10 DE JUNIO DE 2026
Protestas por el Mundial ocurren en un escenario muy distinto al de la represión de 1968, afirma experto IBERO
PRENSA IBERO
10 DE JUNIO DE 2026
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A un día de la inauguración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y en el marco de la conmemoración del Halconazo del 10 de junio de 1971, el académico Óscar Castro considera que las movilizaciones sociales actuales responden a un contexto político, social e institucional muy distinto al que derivó en los episodios represivos que marcaron la historia contemporánea de México
Las protestas convocadas por diversos sectores sociales en torno al inicio del Mundial 2026 no deben interpretarse como un escenario comparable al que precedió las represiones estudiantiles de 1968 y 1971, sostiene el Dr. Óscar Castro, académico investigador del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana
En una coyuntura en la que coinciden la inauguración del torneo de futbol más importante del mundo y distintas movilizaciones ciudadanas en la Ciudad de México, el investigador considera que resulta necesario analizar con cuidado la naturaleza de las protestas y evitar paralelismos simplistas con algunos de los momentos más oscuros de la historia de la política nacional.
"Ni estamos frente a un movimiento como en aquellos años, ni estamos en un régimen como en aquellos años", explica Castro al referirse a las diferencias entre el México actual y el contexto que rodeó tanto el movimiento estudiantil de 1968 como la represión del llamado Halconazo en 1971. Para el especialista, las manifestaciones actuales se desarrollan dentro de marcos institucionales y democráticos que contemplan mecanismos de diálogo, negociación y presión social que no existían en las mismas condiciones hace más de medio siglo.
El académico también llama a matizar la narrativa en torno a la llamada "megamarcha" prevista para el día de la inauguración del Mundial. A su juicio, no se trata de un sólo movimiento con una agenda homogénea, sino de distintas expresiones sociales que coinciden temporalmente en aprovechar la atención pública que genera el torneo.
Entre los grupos convocantes se encuentran integrantes del magisterio, colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, transportistas y otros sectores con demandas específicas. Aunque algunos de ellos podrían coincidir en determinados puntos de la ciudad, Castro señala que sus reivindicaciones son diferentes y responden a problemáticas particulares.
"Todos están aprovechando el escenario de la inauguración para manifestar su demanda", explica el investigador, quien considera que la coincidencia de estas movilizaciones puede llevar a interpretaciones equivocadas sobre su naturaleza o sus objetivos.
Frente a quienes cuestionan las movilizaciones debido a que actualmente gobiernan actores políticos que en el pasado participaron en protestas sociales, Castro considera que la movilización no pertenece a una ideología específica.
A su juicio, las marchas deben analizarse a partir de la legitimidad de sus demandas y de los mecanismos de diálogo que buscan activar, más que por la orientación ideológica de quienes las convocan o de quienes ocupan el gobierno en determinado momento histórico.
El investigador recuerda que algunas manifestaciones tienen objetivos concretos de negociación, mientras que otras cumplen una función principalmente simbólica. Tal es el caso de las movilizaciones que cada año recuerdan el Halconazo o los acontecimientos de 1968, cuyo propósito central es preservar la memoria histórica y reivindicar a las víctimas.
Aunque las movilizaciones suelen provocar afectaciones a la movilidad y molestias entre la población, Castro considera que representan una oportunidad para visibilizar problemas que muchas veces permanecen fuera del radar de la ciudadanía.
"Uno puede verse afectado por el tráfico o por el cierre de una vialidad, pero también es importante preguntarse qué problema está tratando de visibilizar esa manifestación", señala.
Para el académico, muchas de estas protestas expresan problemáticas profundas relacionadas con derechos humanos, justicia social o políticas públicas, por lo que vale la pena detenerse a conocer las causas que las motivan antes de reducirlas únicamente a sus consecuencias inmediatas.
Castro considera que algunas de las principales demandas presentes en las movilizaciones actuales tienen un carácter estructural que difícilmente desaparecerá por el ambiente festivo asociado al Mundial.
La exigencia de cambios al sistema de pensiones por parte de los maestros o la búsqueda de personas desaparecidas impulsada por colectivos y familias son problemáticas que trascienden el calendario deportivo y responden a procesos de largo plazo.
Por ello, el especialista rechaza la idea de que una eventual buena actuación de la Selección Mexicana pueda disminuir o resolver las tensiones sociales existentes.
"Son dos esferas distintas", afirma. Mientras el futbol pertenece al ámbito de lo lúdico y la convivencia colectiva, las manifestaciones buscan llamar la atención sobre demandas que afectan directamente la vida de miles de personas.
Lejos de plantear una contradicción entre ambas dimensiones, el investigador sostiene que es perfectamente posible disfrutar del Mundial y, al mismo tiempo, mantener una postura crítica frente a los retos que enfrenta el país.
Desde su perspectiva, una persona puede celebrar los triunfos de la Selección Mexicana y a la vez cuestionar aspectos relacionados con el uso político de los megaeventos deportivos, sus impactos ambientales, económicos o sociales, así como exigir respuestas frente a problemas como las desapariciones o la desigualdad.
"Uno puede ser muy crítico con la utilización del Mundial para ciertos intereses y, al mismo tiempo, alegrarse cuando gana la selección", explica.
Para Castro, el desafío consiste precisamente en evitar que el entusiasmo generado por el torneo oculte discusiones de fondo sobre la realidad nacional. En ese sentido, concluye, el Mundial y las protestas no son fenómenos excluyentes, sino expresiones distintas de una misma sociedad que busca espacios tanto para la celebración como para la exigencia de derechos.
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