Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• La Dra. Esbeydi Villicaña, Académica del Departamento de Ingeniería Química, Industrial y Alimentos, señala que el país requiere diversificar fuentes de energía y planear escenarios de contingencia • Indica que dependencia del gas estadounidense expone a México a interrupciones que pueden afectar la generación eléctrica, la industria y los costos de producción • La explotación de gas no convencional puede ampliar la oferta, pero implica riesgos ambientales, entre ellos el uso intensivo de agua y el manejo de líquidos contaminados, señala
AUTOR
Reportero de la IBERO

En un contexto de alta dependencia del gas natural importado de Estados Unidos (EU), garantizar el suministro se ha convertido en un desafío estratégico en México para la generación de electricidad y el funcionamiento de diversas actividades industriales, afirmó la Dra. Esbeydi Villicaña García, Académica del Departamento de Ingeniería Química, Industrial y Alimentos de la Universidad Iberoamericana (IBERO)
En entrevista con Prensa IBERO, planteó que, aunque México cuente con recursos energéticos propios, el aprovechamiento el gas natural, la infraestructura disponible y las decisiones de política energética condicionan su capacidad para satisfacer la demanda, pues no solo es producir más gas, sino desarrollar una estrategia que combine seguridad energética, viabilidad económica y protección ambiental.
La dependencia de un proveedor externo representa un riesgo porque una interrupción del suministro puede repercutir en distintas actividades económicas. La especialista advirtió sobre la limitada capacidad de respuesta de México ante una contingencia si EU cerrara la llave de este energético.
El problema, explicó, no se reduce a la disponibilidad de recursos en el subsuelo. El gas natural tiene un papel relevante en la generación eléctrica y en procesos industriales que requieren este combustible como insumo. Por ello, una reducción del suministro podría trasladarse a costos de operación y afectar cadenas de producción.
Ante este escenario, la Dra. Villicaña García consideró necesario que el país desarrolle una planeación de largo plazo, con inversiones en infraestructura y mecanismos para responder a los momentos de mayor demanda.
La especialista distinguió entre el gas convencional y el no convencional. Mientras que el primero puede encontrarse en condiciones geológicas que permiten su extracción mediante técnicas tradicionales, el segundo está atrapado en formaciones rocosas que requieren procedimientos más complejos.
Detalló que la explotación de gas no convencional puede implicar perforaciones verticales y horizontales, así como la inyección de agua a alta presión y otros componentes para liberar el combustible de la roca. Sin embargo, estas operaciones plantean interrogantes sobre el consumo de agua, el manejo de los líquidos que regresan a la superficie y los posibles efectos ambientales.
La académica subrayó que aprovechar los recursos nacionales exige evaluar las condiciones de extracción, la tecnología disponible y los costos de operación. Contar con gas en el subsuelo no significa que sea posible producirlo de inmediato, en las cantidades necesarias y sin consecuencias ambientales.
Uno de los principales puntos de atención es el agua requerida en ciertos métodos de extracción. La especialista acotó que debe analizarse de dónde se obtendrá y cómo se tratará el líquido de retorno, que puede contener sustancias contaminantes después de su utilización en el subsuelo.
Entre las alternativas que podrían estudiarse, dijo, está el uso de agua de mar en operaciones cercanas a la costa. No obstante, esta posibilidad también requiere evaluar su viabilidad técnica, los costos y sus efectos sobre el entorno.
La extracción de gas no convencional, abundó, se relaciona con preocupaciones sobre posibles movimientos sísmicos inducidos por actividades en el subsuelo. Por ello, cualquier decisión debe sustentarse en estudios técnicos y ambientales que permitan identificar, prevenir y reducir los impactos.
Para la Dra. Villicaña García, no se trata de descartar de antemano una tecnología, sino de evaluar sus consecuencias y determinar si sus beneficios justifican los costos económicos, sociales y ambientales.
Además planteó que México debe revisar de manera integral sus opciones energéticas. Las energías renovables forman parte de las alternativas, pero tampoco deben considerarse soluciones exentas de impactos: su evaluación requiere tomar en cuenta todo su ciclo de vida, desde la fabricación y construcción hasta el manejo de los materiales al final de su vida útil.
En ese sentido, señaló que la seguridad energética no depende de sustituir un combustible por otro sin considerar sus implicaciones, sino de combinar fuentes de energía, fortalecer la infraestructura y establecer mecanismos de contingencia.
Expuso que la ingeniería industrial puede contribuir mediante estudios de costos, análisis de la demanda, planeación de inventarios y evaluación de escenarios de riesgo. Estas herramientas permitirían calcular qué capacidad de almacenamiento necesita el país y cómo responder ante picos de consumo o interrupciones en el suministro.
Sostuvo que México debe aprovechar sus capacidades y recursos con una perspectiva de largo plazo. El objetivo, concluyó, es encontrar alternativas que permitan atender las necesidades energéticas de la población y la industria con el menor impacto ambiental posible, costos razonables y responsabilidad hacia las generaciones futuras.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219