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PRENSA IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

El Dr. Jorge Negroe Álvarez, del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas, apunta que en la Copa del Mundo el comercio informal mantiene un papel protagónico
Sostiene que estas mercancías también representan una forma de apropiación cultural del Mundial
México vive una de las mayores celebraciones futbolísticas de su historia con la Copa del Mundo 2026 y detrás de la euforia colectiva que produce, conviven fenómenos en los alrededores a los estadios o centros comerciales: el crecimiento del comercio informal y el consumo de productos no oficiales.
Para el Dr. Jorge Negroe Álvarez, del
"Más de la mitad de los ingresos de las y los mexicanos proviene de actividades relacionadas con la economía informal", explicó en entrevista con Prensa IBERO.
La venta de playeras, souvenirs y otros artículos sin licencia oficial se ha convertido en una alternativa de ingresos para miles de familias y en una opción accesible para la afición que difícilmente podrían adquirir productos oficiales cuyos precios superan con facilidad los dos mil pesos.
El académico sostuvo que estas mercancías representan también una forma de apropiación cultural del Mundial, donde las playeras han sido intervenidas con mensajes políticos, convirtiéndose en herramientas de expresión de movimientos sociales que han usado la indumentaria mundialista para visibilizar sus demandas.
Aunque antes del inicio de la competencia se anunciaron operativos para decomisar mercancía pirata y sancionar negocios que transmitieran los partidos sin licencias específicas. En la práctica, la comercialización de productos no oficiales continúa siendo visible en calles, plazas y zonas de reunión de la afición.
Para el Dr. Negroe Álvarez, esta situación refleja una realidad que rebasa la capacidad regulatoria del Estado: La convivencia entre comercio formal e informal es parte del paisaje cotidiano en México y responde a problemas estructurales que no pueden resolverse únicamente mediante acciones de vigilancia.
El especialista de nuestra casa de estudios explicó que gran parte de los ingresos derivados de licencias, venta de mercancías, boletos y plataformas oficiales terminan concentrándose en la FIFA, mientras que los beneficios para los comercios locales son considerablemente menores.
En el caso mexicano, añadió, la situación resulta aún más compleja debido a los acuerdos fiscales que acompañan la organización del torneo, pues limitan la captación de impuestos provenientes de las operaciones de FIFA, reduciendo el impacto económico esperado para México.
Detalló que a ello se suma la creciente especulación en la venta de boletos, pues la utilización de precios dinámicos y plataformas oficiales de reventa ha elevado los costos de acceso a los partidos, incentivando la aparición de fraudes y mercados paralelos que aprovechan la alta demanda generada por el evento.
Pese a estas contradicciones, dijo, el Mundial funciona como un poderoso espacio de cohesión social. Las celebraciones multitudinarias tras las victorias de la Selección Mexicana muestran la necesidad colectiva de encontrar momentos de alegría en medio de dificultades económicas, inseguridad e incertidumbre.
“El futbol opera como válvula de escape que permite canalizar tensiones sociales acumuladas. Concluido el torneo será necesario volver la mirada hacia los problemas estructurales vigentes: la informalidad, la desigualdad, la corrupción y la falta de oportunidades que explican por qué la piratería sigue siendo ampliamente aceptada y consumida en el país”, afirmó.
Más que un problema aislado, concluyó, la comercialización de productos no oficiales durante el Mundial constituye el reflejo de un modelo económico que excluye a millones de personas del consumo formal y las obliga a construir sus propias formas de participación en uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo.
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