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PRENSA IBERO
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• El Dr. Alejandro Rodríguez-Arana, del Departamento de Economía, revela en la investigación que las compras al extranjero crecen más del doble de rápido que la economía nacional • Entre los hallazgos, apunta, el comercio con el exterior pasó de 28% del tamaño de la economía mexicana en 1993 a más de 90% en 2025 • Cuando el peso se abarata frente al dólar, la balanza comercial de México mejora, tanto en el corto como en el largo plazo, indica
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Reportero de la IBERO

México vende y compra al mundo como nunca. En 1993, la suma de exportaciones e importaciones equivalía a 28% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, de todo lo que produce el país en un año. En 2025 superó el 90%.
Con un comercio de ese tamaño, investigar qué mueve el comercio de México es fundamental. Es lo que hizo el Dr. Alejandro Rodríguez-Arana, académico del Departamento de Economía de la IBERO al medir cuánto cambia lo que México vende y compra al extranjero cuando cambian factores determinantes.
Con datos trimestrales del INEGI de 1993 a 2025, el investigador midió
El primer hallazgo confirma algo que muchos intuyen: lo que México vende afuera depende muchísimo de cómo le vaya a Estados Unidos. A largo plazo, si la producción industrial de ese país crece 1%, las exportaciones mexicanas de manufacturas aumentan alrededor de 2.5%. En las exportaciones mineras el efecto es todavía mayor: 5.3%.
Por eso, explica el estudio, cuando Estados Unidos cayó en recesión en 2009, México no también la sufrió. El golpe en nuestro país fue incluso más fuerte.
El segundo descubrimiento tiene que ver con el tipo de cambio real, que en palabras sencillas mide qué tan baratos resultan los productos mexicanos frente a los extranjeros. Cuando el peso se deprecia, nuestras mercancías se abaratan para los compradores de afuera.
Aquí vino la sorpresa: las manufacturas, que son la mayor parte de lo que México exporta, responden mucho al precio. Si nuestros productos se abaratan 1% frente a los de fuera, a largo plazo sus ventas al exterior suben 2.8%. En los productos agropecuarios el efecto llega a 3.5%. Esto contradice estudios previos que habían encontrado que las exportaciones casi no reaccionaban al tipo de cambio.
En cambio, las importaciones dependen poco del precio: cuando lo extranjero se encarece, las compras bajan, pero poco.
Lo que sí mueve mucho a las importaciones es el crecimiento del país. Si el PIB de México sube 1%, a largo plazo las compras de bienes de consumo importados aumentan 2.8%, las de maquinaria y equipo 2.5% y las de insumos para producir 2.3%. En otras palabras, cuando a la economía le va bien, buena parte de ese impulso se va en comprarle al extranjero.
Con todas estas piezas, el autor revisó si el peso pierde valor, ¿la balanza comercial, que es la diferencia entre lo que vendemos y lo que compramos al mundo, mejora o empeora? La duda existe porque, aunque se exporte más, las importaciones también se vuelven más caras.
La respuesta del estudio es que en México la balanza mejora, y lo hace desde el corto plazo. No aparece el llamado “efecto J”, en el que primero las cosas empeoran y sólo después mejoran. Esto importa para el Banco de México, porque ayuda a anticipar qué pasará con el comercio cuando sus decisiones muevan el valor del peso.
El investigador puso a prueba la Ley de Thirlwall, una idea muy difundida entre economistas que sostiene que el crecimiento de un país queda limitado por lo que puede exportar frente a lo que necesita importar.
Sus cálculos muestran que México ha crecido incluso menos de lo que esa regla predeciría frente a Estados Unidos, por lo que no encuentra evidencia de que funcione como plantea.
Eso no significa que ambas economías no estén ligadas, aclara el Dr. Rodríguez-Arana, sino que la relación entre ambas naciones no opera como dice esa teoría.
Un dato más de estudio es que el petróleo quedó fuera del análisis porque sigue su propia lógica. Su influencia en las exportaciones cayó de poco más de 11% en 1993 a 1.4% en 2025. En este enlace puedes consultar el hallazgo académico.
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