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PRENSA IBERO
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• La coincidencia entre ambos eventos representa una oportunidad única para reflexionar sobre diversidad, espacio público y cultura popular, señala el Dr. Edwin Culp del Cecrige • Las tensiones son naturales cuando distintas expresiones sociales comparten las calles, pero eso no significa que deban convertirse en violencia, dice el experto • El futbol aún enfrenta desafíos para incluir plenamente a la diversidad sexual y de género, indica
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La coincidencia entre la Marcha del Orgullo LGBTTTIQ+ y las celebraciones del Mundial de Futbol en la Ciudad de México generará inevitablemente tensiones en el espacio público. Sin embargo, asumir que esas fricciones desembocarán en confrontaciones sería un error. Para el Dr. Edwin Culp, académico del Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos (Cecrige) y del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana
“No hay que ser ingenuos. Las marchas siempre producen fricciones porque interrumpen la circulación cotidiana de la ciudad para visibilizar una causa. Eso ocurre con cualquier movilización. La pregunta no es si habrá fricciones, sino cómo evitar que se conviertan en violencia o en nuevas formas de discriminación”, explica.
La edición de este año de la Marcha del Orgullo tendrá una característica inédita: coincidirá con uno de los momentos de mayor concentración de aficionados nacionales y extranjeros en la capital del país, en pleno desarrollo del Mundial 2026.
Para el especialista, lejos de representar una amenaza, esta coincidencia puede enriquecer la experiencia de ambos acontecimientos.
“El Mundial ya es un espacio lleno de colores nacionales, de expresiones culturales y de encuentros entre personas de distintos países. La marcha puede aportar todavía más diversidad y abrir conversaciones que normalmente quedan fuera de la narrativa futbolística”, afirma.
El académico subraya que uno de los errores más frecuentes al analizar fenómenos sociales es equiparar cualquier tensión con un escenario de confrontación.
“La fricción es inherente a la vida democrática. Ocurre cuando distintas personas, intereses o formas de entender el mundo comparten un mismo espacio. La violencia, en cambio, implica agresión, exclusión o daño. No son lo mismo”, sostiene.
Por ello, considera que la cobertura mediática no debería centrarse exclusivamente en la posibilidad de conflictos aislados, sino en las formas creativas e inesperadas de interacción que pueden surgir entre aficionados y participantes de la movilización.
“Siempre puede haber grupos que expresen rechazo u odio, pero lo verdaderamente interesante será observar cómo miles de personas que acudieron a celebrar el futbol se encuentran con una manifestación que celebra la diversidad y exige derechos. Ahí pueden surgir imágenes, diálogos y experiencias que nadie anticipaba”.
Para Culp, la coincidencia entre ambos eventos también abre la puerta para reflexionar sobre una deuda histórica del futbol: su relación con las masculinidades tradicionales y las expresiones de diversidad sexual y de género.
“El futbol ha sido durante mucho tiempo un espacio dominado por masculinidades muy hegemónicas. Aunque ha habido avances importantes, todavía existen prácticas discriminatorias, expresiones homofóbicas y formas de exclusión que siguen presentes en estadios, vestidores y conversaciones alrededor del deporte”, señala.
A su juicio, la presencia de la Marcha del Orgullo en el contexto mundialista puede ayudar a cuestionar esas dinámicas y demostrar que el gusto por el deporte no está peleado con la diversidad.
“El futbol necesita seguir ampliando quiénes pueden sentirse representados dentro de él. Las personas LGBT+, las mujeres y muchas otras comunidades también son aficionadas, también viven el deporte y también forman parte de esa cultura popular”.
Aunque suele asociarse con carros alegóricos, música y celebración, el académico recuerda que la Marcha del Orgullo es, ante todo, una movilización social que busca visibilizar desigualdades y exigir derechos.
“La fiesta no es una distracción del mensaje; es parte del mensaje. La marcha utiliza la alegría, el color y la celebración para recordar las violencias que ha vivido la comunidad y para afirmar el derecho a existir plenamente”, explica.
Desde esta perspectiva, considera que existe un paralelismo con otras movilizaciones que han cobrado relevancia durante el Mundial, como las realizadas por madres buscadoras y familiares de personas desaparecidas.
“Las formas son distintas, pero todas comparten el objetivo de visibilizar problemáticas que no pueden quedar ocultas detrás de la fiesta. El Mundial no elimina las demandas sociales, pero sí puede ofrecer una plataforma para que esas voces alcancen una mayor audiencia”.
Una de las líneas de investigación del académico se centra en la relación entre estética, comunicación y política. Por ello, rechaza la idea de que elementos como el glitter, los colores o el espectáculo sean superficiales en un sentido peyorativo: “Muchas veces pensamos que lo superficial no tiene profundidad, pero es precisamente en la superficie donde ocurren la impresión, el contagio y la visibilidad. La marcha ha sabido utilizar esos recursos para llamar la atención sobre vidas que históricamente han sido excluidas”.
Para el especialista, los cuerpos que ocupan las calles durante el Orgullo no sólo celebran, sino que también recuerdan a quienes han sufrido discriminación, violencia o exclusión.
Aunque algunos observadores buscan identificar posibles puntos de acuerdo entre aficionados y manifestantes, Culp considera que lo más interesante podría encontrarse precisamente en aquello que nadie ha planeado.
“Yo sospecho de los acuerdos demasiado previsibles. Lo que me parece más potente son los encuentros inesperados, esas imágenes que no teníamos contempladas y que muestran nuevas formas de relacionarnos”, comenta.
Puede tratarse de aficionados extranjeros participando espontáneamente en la celebración del Orgullo, de personas que marchan y descubren afinidades con la cultura futbolística, o de expresiones colectivas que rompan estereotipos sobre quién pertenece a cada espacio.
“Las marchas y el futbol son expresiones profundamente populares. Cuando coinciden, pueden generar algo más que tolerancia: pueden producir nuevas maneras de entender la diversidad, la ciudad y la convivencia”.
Para el académico de la IBERO, el reto de este fin de semana no consiste en eliminar las tensiones, sino en demostrar que una sociedad democrática es capaz de transformar las diferencias en diálogo y creatividad: “Las fricciones son inevitables. La violencia no lo es. Y justamente ahí está la oportunidad de construir algo distinto”.
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