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PRENSA IBERO
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• La exposición constante a ideales corporales puede favorecer comparaciones, ansiedad, pensamientos obsesivos y trastornos de la conducta alimentaria • La Dra. Perla Leal Galicia llama a distinguir entre opinar sobre la apariencia de una persona y advertir sobre una tendencia social que puede poner vidas en riesgo
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Durante los últimos años, la conversación pública pareció avanzar hacia una mayor aceptación de la diversidad corporal. Sin embargo, la reaparición de imágenes que presentan la delgadez extrema como un ideal de belleza ha despertado preocupación por sus posibles efectos, principalmente entre adolescentes y jóvenes. ¿Cómo advertir sobre este fenómeno sin caer en comentarios acerca de los cuerpos ajenos? Para la Dra. Perla Leal Galicia, investigadora y profesora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana, la clave está en dejar de especular sobre la salud o la apariencia de personas específicas y dirigir la conversación hacia los modelos corporales que los medios, la publicidad y las redes sociales convierten en aspiracionales.
“De los cuerpos no se habla” es un principio que busca establecer límites frente a una práctica que durante mucho tiempo estuvo normalizada: opinar libremente sobre si alguien adelgazó, subió de peso o debería modificar su apariencia. No obstante, la especialista considera necesario abrir la conversación cuando una tendencia comienza a extenderse socialmente y puede favorecer comportamientos que comprometan la salud e incluso la vida.
“Cuando estamos observando que se está cayendo, de manera social, en una práctica que puede poner en riesgo la vida, tal vez sí vale la pena abrir la conversación para evitar daños posteriores, siempre dentro del marco del respeto”, explica.
La exposición repetida a ciertos tipos de cuerpo puede influir en la manera en que las personas se perciben y en aquello que creen que necesitan cambiar para sentirse queridas, reconocidas o integradas.
“Estas imágenes que vemos repetitivamente en iconos que las personas jóvenes idealizan funcionan como un espejo: veo esto y quisiera parecerme a esa persona”, señala Leal Galicia.
El problema no es la apariencia de quien aparece en una fotografía o un video, sino la construcción de un estándar que se presenta como requisito para ser atractivo, exitoso o digno de aceptación. Conforme cambian las tendencias, también se crean nuevas exigencias sobre cómo debería lucir el cuerpo.
La académica recuerda que los ideales de belleza no son permanentes ni necesariamente responden al bienestar. En distintas décadas se ha promovido tener más o menos peso, desarrollar determinadas proporciones o someterse a rutinas difíciles de sostener. Su variabilidad demuestra que se trata de construcciones culturales vinculadas también con intereses comerciales.
Por ello, recomienda concentrarse en tener un cuerpo sano y funcional, no uno que reproduzca aquello que aparece en una pantalla.
Las redes sociales pueden intensificar este fenómeno al mostrar repetidamente dietas, rutinas de ejercicio y transformaciones físicas que no reflejan la vida cotidiana de la mayoría de las personas.
Quienes crean estos contenidos pueden dedicar gran parte de su jornada al cuidado de su imagen porque forma parte de su actividad profesional. Comparar esos resultados con los de alguien que estudia, trabaja y tiene otras responsabilidades genera expectativas poco realistas.
“No sabemos qué hacen esas personas cuando no están haciendo ejercicio ni si verdaderamente están sonriendo todo el tiempo. Son espejismos y tenemos que estar muy conscientes de eso”, advierte la investigadora.
Una señal de alerta aparece cuando la comparación deja de ser ocasional y comienza a desdibujar la personalidad: la persona abandona intereses, modifica sus valores o condiciona su autoestima a alcanzar el peso o la apariencia de alguien más.
Este consumo puede favorecer pensamientos obsesivos, ansiedad, alteraciones del sueño y trastornos de la conducta alimentaria. En casos como la anorexia, recuerda la especialista, las consecuencias van mucho más allá de la apariencia, pues pueden comprometer el corazón, el cerebro y otros órganos vitales.
Como primera medida, Leal Galicia propone realizar una curaduría consciente de lo que se consume en internet. Si una cuenta o tipo de contenido genera ansiedad, insatisfacción constante o rechazo hacia el propio cuerpo, dejar de seguirlo permite cortar una parte del ciclo.
“Si identificas que un contenido te genera ansiedad porque no tienes determinado peso corporal, deja de verlo. Le quitas lo más importante que le estás dando: tu atención”, recomienda.
Cuando el malestar resulta difícil de controlar o interfiere con la alimentación, el descanso, las relaciones personales o las actividades cotidianas, es importante solicitar acompañamiento profesional.
La IBERO cuenta con la Clínica de Bienestar Universitario (CBU), espacio que brinda orientación, acciones preventivas y atención psicológica a su comunidad, principalmente al estudiantado. El servicio es gratuito para estudiantes de licenciatura, posgrado, Técnico Superior Universitario e intercambio académico.
Además, la Licenciatura en Psicología de la IBERO forma profesionales capaces de identificar factores de riesgo, diseñar programas de prevención, realizar evaluaciones e intervenir en distintos ámbitos para promover la salud mental. Su preparación incorpora el respeto a la dignidad, la empatía, la responsabilidad y la apertura a la diversidad.
Frente a estándares corporales que cambian con cada tendencia, la Dra. Perla Leal invita a conservar una certeza: “Somos valiosos y dignos de amor, tengamos el cuerpo que tengamos”.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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