PRENSA IBERO
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21 DE ABRIL DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Lo ocurrido en Teotihuacán, donde un joven atacó a turistas extranjeros en una de las zonas arqueológicas más emblemáticas del país, resurgió el interés sobre las comunidades juveniles que glorifican la violencia, como la llamada True Crime Community. Para el Dr. Yerko Castro Neira, Académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la IBERO, este tipo de hechos no pueden entenderse como casos aislados.
“Esto está ocurriendo en muchas partes del mundo. Lo vimos en Chile, en Argentina, en Michoacán y ahora en México. Antes parecía algo exclusivo de Estados Unidos por su relación histórica con las armas, pero esa explicación ya es insuficiente”, explicó.
En entrevista con Prensa IBERO, dijo que el fenómeno responde a la expansión de discursos de odio amplificados por internet y las redes sociodigitales. Indicó que el problema no es únicamente el acceso a contenidos violentos, sino la forma en que el entorno digital refuerza narrativas de exclusión, resentimiento y enemistad social.
“El internet no es neutro. No existe un algoritmo que funcione solo; está construido por personas concretas y reproduce visiones del mundo. Lo que estamos viendo es una exacerbación de discursos contrarios a la diversidad: discursos antifeministas, antiinmigrantes, homofóbicos y profundamente autoritarios”, señaló.
El académico advirtió que muchas conquistas sociales logradas durante la segunda mitad del siglo XX —como los derechos humanos, los feminismos o la defensa de minorías— hoy enfrentan un retroceso importante impulsado por la normalización de mensajes de odio en plataformas digitales.
“Hoy cualquiera puede decir cualquier mentira sin consecuencia. Se construyen enemigos constantemente: el migrante, el extranjero, la persona LGBT+, el diferente. Esa lógica de amigo-enemigo genera cohesión política, pero también genera violencia real”, afirmó.
En ese contexto, refirió que muchos jóvenes terminan atrapados en burbujas digitales que refuerzan su aislamiento social y emocional. La falta de vínculos comunitarios, la anomia social y la sensación de no pertenecer facilitan que algunos encuentren identidad en espacios que romantizan la violencia.
“Muchos de estos chicos y chicas llegan a eso desde una profunda individualidad, desde el aislamiento. Antes aprendíamos a convivir en la calle, en el transporte, con otros. Hoy muchas veces el internet te encierra en una burbuja que se reproduce hasta el infinito”, sostuvo.
Frente a este panorama, resaltó que la IBERO ha apostado por una intervención académica que va más allá del aula. El Dr. Castro Neira destacó que la universidad mantiene una tradición de trabajo y de compromiso social que busca transformar realidades concretas.
“La IBERO no solo busca educar bien a su alumnado o tener buena infraestructura; busca hacer una contribución real a la sociedad”, detalló.
Entre los esfuerzos institucionales destacan programas como el de Seguridad Ciudadana y el de Asuntos Migratorios, espacios que —aseguró— son poco comunes incluso en grandes universidades del país. Desde ahí se producen investigaciones sobre desaparición forzada, migración, violencia de género, racismo, paramilitarismo, violencias sexuales y violaciones graves a derechos humanos.
“Muchos trabajamos temas sensibles porque la institución lo permite y lo favorece. La IBERO financia investigaciones sobre violencia de género, desaparición de migrantes, víctimas de violencia extrema. No se trata solo de publicar en revistas académicas, sino de generar conocimiento útil para la sociedad”, subrayó.
Además de la producción científica, la universidad trabaja con organizaciones civiles, colectivos de búsqueda y organismos como el Servicio Jesuita a Refugiados, generando informes, seminarios, acompañamiento y difusión pública.
“Lo que hacemos es producir investigación de alto nivel, pero también productos que pueda leer cualquier persona. Hacemos seminarios, informes, materiales de difusión. La idea es que el conocimiento sirva para detener el daño”, señaló.
Mencionó que el papel de la academia es fundamental en un momento donde los discursos de odio se vuelven cada vez más cotidianos; la tarea no es solo explicar la violencia, sino impedir que siga creciendo.
“Quizá encontrar justicia total es difícil en muchos casos, pero al menos podemos decir con una voz autorizada lo que está pasando e intentar que esa violencia cese. Eso también es ciencia, eso también es investigación”, concluyó.
Por: Luis Reyes
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