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PRENSA IBERO
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• La Dra. Gilda María García Sotelo advirtió que apenas 12% de las víctimas universitarias busca ayuda formal y sólo 10% presenta una denuncia o queja ante su institución • El Primer Reconocimiento a Personas Aliadas por la Igualdad Educativa distinguió cinco proyectos y dos menciones honoríficas por acciones de prevención, inclusión, docencia y acompañamiento • “Los protocolos, aunque son importantes, son el último eslabón de la cadena”, señaló la especialista en igualdad de género Marta Ferreira Beltrán
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Que una universidad cuente con protocolos para atender la violencia de género es indispensable, pero la prevención comienza mucho antes de que éstos tengan que activarse. Con esa premisa, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México realizó el Primer Reconocimiento a Personas Aliadas por la Igualdad Educativa 2026, para visibilizar acciones cotidianas que acompañan a quienes enfrentan violencias, cuestionan desigualdades y contribuyen a construir espacios más seguros.
Durante la ceremonia, la Dra. Gilda María García Sotelo, titular del Comité de Atención de la Violencia de Género de la IBERO

La especialista en igualdad de género Marta Ferreira Beltrán, electa integrante del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) para el periodo 2027-2030, planteó que contar con leyes y normas avanzadas no garantiza por sí mismo que los derechos se traduzcan en la vida cotidiana.
“Lo que hace la diferencia son esos pequeños pasos que van construyendo la igualdad cotidiana”, sostuvo, y agregó que “los protocolos, aunque son importantes, son el último eslabón de la cadena”: aparecen cuando previamente han fallado otras acciones de prevención, igualdad y cuidado.
Ese enfoque atraviesa el sentido del reconocimiento. Durante el evento se insistió en que no basta con reaccionar cuando la violencia ya ocurrió, sino que es necesario identificar señales previas, romper silencios y evitar que la indiferencia se convierta en respuesta.

Uno de los casos más concretos fue el de Erika Gutiérrez Flores, trabajadora del área de Servicios, quien durante Primavera 2026 escuchó a una estudiante pedir que la soltaran en el edificio T e identificó una posible situación de violencia. Solicitó inmediatamente el apoyo del Comité de Género, lo que permitió la intervención del propio Comité y del personal de Seguridad. Por esa actuación recibió una mención honorífica.
La otra mención fue para Alberto Lare Melchor, también del área de Servicios, cuya experiencia muestra cómo un entorno de respeto y aceptación le permitió dejar de ocultar su orientación sexual, desarrollar mayor seguridad y participar activamente en su comunidad laboral y universitaria.

En Iniciativa Estudiantil por la Igualdad, fue reconocida la Asociación de Mujeres Activistas (UMA), que genera espacios de diálogo, acompañamiento, redes de apoyo y prevención de violencias entre estudiantes.

El Laboratorio por la Justicia Ambiental y Climática, de la Clínica Jurídica Ambiental, obtuvo el reconocimiento en Área Aliada por la Igualdad por incorporar derechos humanos, género e inclusión en proyectos de investigación, formación e incidencia. En Docencia que inspira, fue reconocida Monserrat Herrera Mejía, por integrar transversalmente la perspectiva de género en la materia Empresa y Sociedad.
En Labor con impacto, el reconocimiento fue para Beatriz Ulloa Montemayor, Pamela Álvarez Morales y Laura Pedraza Pinto, por Miradas y horizontes de la inclusión en el Sistema Universitario Jesuita, proyecto que analiza políticas y prácticas de inclusión y formula recomendaciones desde una perspectiva interdisciplinaria e interseccional.

Finalmente, en Alianzas que cruzan fronteras, fue distinguida la colaboración con el Centro Educativo Truper del Museo Memoria y Tolerancia, que desde 2015 ha realizado 70 ediciones de 36 programas, beneficiado a 1,049 personas y acumulado 6,617 horas de capacitación en derechos humanos, igualdad, género, cultura de paz y prevención de violencias.

La ceremonia dejó una idea como hilo conductor: la igualdad no comienza cuando una institución sanciona una violencia, sino mucho antes, cuando alguien decide verla, nombrarla y actuar frente a ella.
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