Presentada en las Jornadas de Salud Mental de nuestra universidad, la pieza teatral aborda el racismo, la identidad y la memoria corporal
  • La actriz yucateca Itzhel Razo transforma su historia familiar en una pieza visceral sobre racismo, identidad y memoria corporal.

“Tu papá se deshizo en una jarra de agua”, dice una voz al teléfono. Es la abuela, Wilma. Es la frase que da origen a todo. Desde esa llamada breve y devastadora, nace‘Wilma’, una obra autobiográfica creada e interpretada por Itzhel Razo, artista yucateca, presentada en el marco de las Jornadas de Salud Mental en la Universidad Iberoamericana.

La escena inicial no anuncia el huracán que vendrá, pero lo presiente. Las luces frías y azuladas se mueven como un cielo previo al desastre. La obra no busca complacer ni entretener, sino abrir, desgarrar, incomodar. A través del cuerpo y la memoria, Razo reconstruye una historia familiar marcada por el clasismo, la violencia y la vergüenza heredada. Su abuela, Wilma, mujer fría y austera, se negó a que su nieta llevara un nombre que sonara indígena, y le agregó una h al centro: Itzhel. Esa letra intermedia se convierte en un intento por borrar la raíz maya.

Lo que sigue es un viaje onírico y profundamente físico. Razo se cubre de pintura y barro, se desnuda, literalmente y en sentido simbólico. Con cada inhalación y exhalación, una respiración trabajada, teatral, casi animal, invoca una tormenta interior. Hay gritos guturales, sollozos; momentos en que parece que el cuerpo mismo se quiebra. La incomodidad en el público es tangible: hay miedo, estrés, compasión.

La puesta en escena entrelaza dos tipos de catástrofes: la natural (el huracán, fuerza devastadora que arrasa con todo) y la social (hecha de clasismo, racismo y exclusión). Wilma revela que los huracanes no solo ocurren afuera, también soplan dentro de la mente.

La obra se sostiene como un acto de catarsis. Más que una representación, es un proceso de confrontación personal y colectiva. Razo utiliza el teatro como herramienta terapéutica: cada gesto, cada respiración, parece una forma de liberar aquello que el silencio había retenido. A través de su cuerpo, transforma la memoria familiar en un lenguaje escénico donde convergen la identidad, la lengua y la resiliencia. El resultado es una puesta en escena intensa y profundamente humana, que convierte el dolor en una experiencia compartida.

Al finalizar la obra, se abrió un diálogo entre la propia Itzhel Razo, la doctora Paola Colunga, la psicoterapeuta Alina Lagunas y Begoña Irazábal, Directora de Difusión Cultural y Divulgación Universitaria. No solo se conversaron las impresiones teatrales sino también se preguntaron cosas impactantes: ¿cómo hereda el cuerpo el trauma? ¿Qué significa sanar cuando la herida es también una memoria colectiva?

‘Wilma’no es una obra cualquiera. Es una experiencia que exige presencia y vulnerabilidad. Un espejo incómodo donde se reflejan los desastres que nos habitan. En un escenario que mezcla barro, pintura y silencio, Itzhel Razo convierte el dolor heredado en algo físico: lo transforma, lo nombra, lo enfrenta.

Texto y fotos: Mariana Morales Meneses, becaria de Prensa IBERO

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