PRENSA IBERO
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4 DE MAYO DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

A pesar de la memoria sísmica que atraviesa generaciones en México, la participación en simulacros no es aún una práctica generalizada. Para el Arquitecto Norberto Sánchez Garduño, responsable de Protección Civil de la Universidad Iberoamericana, esta resistencia persiste incluso después de tragedias como las de 1985 y 2017. En esta universidad, el experto también forma parte de las y los egresados de la primera generación de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias.
“Todavía hay cierta resistencia en la participación de los simulacros”, reconoce el especialista, quien, no obstante, también observa un cambio paulatino en la percepción social tras el sismo de 2017 en algunos sectores de la población: “afortunadamente también he observado un grupo de la sociedad en donde se toman más en serio estos ejercicios a partir de lo que vivimos hace casi 10 años”.
La conversación con el experto se realizó instantes antes del sismo de magnitud preliminar 6 que este 4 de mayo de 2026 sacudió diversas regiones del país, recordando que el riesgo es constante y no hipotético.
Para Sánchez Garduño, el problema no es sólo de participación, sino de comprensión. Por ello insiste en definir con claridad qué es un simulacro: “Son ejercicios simulados en donde ponemos una hipótesis de algún fenómeno perturbador que nos puede impactar. En ellos ponemos a prueba nuestros protocolos de actuación (…) para identificar fallas, fortalezas y mejora continua”.
El objetivo, subraya, va mucho más allá de cumplir con una rutina institucional: “sin temor a exagerar, estos ejercicios pueden salvar vidas”.
Uno de los factores que explican la renuencia a participar en simulacros es el impacto emocional que estos pueden detonar. Personas que vivieron eventos como el sismo de 1985 o el de 2017 pueden experimentar estrés incluso ante el sonido de la alerta sísmica, aun cuando se trate de un ejercicio.
“No todas las personas responden de la misma manera (…) quienes tuvieron pérdidas pueden verse afectados psicológicamente, incluso si saben que es un simulacro”, explica.
Frente a ello, el especialista insiste en la importancia de la información y la preparación emocional: una comunidad informada “responde mejor y se recupera más rápido y con menos secuelas”.
Sánchez Garduño no sólo habla desde la práctica institucional, sino desde una formación académica especializada. Es egresado de la primera generación de la Especialidad en Intervención Psicosocial en Emergencias de la IBERO, un programa único a nivel posgrado en México.
A partir de esta formación, afirma, su perspectiva sobre la protección civil cambió profundamente: “Tenemos arraigado el querer ayudar, pero también es importante saber cómo ayudar (…) muchas veces lo que las personas necesitan inicialmente es ser escuchadas”.
Este enfoque integra no sólo la respuesta operativa ante desastres, sino también la atención emocional y los llamados primeros auxilios psicológicos, fundamentales para la recuperación de las víctimas.
Este 6 de mayo de 2026 se realizará el Primer Simulacro Nacional, convocado a las 11:00 horas en todo el país, una oportunidad clave para fortalecer la cultura de prevención.
El especialista hace un llamado directo: participar en estos ejercicios permite identificar áreas de mejora en los protocolos y prepararse para actuar en una emergencia real.
“La seguridad es de todas y todos”, enfatiza.
El sismo del 4 de mayo, ocurrido apenas momentos después de esta entrevista, vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: en un país sísmico como México, la prevención no puede ser opcional.
Aunque la memoria de 1985 y 2017 sigue presente, el desafío hoy es transformar esa memoria en acción constante. Porque, como advierte el experto, los simulacros no son una formalidad: son, literalmente, una herramienta para salvar vidas.
Por: Jorge Luis Cortés
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