos, a qué hora comemos y cuándo hacemos ejercicio.
Hoy, añadió, la luz de celulares y pantallas lo desajusta con facilidad. Cuando eso ocurre, nos enfermamos más seguido —"una gripa que de repente ya lleva dos meses"—, aparecen resistencia a la insulina, diabetes, problemas de tiroides y reproductivos, y pérdida de masa muscular y ósea.
En condiciones normales, el cortisol llega a su punto más alto entre 30 minutos y una hora después de despertar, para ponernos alerta, y baja durante el día mientras sube la melatonina, que nos da sueño.

La ponente distinguió entre el estrés físico, como no dormir, pasar hambre o tener una infección, y el psicológico, que puede ser real o imaginario, como los nervios antes de hablar en público. "Nuestro cuerpo no puede distinguir cuando una amenaza es real", explicó. Frente a una entrevista, el corazón se acelera y el cuerpo se tensa.

Si esa alerta es momentánea, el organismo vuelve a la calma. Pero si se vuelve crónica, puede derivar en síndrome metabólico, inflamación, envejecimiento acelerado, ausencia de menstruación y alteraciones en la microbiota intestinal.
Aquí entra la crononutrición, que estudia la relación entre el reloj interno y el horario de las comidas. Con base en un estudio en México, Martínez Milla recomendó no saltarse el desayuno, pues sin él el cortisol matutino se mantiene alto más tiempo; concentrar la mayor parte de las calorías en desayuno y comida, evitar cenas pesadas y comer en una ventana de 10 a 12 horas, con un ayuno nocturno de 12 a 14. "El cuerpo ama la rutina, ama lo que ya es predecible", resumió.
En el plato sugirió omega 3, presente en salmón y sardinas; vitamina C y polifenoles de frutos rojos, frutas y verduras, y magnesio, que ayuda a relajar el sistema nervioso. También pidió cuidar la hidratación y moderar alcohol, azúcares, ultraprocesados y cafeína.
Martínez Milla desmintió que el ayuno siempre baja el cortisol, que con estrés hay que comer menos para compensar y que el cortisol es malo y debe eliminarse. "El problema no es que exista, sino que pierda su ritmo", aclaró.
Por eso pidió no indicar dietas restrictivas ni ayunos prolongados, que el cuerpo percibe como amenaza: "El ajuste no es restricción, es regulación". A esto sumó luz natural por la mañana, higiene del sueño, meditación, yoga y hasta abrazos, que liberan oxitocina, además de acompañamiento psicológico y médico.
En la ronda de preguntas advirtió que regular el cortisol "no es algo que se dé de la noche a la mañana", y que si falta tiempo para desayunar es mejor una barra de proteína o un licuado que alargar el ayuno, sobre todo en mujeres, a quienes más les afecta.
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