PRENSA IBERO
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20 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La creciente circulación de ofertas laborales falsas en redes sociales y espacios informales revela una falla estructural en la vigilancia del empleo en México, una omisión que puede tener consecuencias graves, incluso letales. Así lo advirtió el Dr. Víctor Hugo Pérez, académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana, al analizar el contexto detrás del caso de Edith Guadalupe, joven que fue hallada sin vida en la alcaldía Benito Juárez tras acudir a una supuesta entrevista de trabajo.
El experto consideró urgente que las autoridades vigilen la veracidad de las propuestas, y planteó que esta tarea se acompañe de campañas de alfabetización laboral que permitan a la población identificar señales de alerta y tomar decisiones informadas.
“El reto no es solo evitar fraudes, sino garantizar que las personas no tengan que elegir entre su seguridad y su necesidad de trabajar”.
Para el especialista, este caso no debe leerse como un hecho aislado, sino como la expresión de un problema más profundo: un mercado laboral precarizado que empuja a miles de jóvenes a buscar oportunidades en entornos sin regulación, en los que las condiciones mínimas de seguridad no están garantizadas.
“La necesidad económica reduce la capacidad de los jóvenes para identificar riesgos, incluso cuando hay señales de alerta evidentes”, explicó Pérez.
En México, la informalidad no es una excepción, sino una constante. Durante décadas, ha funcionado como una válvula de escape ante la falta de empleos formales, pero también ha generado un entorno donde la ausencia de reglas se normaliza. Esto se traduce en un escenario en el que cualquier persona puede publicar una vacante —en redes sociales, postes o sitios web— sin necesidad de acreditar su identidad, su domicilio o las condiciones reales del empleo.
“No hay mecanismos efectivos que obliguen a verificar que una oferta de trabajo es legítima. Es un terreno prácticamente sin vigilancia”, advirtió el académico.
Esta falta de control abre la puerta a esquemas de engaño que aprovechan la urgencia económica de las personas, especialmente de quienes enfrentan ingresos bajos o trayectorias laborales inestables.
El problema se agrava en el caso de las juventudes, quienes suelen insertarse en el mercado laboral en condiciones de mayor vulnerabilidad. Salarios bajos, falta de experiencia y escasas oportunidades formales generan un terreno fértil para aceptar ofertas que prometen ingresos rápidos o condiciones aparentemente accesibles.
En este contexto, el especialista advierte que el riesgo no sólo radica en la existencia de ofertas falsas, sino en la combinación de factores que empujan a las personas a confiar en ellas.
“Cuando los ingresos son insuficientes o las oportunidades son limitadas, la urgencia por trabajar pesa más que la posibilidad de cuestionar la oferta”, explicó.
El análisis adquiere una dimensión aún más crítica al observar el impacto diferenciado en las mujeres. De acuerdo con Pérez, las condiciones estructurales del mercado laboral colocan a las mujeres —particularmente jóvenes— en una posición de mayor vulnerabilidad.
Por un lado, enfrentan brechas salariales y mayores dificultades para acceder a empleos formales. Por otro, los roles tradicionales de cuidado limitan su disponibilidad de tiempo y reducen sus opciones laborales: “Las mujeres combinan necesidad económica con restricciones de tiempo y movilidad, lo que las lleva a buscar empleos flexibles, muchas veces en condiciones informales y de mayor riesgo".
Además, muchas de las ofertas fraudulentas se construyen precisamente sobre estos roles: empleos de cuidado, trabajo doméstico o actividades que parecen compatibles con responsabilidades familiares, lo que incrementa su credibilidad.
A esto se suma un factor clave: la ausencia de sistemas de cuidados robustos. Sin redes institucionales que permitan a las mujeres participar plenamente en el mercado laboral, las opciones disponibles se reducen y la exposición al riesgo aumenta.
A diferencia de otros tipos de fraude, como los financieros, las ofertas laborales falsas no han sido suficientemente problematizadas en el debate público. No existen protocolos claros, campañas masivas de prevención ni mecanismos accesibles para verificar la autenticidad de una vacante.
“Sabemos cómo detectar un fraude bancario, pero no hemos discutido lo suficiente cómo identificar una oferta laboral falsa”, subrayó el académico.
Incluso los portales institucionales de empleo, aunque confiables, no siempre representan una alternativa viable para las juventudes, debido a la limitada oferta o a las condiciones laborales poco atractivas.
Esto genera un círculo vicioso: ante la falta de opciones formales, las personas recurren a canales informales, donde el riesgo es mayor.
Frente a este panorama, el Dr. Pérez planteó la necesidad de una intervención integral por parte del Estado. Esto incluye, por un lado, la creación de mecanismos de verificación obligatoria para las ofertas laborales, y por otro, el fortalecimiento del mercado formal para reducir la dependencia de espacios informales.
Por: Jorge Luis Cortés
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