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PRENSA IBERO
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• La atención privada era la principal fuente de atención médica en 2024 para todos los niveles de ingreso, apunta Dr. Ricardo Velázquez Leyer, académico del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas • El 34% de la población ese año seguía sin acceso real a servicios de salud, más del doble que en 2018, señala • El especialista en política social y políticas públicas refiere que el IMSS-Bienestar apenas tiene el 3.5% de personas afiliadas • El gobierno prometió salud gratuita a todas las personas, pero sin diseño, dinero, ni operación para volverlo realidad, resume
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Reportero de la IBERO

La pandemia de COVID-19 mostró lo frágil que era el sistema de salud mexicano. Años después, esas fallas no se han corregido, y quienes más lo resienten son las familias más pobres del país. Así lo documentó el Dr. Ricardo Velázquez Leyer, del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas
En el análisis que retoma datos del INEGI, Coneval y otros estudios, consideró que el país vivió un “intento de universalización fallida”, donde el gobierno prometió salud gratuita para todas las personas, pero no le dio a ese derecho el diseño, el dinero ni la operación para volverlo realidad.
“Es un sistema público de salud fragmentado, ineficiente y desigual, que opera con recursos limitados, bajo aspiraciones hacia la estatización absoluta de la provisión de servicios, cuando en la práctica las deficiencias de la oferta pública incentivan o fuerzan a millones de personas a buscar atención en el sector privado”, apuntó.
Para entender el problema, refirió, hay que mirar atrás. En 2003 nació el Seguro Popular, un programa para quienes no tenían empleo formal ni seguridad social. Entre 2008 y 2018 su cobertura pasó de 19% a 42% de la población. Con el gobierno que llegó en 2018 fue sustituido por el INSABI, que ofrecía atención gratuita sin cuotas, pero se desmanteló la estructura financiera y administrativa anterior sin crear otra que la reemplazara.
Las cifras muestran el retroceso. Para 2022, la cobertura de ese segmento volvió a caer a 19%. La carencia por acceso a servicios de salud, el indicador oficial que mejor mide si la gente puede atenderse de verdad, había bajado de 38% a 16% entre 2008 y 2018. En 2022 subió a 39%. Además, el gasto público en salud apenas creció 0.4 puntos del PIB entre 2018 y 2022.
Esta reforma coincidió con la pandemia. Según el estudio, en 2020 sólo 14% de las personas contagiadas pudo atenderse en el sector público. México quedó entre los países de América Latina con más casos y muertes estimados.
El golpe no fue parejo. En 2022, en Oaxaca y Chiapas 66% de la población tenía problemas para acceder a servicios de salud, y en Guerrero 53%; son también los tres estados con más pobreza. En Baja California Sur, la cifra era de 17.3%.
El INSABI desapareció en 2023 y su lugar lo ocupó el IMSS-Bienestar, pero en 2024 sólo 3.5% de la población estaba afiliada a él. Aunque la carencia de acceso a la salud bajó a 34% ese año, el investigador explicó que se debió sobre todo a que más personas consiguieron empleo formal con el IMSS, no a una mejora del sistema público.
Además, detalló que el presupuesto para salud de 2025 fue menor en términos reales que el de 2024, y el recorte más grande lo sufrió el IMSS-Bienestar. A esto, sumó el desabasto de medicamentos, que inició con el desmantelamiento del sistema de compras en 2018 y continúa con el gobierno que entró en 2024.
A principios de 2025, acotó, incluso se detectaron casos de corrupción en BIRMEX, la empresa pública creada para resolver el problema.
La pobreza bajó de 41.9% a 29.6% entre 2018 y 2024, principalmente por el aumento de los ingresos laborales, pero buena parte de ese ingreso extra se va en salud.
Entre 2022 y 2024, el gasto de bolsillo, lo que la gente paga directamente al consultorio o la farmacia sin ningún seguro que la respalde, creció hasta 23% en los hogares de menores ingresos, contra 1.8% en los más ricos.
En los hogares más pobres, el peso de las medicinas en el gasto familiar casi se duplicó: pasó de 0.9% en 2018 a 1.7% en 2024.
“Es una mercantilización implícita. Al fallar lo público, la salud termina en manos de un sector privado poco regulado”, resumió.
Advirtió que el fracaso de las reformas de salud mina el impacto del descenso en las tasas de pobreza y sus consecuencias las padecen los hogares más pobres del país.
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