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PRENSA IBERO
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• La evidencia se usa para actualizar los límites máximos de presencia de metales pesados o metaloides en fórmulas y alimentos infantiles de la NOM-131-SSA1-2012 • La exposición a metales pesados ocurre en alimentos, agua y objetos de uso cotidiano • Los efectos pueden disminuir 4-6 puntos del coeficiente intelectual de infantes, provocar riesgos durante embarazo, incluso afectar 3% del PIB
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El plomo no siempre se ve o se percibe pero sí puede estar presente en objetos y alimentos de uso cotidiano y sus efectos pueden acompañar a una persona durante toda su vida. Una línea de investigación encabezada por la Dra. Alejandra Cantoral Preciado, investigadora del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana, ha generado durante cinco años evidencia científica sobre la exposición de poblaciones vulnerables a tóxicos ambientales y sus posibles consecuencias para la salud.
Uno de los hallazgos más contundentes es que 17% de las infancias en México presenta intoxicación por plomo: alrededor de 1.4 millones de niñas y niños de entre 1 y 4 años. La exposición durante etapas tempranas de la vida puede generar efectos a largo plazo en el neurodesarrollo, el crecimiento y el metabolismo.
La investigación documenta, además, que algunos alimentos dirigidos a infantes se encuentran entre los que presentan mayores concentraciones de plomo, particularmente cereal de arroz, arroz instantáneo y fórmula de soya. Una posible explicación es que estos productos provengan de campos contaminados o en los que se utilizan aguas de riego contaminadas.
El impacto no termina en la exposición. El plomo puede disminuir el coeficiente intelectual de infantes entre 4 y 6 puntos en promedio, con consecuencias para su trayectoria escolar y, posteriormente, para la productividad. A escala nacional, este efecto sería equiparable a perder 3% del producto interno bruto.
Las mujeres embarazadas en condiciones de vulnerabilidad, particularmente aquellas de escasos recursos, de entornos rurales y pertenecientes a grupos indígenas, presentan los niveles más elevados de plomo. Durante el embarazo, la exposición puede afectar la barrera fetoplacentaria y dañar órganos y sistemas del feto.
Entre los posibles efectos se encuentran preeclampsia e hipertensión arterial, que pueden provocar la muerte de la madre y del producto, así como parto prematuro y bebés de bajo peso al nacer, entre otras complicaciones.
El problema tampoco se limita al plomo. La investigación aborda cuatro metales pesados: plomo, mercurio, cadmio y arsénico, sustancias que representan una alerta de salud pública incluso a bajas concentraciones, dependiendo de la dosis ingerida y de su acumulación en el organismo.
La exposición puede originarse en ollas y lozas de barro vidriado, fórmulas para bebés, alimentos de la canasta básica, pescados, mariscos y agua. En el caso del barro vidriado (contiene óxido de plomo), la investigación ha documentado que 47% de la exposición a dicho metal pesado a nivel nacional se da por el uso de este tipo de objetos en hogares y comercios.
También hay presencia de plomo en otras fuentes, por ejemplo, y aunque existe legislación que prohíbe el uso de plomo, en pinturas industriales, procesos de minería y en reciclaje inapropiado de baterías.
Para la Dra. Cantoral, el reto no consiste únicamente en identificar el problema, sino en convertir la información en acciones capaces de resolverlo. Los resultados de la investigación han llegado al Comité de Expertos 2023 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y contribuyeron, junto con evidencia de otros países participantes, a un documento internacional de recomendaciones sobre el consumo de pescados y mariscos como principal fuente de exposición a mercurio, con orientación para autoridades y consumidores sobre qué alimentos evitar durante el embarazo y la primera infancia.
En México, la evidencia participa actualmente en el análisis y discusión para actualizar los límites máximos de presencia de metales pesados o metaloides en fórmulas y alimentos infantiles de la NOM-131-SSA1-2012, además de otras cuatro normas oficiales relacionadas con la exposición al plomo.
Para 2026, uno de los esfuerzos impulsados a partir de esta evidencia busca avanzar hacia una Estrategia Nacional para la Eliminación del Plomo liderada por la Secretaría de Salud.
“No tiene sentido hacer investigación y que se quede sólo en una publicación. Con la evidencia científica generada hemos logrado alcanzar a la Secretaría de Salud y las normatividades oficiales, pero también con el ánimo de ‘Investigación con Sello IBERO’ entramos y trabajamos con las comunidades de mujeres donde generamos el estudio”.
— Dra. Alejandra Cantoral Preciado, Universidad Iberoamericana
La evidencia científica apunta así a un problema que puede estar ocurriendo a plena vista y dentro de los hogares, mientras sus efectos se acumulan silenciosamente. Para la investigación, identificar las fuentes de exposición es el primer paso para que autoridades, comunidades y sociedad puedan prevenirlas y transformar las condiciones que mantienen el riesgo.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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