PRENSA IBERO
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27 DE MARZO DE 2026
Por: Prensa IBERO
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El asesinato de dos maestras a manos de un adolescente en Michoacán debe analizarse desde al menos dos perspectivas fundamentales: el acto homicida en sí mismo y la manera en que fue comunicado previamente a través de redes sociales, señaló Ernesto López Portillo, coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana.
El especialista explicó que la combinación entre violencia letal e imágenes difundidas antes del ataque dota al hecho de una carga simbólica particular, en la que la agresión se convierte en una forma de “puesta en escena” con un fuerte componente de búsqueda de reconocimiento.
“La violencia puede entenderse como una suerte de performance”, afirmó López Portillo, al señalar que, en estos casos, el acto violento no comienza con el homicidio, sino que se prefigura mediante una narrativa visual que intenta presentarse al mundo y otorgarle legitimidad moral al acto. En este sentido, dijo, el agresor no sólo puede considerar su acción como legítima, sino incluso como admirable.
El académico advirtió que estos comportamientos responden a lo que diversos estudios han denominado “guiones culturales de la violencia armada”, construidos desde una cultura que ha espectacularizado el uso de la violencia y normalizado su representación estética.
La indumentaria tipo comando, el uso de armas y la difusión de imágenes previas forman parte de un lenguaje simbólico que transmite mensajes de poder, reconocimiento y validación.
Sobre el papel de la masculinidad violenta en la construcción de la identidad del agresor, dijo “El ejercicio de la violencia letal, comunicado de esta manera, se convierte en una forma de afirmar una identidad masculina a través de la fuerza y la visibilidad”.
López Portillo planteó la hipótesis de que este tipo de actos también pueden funcionar como mecanismos de inclusión simbólica frente a experiencias previas de exclusión en los ámbitos familiar, afectivo o social.
El experto insistió en que se trata de eventos preparados y diseñados con antelación, donde confluyen la afirmación identitaria, una moralidad alterna que valida el daño y la adopción consciente de guiones culturales que legitiman la violencia letal.
Respecto a la prevención de hechos similares, López Portillo consideró que la respuesta no debe recaer únicamente en el Estado, sino en todos los entornos que forman parte de la vida de niñas, niños y adolescentes: “Tenemos que preguntarnos cómo se construye la relación con la violencia, cómo se accede a las armas y qué papel juegan hoy las redes sociales como espacios de reconocimiento y validación”.
El especialista destacó que las plataformas digitales permiten amplificar estas narrativas, otorgando visibilidad inmediata a hechos violentos que, de otro modo, no alcanzarían tal impacto. Ante ello, propuso fortalecer herramientas educativas, estrategias de intervención especializada y procesos de comunicación pública que desincentiven la normalización de la violencia.
Finalmente, subrayó que se trata de un proceso colectivo que requiere liderazgo político, pero también la corresponsabilidad de familias y comunidades para reconstruir entornos que hoy toleran o incluso habitúan la violencia letal. “Nada de esto es sencillo”, concluyó.
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