Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI revela que 40.2% de la población de 12 años y más en la Ciudad de México se declara soltera. La Dra. Perla Leal, académica de la Licenciatura en Psicología de la IBERO, explica cómo la autonomía, los nuevos proyectos de vida, el miedo a vincularse y las idealizaciones alimentadas por redes sociales están transformando nuestra manera de relacionarnos
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿Encontrar pareja se ha vuelto más difícil o simplemente ya no estamos dispuestos a relacionarnos con cualquiera? ¿Tenemos estándares más altos o esperamos encontrar a alguien que se parezca a las personas aparentemente perfectas que vemos todos los días en Instagram? La pregunta cobra relevancia ante un dato reciente del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): 40.2% de la población de 12 años y más de la Ciudad de México se declaró soltera en 2025, frente a 37.2% en 2020. Mientras tanto, la población casada disminuyó de 29.9% a 26.2% en el mismo periodo.
El dato, sin embargo, requiere una precisión: para el INEGI, “soltera” es una categoría de situación conyugal, por lo que no necesariamente significa que cuatro de cada 10 capitalinos no tengan algún tipo de relación afectiva.
Más allá de la cifra, la Dra. Perla Leal, académica de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, considera que estamos frente a transformaciones importantes en la forma en que las personas construyen sus proyectos de vida y eligen, o deciden no tener, una pareja.
Durante décadas, explica la especialista, el matrimonio ocupó un lugar central dentro de las expectativas sociales, particularmente para las mujeres. Eso ha cambiado.
La incorporación femenina al campo laboral y una mayor autonomía económica hicieron que una pareja dejara de ser indispensable para cubrir necesidades materiales. Al mismo tiempo, los proyectos de vida se han diversificado y adquirido un componente más individual. Esto, aclara, no significa que la familia haya perdido valor, sino que compartir la vida con alguien ya no necesariamente constituye la meta alrededor de la cual deben organizarse todas las demás decisiones.
A ello se suma otro fenómeno: hombres y mujeres han elevado y diversificado sus criterios para elegir pareja. La decisión puede considerar ahora compatibilidad, objetivos, valores, expectativas profesionales, atracción y muchos otros elementos.
Pero ¿pueden existir demasiados filtros?
Para Leal, ser más cuidadosos al elegir una pareja puede resultar positivo. El problema aparece cuando los requisitos se vuelven tan rígidos que prácticamente nadie puede cumplirlos.
En esos casos, vale la pena preguntarse si realmente se está realizando una selección cuidadosa o si esos filtros funcionan como una forma de evitar la vulnerabilidad, la responsabilidad y también la incomodidad que inevitablemente implica construir una relación con otra persona.
Una señal que puede ameritar atención, explica, es sentir que absolutamente nadie alcanza las expectativas o descartar constantemente a personas potencialmente compatibles por defectos mínimos. Esto puede relacionarse, en algunos casos, con formas evitativas de vinculación, aunque la especialista advierte sobre los riesgos de autodiagnosticarse o etiquetar a otras personas sin una valoración profesional.
A esos estándares se suma un escaparate prácticamente infinito: las redes sociales.
Todos los días observamos cuerpos cuidadosamente seleccionados, editados o entrenados para mostrarse frente a una cámara. El problema, señala Leal, aparece cuando esas imágenes se transforman en el parámetro con el que juzgamos a las personas que conocemos en la vida cotidiana.
“Estamos basándonos en idealizaciones”, explicó la académica al hablar de figuras extremadamente musculosas o delgadas promovidas en redes. Si una persona determina que únicamente se relacionará con alguien parecido a ese ideal, reduce sus posibilidades de conocer y vincularse con personas reales, con cuerpos, emociones y pensamientos que inevitablemente son diversos.
La especialista propone, por ello, mirar más allá de la apariencia y prestar atención al vínculo: conocer cómo piensa la otra persona, hacia dónde quiere dirigir su vida, cuáles son sus valores y qué tan compatibles resultan con los propios. La atracción física importa, señala, pero es sólo uno entre numerosos ingredientes de una relación.
En ese sentido, Leal recupera una idea presente en Con el amor no basta, del psiquiatra Aaron T. Beck: enamorarse no resuelve por sí mismo las diferencias, los conflictos ni las dificultades que supone mantener una relación.
La académica destaca que las relaciones asentadas únicamente en características cambiantes, como el atractivo físico o sexual, pueden enfrentar dificultades cuando éstas se modifican. En contraste, compartir valores, objetivos de vida y desarrollar capacidad de adaptación proporciona bases distintas para sostener un vínculo a largo plazo.
Y hay una última distinción fundamental para leer el dato del INEGI: soltería y soledad no son sinónimos.
Leal distingue entre la soledad que produce malestar por la falta de vínculos y lo que denomina “solitud”: estar sin pareja y sentirse tranquilo, satisfecho y pleno con esa condición.
Una persona puede disfrutar de sus amistades, familia, proyectos profesionales y vida individual sin experimentar la ausencia de pareja como una carencia. Y, si eventualmente aparece una relación, ésta puede incorporarse a una vida que ya tenía sentido por sí misma.
Así, detrás de ese 40.2% de personas solteras en la capital hay realidades muy distintas. Algunas quizá estén buscando pareja; otras decidieron que no la necesitan por ahora; algunas pueden estar protegiéndose del vínculo y otras, sencillamente, descubrieron que una vida satisfactoria no necesariamente comienza, ni termina, cuando alguien dice: “tenemos que hablar”.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219