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• El Dr. Oscar Galicia, del Departamento de Psicología, señala que el desafío no es solo ganar partidos en el Mundial, sino construir estructuras que desarrollen talento y fortalezcan la salud mental • Considera que un problema del deporte mexicano es que las instituciones intervienen cuando el atleta ya ha demostrado resultados importantes • "Pensamos que con que el cuerpo esté bien es suficiente para ejecutar bien, y eso es absolutamente erróneo, la mente influye directamente sobre las capacidades físicas", afirma
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

El problema para llegar al quinto partido en un Mundial no está solamente en la capacidad de los jugadores, porque hay mucho talento en México, sino en la estructura que sostiene al deporte, indicó el Dr. Oscar Galicia Castillo, especialista en Neurociencias de la Conducta de la Universidad Iberoamericana (IBERO).
Apuntó que México posee una enorme afición futbolística, pero carece de la organización e inversión necesarias para competir de manera consistente con las grandes potencias mundiales porque el desafío no es solo ganar partidos en el Mundial, sino construir estructuras que desarrollen ese talento y fortalezcan su salud mental
“El futbol no es solo un deporte, es un espectáculo y un negocio”, señaló el académico.
Dijo que gran parte de la industria futbolística en México está diseñada para generar ganancias económicas más que para desarrollar talento desde edades tempranas, lo que provoca que el país dependa de casos aislados de éxito en lugar de construir sistemas sólidos de formación deportiva.
Consideró que los resultados en los Mundiales no precisamente responden a una falta de talento nacional. Como ejemplo, recordó que México tiene una población mucho mayor que Argentina, Alemania o Países Bajos, países que históricamente han conseguido mejores resultados internacionales. La diferencia, afirmó, radica en la infraestructura, la organización y la inversión en procesos de desarrollo de atletas.
Detalló que esta situación explica por qué muchas de las figuras deportivas mexicanas son consideradas excepcionales. Nombres como Lorena Ochoa, Sergio “Checo” Pérez, Isaac del Toro o Karim López el primer mexicano en ser drafteado en primera ronda en la NBA suelen ser vistos como ejemplos de éxito individual más que como el resultado de una política deportiva efectiva.
“Son casos extraordinarios de personas que encontraron el camino por sí mismas”, explicó.
En muchos casos, añadió, las y los deportistas logran abrirse paso gracias al esfuerzo familiar, recursos propios o circunstancias particulares, más que por un acompañamiento institucional desde la infancia.
El especialista consideró que uno de los principales desafíos del deporte mexicano es que las instituciones suelen intervenir cuando el atleta ya ha demostrado resultados importantes. En lugar de identificar y apoyar el talento desde edades tempranas, los respaldos llegan cuando el deportista ya ganó competencias estatales o nacionales.
Explicó que esta realidad obliga a muchos atletas a enfrentar obstáculos económicos, falta de equipo y escasa visibilidad mediática durante gran parte de sus carreras. Paradójicamente, cuando llegan los triunfos internacionales, las instituciones suelen asumir protagonismo en historias que fueron construidas durante años por el esfuerzo individual y familiar.
Desde la neurociencia, Galicia destacó que uno de los elementos más importantes para explicar el éxito de las y los deportistas mexicanos es la motivación interna. A diferencia de la mayoría, atletas de alto rendimiento encuentran satisfacción en superarse a sí mismos, incluso cuando enfrentan condiciones adversas.
“Vencerse a sí mismo puede ser una recompensa extraordinaria”, refirió. Esa motivación les permite soportar años de sacrificios, derrotas, falta de reconocimiento y ausencia de apoyo. Para muchos deportistas, la búsqueda de la excelencia personal resulta más poderosa que cualquier premio externo.
El académico señaló que esta dinámica en México contrasta con modelos deportivos altamente profesionalizados, como el de Estados Unidos, donde desde etapas tempranas aparecen becas, patrocinios y estímulos económicos. Aunque estos sistemas ofrecen más apoyo, también generan una presión considerable sobre los atletas.
Advirtió que cuando el rendimiento deportivo se vincula directamente con contratos, patrocinios o importantes sumas de dinero, la motivación interna puede verse desplazada por incentivos externos, lo que incrementa la presión psicológica y, en algunos casos, afecta la salud mental de las y los competidores.
Precisamente por ello, Galicia consideró que la salud mental debe ocupar un lugar central en el deporte contemporáneo. Casos como el de la gimnasta Simone Biles ayudaron a visibilizar una realidad que durante décadas fue ignorada: el bienestar psicológico es tan importante como la preparación física.
“Pensamos que con que el cuerpo esté bien es suficiente para ejecutar bien, y eso es absolutamente erróneo”, afirmó.
De acuerdo con el especialista en neurociencia, la mente influye directamente sobre las capacidades físicas: Un deportista que se siente derrotado antes de competir puede experimentar disminuciones reales en su coordinación, resistencia, fuerza y capacidad de respuesta. Por el contrario, una mentalidad fuerte y motivada puede potenciar el rendimiento físico incluso en situaciones extremas.
La confianza, la resiliencia y la capacidad para enfrentar la presión forman parte del entrenamiento invisible que acompaña a cualquier atleta de alto rendimiento. Por ello, el especialista consideró indispensable que las y los deportistas cuenten con apoyo psicológico profesional y herramientas para gestionar el estrés, la ansiedad y las expectativas.
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