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PRENSA IBERO
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• Una estudiante de Ingeniería Química de la IBERO, también actriz en formación, comparte las reflexiones del cineasta durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, en torno a la creatividad, el éxito, la inteligencia artificial y la responsabilidad de las nuevas generaciones frente al mundo que habitan
AUTOR
Estudiante IBERO

¿Qué significa realmente tener éxito? ¿Hasta qué punto debemos permitir que las expectativas ajenas definan nuestros sueños? ¿Y qué responsabilidad tenemos, como jóvenes, frente a una sociedad que parece acostumbrarse cada vez más a la apatía?
Estas fueron algunas de las preguntas que resonaron durante la clase magistral que Guillermo del Toro ofreció el domingo 18 de octubre, en el Teatro Morelos, como parte de la edición 2026 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Tuve la oportunidad de asistir al festival del 16 al 19 de octubre y, entre las numerosas proyecciones, encuentros y actividades que conformaron su primer fin de semana, esta conversación con uno de los cineastas mexicanos más reconocidos internacionalmente se convirtió en una de las experiencias más significativas de mi visita.
A lo largo de su intervención, Del Toro cuestionó las concepciones tradicionales del éxito y la tendencia a medir nuestros logros a partir de parámetros externos. A través de anécdotas personales y experiencias compartidas con cineastas internacionales, reflexionó sobre la importancia de desarrollar una identidad creativa propia, incluso cuando esta no coincide con las expectativas de la industria o de la sociedad.
También habló de su relación con los personajes que imagina, dibuja y construye, y de cómo su universo cinematográfico nace de una curiosidad que ha cultivado durante toda su vida.
Su mensaje resultó especialmente relevante para quienes, desde distintas disciplinas universitarias, buscamos abrirnos camino en ámbitos profesionales que pueden parecer lejanos a nuestra formación inicial. En una época en la que las redes sociales nos presentan constantemente versiones idealizadas del éxito, escuchar a un creador de su trayectoria defender la autenticidad, la paciencia y la convicción personal fue un recordatorio de que no existe una sola manera de construir una carrera.
Uno de los momentos más interesantes de la conversación llegó cuando el director abordó la necesidad de cuestionar las estructuras que nos rodean. Del Toro invitó a los jóvenes a no permanecer indiferentes ante las problemáticas sociales y ambientales, a cuestionar las decisiones de las autoridades cuando sea necesario y a abandonar la apatía como respuesta a los desafíos contemporáneos.
En este contexto, también hizo referencia a Digger, el proyecto cinematográfico de Alejandro González Iñárritu, y a la importancia de que las nuevas generaciones y las industrias participen activamente en la construcción de un futuro más sustentable.
Sus reflexiones encontraron un punto de encuentro con los valores de formación humanista y compromiso social que promueve la Universidad Iberoamericana. Porque, aunque la conversación partió del cine, sus planteamientos podían trasladarse a prácticamente cualquier disciplina: desde las artes y la comunicación hasta la ingeniería y las ciencias.
La creatividad no consiste únicamente en imaginar mundos distintos, sino también en atrevernos a transformar aquel en el que vivimos.
La inteligencia artificial también formó parte de los temas abordados durante el encuentro. Con el humor y la franqueza que lo caracterizan, Del Toro expresó una postura contundentemente crítica frente a esta tecnología, recurriendo incluso a la expresión en inglés "Fuck AI".
Más allá de la provocación, su intervención abrió una reflexión sobre el papel de la sensibilidad, la imaginación y la experiencia humana en los procesos creativos.
En un momento en el que la inteligencia artificial transforma industrias enteras, incluida la cinematográfica, sus palabras invitaron a pensar en aquello que distingue a las historias creadas desde la experiencia personal y la interpretación artística.
Hacia el final de la clase magistral, Guillermo dedicó parte de sus reflexiones al trabajo de los actores y a la extraordinaria complejidad de una profesión que exige sensibilidad, disciplina y vulnerabilidad. Para quienes compartimos una profunda admiración por las artes escénicas, fue uno de los momentos más conmovedores de la jornada.
Del Toro destacó la importancia de los intérpretes en la construcción de las historias cinematográficas y el valor de una profesión que permite dar vida a emociones, conflictos y experiencias humanas.
Como estudiante de Ingeniería Química y actriz en formación, encontré en sus palabras una reflexión particularmente cercana: nuestras vocaciones no necesariamente tienen que limitarse a una sola disciplina. La curiosidad y la pasión pueden llevarnos a explorar distintos caminos, incluso aquellos que inicialmente parecen incompatibles.
La jornada continuó con uno de los acontecimientos más esperados del festival: la gala conmemorativa por los veinte años de El laberinto del fauno, celebrada en el Teatro Mariano Matamoros.
La película, estrenada originalmente en 2006, regresó a la pantalla grande en una presentación especial en tercera dimensión, ofreciendo al público una nueva manera de aproximarse a su universo fantástico.
Durante la ceremonia, Del Toro recibió un reconocimiento a la excelencia artística en compañía de colaboradores y figuras vinculadas con la película, entre ellas el cinefotógrafo Guillermo Navarro y la actriz Ivana Baquero, quien interpretó a Ofelia.
Para mí, aquella noche tuvo un significado especial: fue la primera ocasión en la que vi El laberinto del fauno. Descubrirla en una sala de cine, rodeada de espectadores que celebraban sus dos décadas de existencia, me permitió comprender por qué continúa siendo una de las obras más emblemáticas de la cinematografía mexicana contemporánea.
Entre aplausos, conversaciones y encuentros con el público, Morelia volvió a demostrar que el cine no solamente se disfruta frente a una pantalla: también se construye a través de las experiencias que compartimos alrededor de ella.
Al concluir aquel domingo, me quedé con una de las ideas más valiosas del encuentro: no permitir que las comparaciones, el miedo o las expectativas ajenas nos hagan renunciar a aquello que verdaderamente nos apasiona.
Porque, al final, quizá una de las mayores enseñanzas del cine sea precisamente esa: atrevernos a imaginar posibilidades distintas y encontrar el valor para hacerlas realidad.
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