PRENSA IBERO
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23 DE FEBRERO DE 2026
Por: Luis Reyes
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Reportero de Comunicación Institucional de la IBERO

Hay que romper el ciclo de la repetición y la improvisación en la política de seguridad, la cual solo ha contemplado en varios sexenios la captura o el abatimiento de los líderes criminales, pero no desmantela los mercados ilegales ni las redes políticas, sociales y empresariales que sostienen al crimen organizado desde la macrocriminalidad, afirmó Ernesto López Portillo, Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana (IBERO).
A propósito de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes 'El Mencho', identificado como el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), indicó que se reconoce al Estado en el momento, lo cual "no está mal", pero apuntó que hay que lograr que el Estado no solo se imponga sobre los actores violentos que asolan regiones porque el crimen organizado y los mercados delictivos siguen expandiendo sus negocios.
Explicó que estas organizaciones controlan múltiples economías ilegales e imponen costos criminales sobre mercados legales. Puso como ejemplo a la extorsión, que se ha convertido en un “impuesto” cotidiano para productores y transportistas en amplias zonas del país y dijo que a diferencia del secuestro, que es costoso y complejo, la extorsión es barata, masiva y difícil de perseguir penalmente, lo que la vuelve un negocio ideal para la expansión criminal.
"La guerra contra las drogas empezó hace más de 50 años y hoy hay más drogas, hay más usuarios de drogas ilegales y las edades de inicio de consumo son más bajas. Solo hay que ver el reporte anual de Naciones Unidas. Entre más pasan los años, los grupos delictivos diversifican más sus negocios. Antes hablábamos de narcotraficantes, hoy hablamos de delincuencia organizada con múltiples fuentes de negocios", acotó.
Insistió que la muerte de 'El Mencho' sucede en un contexto de desapariciones, reclutamiento forzado de jóvenes en la delincuencia organizada, la reducción del precio de las drogas, el desplazamiento forzado de miles de personas que tienen que dejar sus lugares de origen, por lo que el ciclo de repetición no modifica estructuralmente el problema.
López Portillo resumió que el Estado no ha incrementado de manera proporcional su capacidad de disuasión porque no hay más sentencias por extorsión, desaparición o tráfico de armas, ni tampoco una reducción significativa de la impunidad, y el resultado es un desequilibrio estructural en el cual hay más crimen y menos justicia.
Retomando el concepto de “equilibrio de alta criminalidad” --desarrollado por el criminólogo argentino Marcelo Bergman--, describió la situación de la mayoría de los países de América Latina en la cual se produce la expansión de los mercados criminales transnacionales y el achicamiento progresivo de las capacidades del Estado (policías, fiscalías y sistema judicial).
Explicó que el crimen crece porque ofrece oportunidades económicas —ya sean voluntarias o forzadas— a miles de personas, mientras que el Estado se debilita porque no logra investigar, procesar ni sancionar de manera efectiva y donde la impunidad, lejos de ser una falla accidental, termina estabilizando el sistema.
Refirió que el sistema político mexicano se ha mantenido equilibrado no por la obediencia a la ley, sino por su desobediencia selectiva. "La impunidad es una moneda de negociación del sistema político. Yo no te percibo, tú no me percibes o te percibo cuando me conviene, porque ahora yo tengo el control de las fiscalías. Es un sistema que usa la impunidad estabilizadora como moneda de negociación", manifestó.
Dijo que a pesar de los niveles persistentes de violencia y de criminalidad, no hay rupturas profundas del sistema político, ni crisis institucionales que transformen de raíz las reglas del juego, pero el costo social es enorme, ya que las redes criminales se entrelazan con actores políticos y empresariales, mediante flujos de lavado de dinero a gran escala, y territorios donde la autoridad del Estado es sustituida por la del crimen.
"La delincuencia organizada tiene mercados ilegales y se está imponiendo sobre mercados legales en una gran cantidad de territorios. No sabemos de qué tamaño es el impuesto criminal en el transporte y en la producción del aguacate y del limón en Michoacán. De hecho, la extorsión es un costo de producción ya para mucha gente en el país", mencionó.
Por eso, subrayó que la discusión no puede centrarse solo en la captura de los líderes criminales porque sus organizaciones operan como redes y cuando cae una figura central, las conexiones se reacomodan, no se colapsan. "Si no se debilitan sus recursos financieros, su infraestructura, su base social y sus vínculos políticos, la violencia puede incluso intensificarse por la disputa de control entre facciones", recalcó.
Finalmente, desglosó que los países que tienen más delincuencia tienen menos resiliencia, que es la capacidad de sobreponerse porque cuentan con instituciones fuertes, para que haya una solución el tejido social debe estar involucrado: iglesia, empresariado y medios, ya que "todos construimos la resiliencia, la cual es un proceso colectivo. Hay que rescatar a las instituciones de los intereses criminales. Sin eso no va a pasar nada".
Por: Luis Reyes
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