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PRENSA IBERO
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• El Mtro. Luis Pablo Beauregard Alday, nuevo Director del Departamento de Comunicación de la IBERO, advierte que líderes políticos desacreditan a medios profesionales mientras construyen redes de influencers y plataformas alineadas con sus intereses. • El ex corresponsal de El País en EU señala que la defensa de la libertad de expresión exige transparencia editorial, verificación informativa y una transformación digital que preserve el criterio humano.
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

Los personajes en el poder han encontrado en las redes sociales, los influencers y las plataformas digitales herramientas para construir ecosistemas de falso periodismo que funcionan como instrumentos de propaganda y cámaras de eco de sus propios mensajes, advirtió el Mtro. Luis Pablo Beauregard Alday, Director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México
El periodista, quien asumió el cargo el 14 de septiembre de 2026, consideró que esta estrategia representa uno de los principales desafíos para el periodismo profesional, pues mientras se desacredita a los medios tradicionales, se promueven espacios informativos que reproducen la narrativa oficial y se dirigen principalmente a las bases políticas de quienes gobiernan.
Con 25 años de trayectoria en medios nacionales e internacionales, Beauregard fue editor de El País México y corresponsal en Estados Unidos, donde cubrió las elecciones presidenciales de 2020 y 2024. También ha colaborado en televisión, radio y proyectos digitales, y entre 2014 y 2018 fue profesor de Periodismo Internacional en la IBERO.
Para el académico, una de las transformaciones más preocupantes de la comunicación política contemporánea comenzó a hacerse visible con mayor fuerza durante la primera presidencia de Donald Trump, en 2016, cuando el entonces mandatario convirtió la expresión fake news en una herramienta recurrente para cuestionar la credibilidad de los medios.
Aunque aclaró que el deterioro del ecosistema informativo no puede atribuirse exclusivamente a Trump, reconoció que el político estadounidense fue una de las primeras figuras que golpearon con fuerza el trabajo periodístico profesional.
“Le ha venido muy bien o es muy cómodo a todos estos personajes en el poder crearse todo un séquito o un ecosistema de falso periodismo”, sostuvo.
Explicó que estos espacios operan como herramientas propagandísticas que reproducen los mensajes que al poder le interesa comunicar, sin necesariamente someterlos a la investigación, el contraste de fuentes o el cuestionamiento que caracterizan al periodismo.
Beauregard señaló que este fenómeno no se limita al gobierno de Trump. También identificó expresiones similares en otros países, donde líderes políticos han recurrido a redes sociales e influencers para comunicarse directamente con sus bases y reducir la dependencia de los medios tradicionales.
Mencionó los casos de Nayib Bukele, en El Salvador, y Andrés Manuel López Obrador, en México, como ejemplos de figuras que construyeron ecosistemas de comunicación directa con sus seguidores.
El problema, explicó, no radica en que los políticos utilicen redes sociales, sino en que estos espacios se conviertan en sustitutos del periodismo profesional y en mecanismos para excluir deliberadamente otras voces.
Ante la creciente influencia de los creadores de contenido, el Director del Departamento de Comunicación de la IBERO consideró necesario que los medios sean más transparentes respecto de sus líneas editoriales, intereses e influencias.
“Tenemos que transparentar qué tanta línea editorial tenemos, hacia dónde va, si tenemos influencias o conflictos de intereses”, afirmó.
A su juicio, los medios deben explicar a sus audiencias cuáles son los principios que orientan su trabajo y qué mecanismos utilizan para garantizar la independencia de sus coberturas.
Esta apertura, dijo, contribuiría a fortalecer la confianza de los lectores y permitiría diferenciar el periodismo de los contenidos que únicamente buscan reforzar una posición política.
Beauregard observó que, aunque los influencers han ganado relevancia en el consumo de noticias, una parte importante de sus contenidos se nutre de investigaciones realizadas originalmente por medios de comunicación tradicionales.
“Los influencers se siguen nutriendo de lo que nosotros hacemos”, señaló.
Por ello, consideró indispensable que la sociedad comprenda que el periodismo no es únicamente un canal de entretenimiento o distribución de información, sino una actividad que cumple una función de vigilancia sobre el poder.
“Las y los periodistas existen desde hace siglos porque es una forma de control al poder”, afirmó.
El académico alertó que la erosión de la confianza en los medios puede generar un entorno donde las personas acepten como verdaderos los mensajes que reciben de líderes políticos, influencers o plataformas digitales sin contrastarlos con otras fuentes.
En este contexto, planteó que los medios deben asumir la tarea de reeducar a sus audiencias sobre la importancia de la información verificada y del trabajo periodístico especializado.
Consideró que es necesario explicar por qué resulta relevante consultar a reporteros que conocen una fuente, siguen sus acontecimientos y cuentan con experiencia para interpretar información compleja.
Beauregard vinculó esta problemática con el deterioro de las democracias y el avance de gobiernos que buscan controlar el relato público.
“Sin libertad de expresión no tenemos democracia. No la podemos entender; es indisoluble”, enfatizó.
Desde su perspectiva, la defensa de la libertad de expresión no corresponde exclusivamente a periodistas y empresas informativas. También requiere que la sociedad reconozca la importancia de la pluralidad, la investigación y el derecho a cuestionar a quienes ejercen el poder.
El nuevo director del Departamento de Comunicación de la IBERO advirtió que la inteligencia artificial podría acelerar la producción de desinformación, particularmente durante procesos electorales.
Consideró probable que en los próximos comicios se generen contenidos diseñados para confundir a la ciudadanía, desacreditar candidaturas o desalentar la participación
Sin embargo, rechazó la idea de demonizar esta tecnología y propuso que los medios desarrollen capacidades para aprovecharla sin perder el criterio profesional.
“Hay que acelerar la transformación digital de las redacciones”, sostuvo.
El periodista consideró que las empresas informativas deben integrar las herramientas de inteligencia artificial con el conocimiento y la experiencia de sus equipos humanos.
Advirtió que privilegiar exclusivamente la eficiencia tecnológica y la reducción de costos podría conducir a una competencia que termine desplazando a los periodistas de las redacciones.
En contraste, propuso una integración equilibrada entre tecnología y capital humano, donde la investigación, la verificación, la ética y la responsabilidad social continúen siendo elementos centrales del trabajo informativo.
Para Beauregard, el desafío consiste en recuperar la confianza de las audiencias y demostrar que el periodismo profesional sigue siendo indispensable para una sociedad democrática.
Frente a los ecosistemas de propaganda y las cámaras de eco digitales, los medios deben fortalecer su transparencia, mejorar sus procesos de verificación y explicar con claridad la función que desempeñan frente al poder.
En un entorno donde cada vez más personas reciben información a través de plataformas e influencers, la defensa del periodismo profesional implica también defender el derecho de la ciudadanía a conocer distintas versiones de la realidad, cuestionar a sus gobernantes y tomar decisiones informadas.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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