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PRENSA IBERO
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• Ante el pronóstico de precipitaciones intensas para esta semana, un especialista de la IBERO recuerda que consultar los atlas de riesgo, respetar los cauces naturales y construir superficies permeables puede disminuir las afectaciones
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Las lluvias fuertes continuarán poniendo a prueba la infraestructura de la Ciudad de México y del Estado de México durante esta semana. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevé precipitaciones de entre 25 y 50 milímetros en el Valle de México, acompañadas en algunas zonas por descargas eléctricas, rachas de viento y posible caída de granizo. De acuerdo con el pronóstico, estas condiciones son provocadas por la interacción de una circulación ciclónica en niveles altos de la atmósfera, un canal de baja presión y divergencia en altura. Las precipitaciones se mantendrían, al menos, hasta el jueves 13 de agosto.
El reporte más reciente del SMN también anticipa lluvias puntuales fuertes para la Ciudad de México y distintas regiones del Estado de México, con acumulaciones capaces de generar encharcamientos y afectaciones en la movilidad.
Aunque estas condiciones meteorológicas no pueden evitarse, la Arquitectura, la planeación urbana y el mantenimiento de la infraestructura pueden contribuir a reducir sus consecuencias, explicó previamente a Prensa IBERO el Dr. Víctor Arvizu, académico del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil de la Universidad Iberoamericana.
Para el especialista, una de las primeras medidas debe ser conocer las características del terreno y consultar los atlas de riesgo, herramientas que permiten identificar las zonas más expuestas a inundaciones y otras amenazas.
“Como profesionistas que nos dedicamos a la Arquitectura, a la construcción o al Diseño, lo primero que tendríamos que hacer es revisar los Atlas de Riesgo; toda ciudad, o al menos las grandes ciudades, cuentan con Atlas de Riesgo”, señaló el académico en una entrevista publicada previamente por Prensa IBERO.
En principio, agregó, debería evitarse construir en los lugares más susceptibles a inundaciones. Sin embargo, reconoció que las necesidades de vivienda y las condiciones sociales del país provocan que muchas personas habiten zonas vulnerables.
Cuando resulte inevitable edificar en esos puntos, recomendó recurrir a materiales resistentes al agua, impermeabilizar correctamente cimentaciones y plantas bajas, instalar sistemas de captación pluvial y elevar las construcciones. Incluso unos cuantos escalones pueden ayudar a impedir que el agua ingrese a un inmueble.
El mantenimiento también resulta fundamental. La impermeabilización, los sellos y los materiales tienen una vida útil determinada, por lo que deben revisarse y reforzarse periódicamente, particularmente antes y durante la temporada de lluvias.
El Dr. Arvizu advirtió además sobre la importancia de respetar los cauces naturales y reconsiderar las construcciones levantadas sobre sitios donde anteriormente existieron canales, ríos o arroyos.
“El agua siempre encuentra su camino; como dicen, el agua tiene memoria”, afirmó.
Esta perspectiva ayuda a explicar por qué determinadas colonias y vialidades se inundan repetidamente: además de la intensidad de las precipitaciones, influyen la transformación del territorio, la ocupación de antiguos cauces y la proliferación de superficies que impiden que el agua se infiltre en el subsuelo.
Por ello, el especialista de la IBERO propuso sustituir gradualmente las grandes “planchas” de concreto y asfalto por pavimentos permeables, capaces de permitir el paso del agua. Estos sistemas pueden complementarse con trampas de agua y mecanismos que conduzcan el líquido hacia parques, jardines y camellones.
Las precipitaciones también representan una oportunidad para aprovechar un recurso que actualmente termina, en gran medida, dentro del drenaje.
En azoteas y terrazas pueden diseñarse pendientes que conduzcan el agua hacia cisternas o redes de almacenamiento. Después de un tratamiento básico para retirar basura, hojas y sedimentos, el líquido puede utilizarse en sanitarios, limpieza y riego de áreas verdes, sin necesidad de convertirlo en agua potable.
Esta clase de sistemas permitiría disminuir la presión sobre el drenaje durante las tormentas y, al mismo tiempo, reducir el consumo de agua potable en viviendas, oficinas, comercios y conjuntos habitacionales.
El académico también recordó que la prevención no depende exclusivamente de la arquitectura. La ciudadanía debe evitar arrojar basura en las calles, pues los residuos obstruyen las coladeras; mientras que los gobiernos tienen la responsabilidad de mantener limpia la vía pública, conservar adecuadamente el drenaje y desarrollar infraestructura adaptada a las condiciones de cada territorio.
Frente a semanas de lluvias intensas como la actual, el especialista llamó a fortalecer la colaboración entre universidades y autoridades para transformar el conocimiento científico en políticas públicas. En una ciudad que enfrenta simultáneamente inundaciones y escasez de agua, el desafío no consiste únicamente en desalojar la lluvia lo más rápido posible, sino en aprender a convivir con ella, disminuir sus daños y aprovecharla.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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