27 DE MAYO DE 2026
Por caída de nacimientos, se necesitan políticas de cuidados y mayor igualdad de género, advierte Especialista IBERO
PRENSA IBERO
27 DE MAYO DE 2026
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La Dra. Carla Pederzini, Académica del Departamento de Economía, refiere que convergen factores económicos, educativos, culturales y de género están acelerando este cambio
Indica que la reducción de la fecundidad también tiene efectos positivos como la disminución del embarazo adolescente
"La pregunta ya no es solo por qué las mujeres tienen menos hijas e hijos, sino por qué en México no existen suficientes condiciones para combinar vida laboral y crianza", sostiene
Ante la caída de nacimientos en México y un aumento en la esperanza de vida, se necesitan políticas enfocadas en el Sistemas de Cuidados y una mayor igualdad de género para que las mujeres participen en el mercado laboral, consideró la
“En 1960 México tenía una tasa global de fecundidad cercana a seis hijos por mujer. Hoy estamos en 1.6. Es una transformación enorme para cualquier sociedad”, explicó.
La tasa global de fecundidad es una medida hipotética que estima cuántos hijas o hijos tendría una mujer si durante toda su vida fértil se mantuvieran las tasas de fecundidad que existen hoy.
La especialista de nuestra casa de estudios manifestó que este fenómeno forma parte de una transición demográfica de largo plazo, pero la velocidad con la que ocurre en México ha sorprendido a quienes estudian a la población.
Aunque la disminución de nacimientos es un fenómeno global, la Dra. Pederzini Villareal señaló que en México convergen factores económicos, educativos, culturales y de género que están acelerando el cambio.
Entre ellos, refirió que está el aumento de la escolaridad femenina, mayores expectativas sobre calidad de vida, cambios en las aspiraciones personales y el alto costo económico y emocional de la crianza.
“Las familias quieren invertir más en sus hijas e hijos: mejor educación, mejor salud, mejores oportunidades. Eso lleva a preferir tener menos descendientes para poder ofrecerles más”, señaló.
Además, explicó que desde la economía existe el concepto de costo de oportunidad: conforme las mujeres alcanzan mayores niveles educativos, el tiempo destinado al cuidado infantil representa mayores renuncias profesionales y económicas.
Sin embargo, detalló que este fenómeno no se explica únicamente por una decisión individual.
“La pregunta ya no es solo por qué las mujeres tienen menos hijas e hijos, sino por qué en México no existen suficientes condiciones para combinar vida laboral y crianza”, sostuvo.
Entre los obstáculos identificó la insuficiencia de guarderías, horarios escolares incompatibles con jornadas laborales y una distribución desigual del trabajo doméstico.
Mejora educativa en mujeres no se traduce en mayor participación laboral
La académica destacó que, aunque las mujeres mexicanas presentan cada vez mejores resultados educativos esa mejora no se traduce en mayor participación laboral.
“En México la participación laboral femenina ronda el 40%, mientras que en otros países latinoamericanos llega al 70%. Ahí hay una pregunta estructural que todavía no terminamos de responder”, afirmó.
Además, subrayó que las relaciones de género siguen teniendo un peso importante en las decisiones reproductivas.
“Muchas mujeres siguen cargando con la mayor parte del trabajo doméstico y del cuidado. Cuando perciben que tener hijos significa asumir solas esa responsabilidad, algunas optan por no tenerlos”, explicó.
No obstante, indicó que la reducción de la fecundidad también tiene efectos positivos como la disminución del embarazo adolescente, tendencia favorable porque permite ampliar trayectorias educativas y laborales antes de la maternidad.
Además, apuntó que la reducción de nacimientos abre una oportunidad para mejorar la calidad educativa.
“México logró ampliar la cobertura educativa, pero sigue teniendo pendientes enormes en calidad. Tener menos niños y niños podría permitir invertir mejor en educación, salud y desarrollo infantil”, explicó.
Sin embargo, detalló que este cambio demográfico implica nuevos retos, pues la población mayor de 60 años ya representa una proporción creciente del total nacional y eso presionará los sistemas de salud, pensiones y cuidados.
“Va a haber más personas mayores que requerirán cuidados y muchas no tendrán pensiones suficientes. Necesitamos construir sistemas públicos de cuidado que atiendan tanto a la infancia como al envejecimiento”, concluyó.
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