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PRENSA IBERO
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• La Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad de la IBERO señala que miles de niñas, niños y jóvenes estudian en entornos expuestos a contaminantes provenientes de actividades industriales, mineras y energéticas • La exposición a contaminantes como plomo, arsénico y mercurio puede afectar la salud y los procesos de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes • Alrededor de 57 mil escuelas en México se ubican a menos de cinco kilómetros de fuentes de contaminación
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

En México, el derecho a una educación de calidad enfrenta un desafío que pocas veces forma parte del debate público: la contaminación ambiental que rodea a miles de planteles escolares.
De acuerdo con información difundida por la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, adscrita al Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus
Esto representa alrededor de 57 mil escuelas ubicadas en zonas donde conviven con actividades industriales, mineras y energéticas, lo que expone diariamente a millones de estudiantes a riesgos ambientales que pueden afectar tanto su salud como su desarrollo educativo.
Entre los principales contaminantes identificados destacan plomo, arsénico y mercurio, sustancias que pueden permanecer durante años en el aire, el agua y el suelo, prolongando sus efectos sobre las comunidades cercanas.
La información señala que existen casos documentados en los alrededores de instalaciones como la fundidora Met-Mex Peñoles, en Torreón; la mina Buenavista del Cobre, en Sonora; y la refinería Ing. Antonio M. Amor, en Salamanca, donde escuelas y fuentes potenciales de contaminación comparten el mismo territorio.
Más allá de sus consecuencias ambientales, la evidencia científica muestra que la exposición prolongada a contaminantes puede tener repercusiones en la salud y en los procesos de aprendizaje de niñas, niños y adolescentes.
Por ello, la Universidad Iberoamericana subraya que la contaminación no debe entenderse únicamente como un reto ambiental, sino también como un desafío para garantizar una educación de calidad, especialmente en comunidades donde los estudiantes asisten diariamente a escuelas ubicadas en entornos de riesgo.
Desde esta perspectiva, la calidad educativa no depende exclusivamente de los planes de estudio, la infraestructura o la preparación docente, sino también de las condiciones ambientales en las que ocurre el proceso de enseñanza.
Ante este panorama, la Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad plantea una reflexión de fondo:
¿Puede hablarse de una educación de calidad cuando niñas, niños y jóvenes estudian en entornos expuestos a la contaminación?
La pregunta invita a repensar la relación entre el medio ambiente y el derecho a la educación, colocando la salud ambiental como un componente indispensable para garantizar que todas y todos los estudiantes puedan aprender en condiciones seguras y dignas.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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