Tres estudiantes de la Licenciatura en Arquitecturade la Universidad Iberoamericana Ciudad de México obtuvieron una Mención Honorífica Internacional en el concurso Bodegas Vinival, un certamen global que convocó a arquitectas, arquitectos y diseñadores a reinterpretar antiguas bodegas vinícolas, en España, como un espacio cultural vivo inspirado en el espíritu de las tradicionales fiestas conocidas como Fallas de Valencia. La propuesta reimagina el lugar desde una visión arquitectónica, ecológica y socialmente comprometida.
El proyecto destacó entre propuestas de estudiantes y profesionales de distintos países por su enfoque integral de restauración, que no se limita al rescate del patrimonio construido, sino que incorpora la recuperación del entorno natural y la memoria del lugar.
Agroforestería, arquitectura y vida comunitaria
Las alumnas Regina de Carcer Herrera, María José Martínez Senderos y Katya María Gantous Nichols fueron reconocidas por una propuesta que integra agroforestería, arquitectura y vida comunitaria, apostando por un modelo sostenible que dialoga entre memoria, transformación y bienestar colectivo.

El concurso, organizado por la plataforma internacional Terraviva, estuvo abierto de junio a noviembre de 2025, con resultados anunciados en diciembre, y contó con la participación de estudiantes y profesionales de distintas partes del mundo.
Recuperar prácticas agrícolas tradicionales ante la gentrificación
La propuesta surgió como parte de un proyecto desarrollado durante el semestre en la IBERO, que posteriormente fue inscrito al certamen al mostrar un desarrollo sólido. A partir de una investigación sobre Valencia y su entorno, las estudiantes identificaron la pérdida de prácticas agrícolas tradicionales, la gentrificación y la fragmentación del tejido comunitario como problemáticas centrales.
Frente a ello, plantearon un “bosque sanador” basado en la agroforestería medicinal, donde la arquitectura se integra de forma respetuosa con la naturaleza. El proyecto propone espacios para cultivo, investigación, convivencia y cultura, con una arquitectura elevada y ligera que minimiza el impacto en el suelo.

Reinterpretar Las Fallas desde sus valores
Más que replicar el festival como objeto, las estudiantes reinterpretaron los valores de Las Fallas, como la creación y destrucción, la tradición y la reinvención, para traducirlos en un espacio activo y comunitario. El diseño permite múltiples formas de habitar el lugar y fomenta la relación entre personas, paisaje y patrimonio.
Uno de los aspectos más relevantes del reconocimiento fue que el concurso incluyó la participación de profesionales de la arquitectura, lo que dio un peso especial a la mención obtenida por las estudiantes.

Las alumnas destacaron el acompañamiento académico de las profesoras María Luisa Martín Cagigas, Laura Domínguez Martínez y el profesor Manuel Díaz Salas Porras, del Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil,quienes impulsaron un proceso crítico y reflexivo sin imponer una visión única.
Desde la perspectiva de los docentes que acompañaron el proceso, uno de los principales aciertos fue que “la idea de restauración va más allá del rescate patrimonial de las bodegas; se propone también el rescate del patrimonio ecológico de la zona. Se reconoce el espacio, el contexto y la historia”. A ello se suma una estrategia de economía de medios, al aprovechar la infraestructura existente, lo que permite “una arquitectura de gran impacto con poca inversión económica”, así como una representación gráfica sólida, capaz de comunicar con claridad el concepto del proyecto.
Además del reconocimiento internacional, la experiencia representó un ejercicio formativo clave para las estudiantes. De acuerdo con el profesorado, participar en este tipo de certámenes les permitió “ensayar, de manera acompañada, un ejercicio que puede ser intimidante incluso para algunos profesionistas”, así como reconocer su capacidad para competir con despachos internacionales.
Este logro refleja la formación que impulsa la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO, donde la creatividad, el compromiso social y la proyección internacional se integran desde el aula.
Fotos: cortesía de las estudiantes y Mariana Domínguez Batis.
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