PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
9 DE FEBRERO DE 2026
Por: David Ruiz Guajardo, estudiante de la Licenciatura en Comunicación
AUTOR

Jane Austen es, sin duda, una de las escritoras más importantes de la literatura universal, no solo por las historias que contó, sino por la forma en que construyó sus relatos y por los discursos sociales que supo ocultar, con sutileza e ironía, detrás de cada una de sus obras.
A lo largo de los años, sus novelas han sido adaptadas en múltiples ocasiones tanto al cine como a la televisión. Pero sin duda, una de las interpretaciones más aclamadas de su obra es el filme Orgullo y prejuicio (2005), dirigido por Joe Wright y protagonizado por Keira Knightley y Matthew Macfadyen, una adaptación que logra capturar la esencia emocional y crítica del texto original.
Para quienes no conocen a fondo la obra, Orgullo y prejuicio narra la historia de Elizabeth Bennet y el señor Darcy, dos personajes que deben confrontar y superar sus propios defectos—el orgullo, los prejuicios y las primeras impresiones— para poder encontrar el amor y la felicidad. A primera vista, parece ser una simple historia de amor; sin embargo, Austen no se limita a contar solo un romance de época, sino que construye un relato profundamente humano, centrado en las dinámicas sociales, las jerarquías y los vínculos afectivos.
A pesar de haber sido escrita hace más de dos siglos, la obra continúa siendo relevante no solo por su historia, sino por los temas que aborda. El ostracismo, entendido como el acto de excluir, ignorar o rechazar a una persona o grupo, provocando su aislamiento social, ya sea de manera forzada o voluntaria, es un claro ejemplo de esto debido a que este fenómeno, lejos de pertenecer únicamente al pasado, sigue vigente en la actualidad, aunque bajo nuevas formas.
En la época de Austen, el ostracismo se aplicaba a quienes no cumplían con los roles sociales establecidos: mujeres que no encajaban en el ideal de esposas y madres, u hombres que no respondían al modelo del proveedor. Hoy, aunque estas dinámicas han cambiado, ha surgido una nueva modalidad de exclusión: el ostracismo digital. Las redes sociales, el auge de la cultura del FOMO (miedo a quedarse fuera) y la constante necesidad de visibilidad parecen castigar a quienes no se exhiben, no participan o no se mantienen al día con las tendencias y modas digitales. En este contexto, el destierro ya no se da por “quién eres” o “por quién no eres”, sino por no ser visto, convirtiendo el silencio algorítmico y la irrelevancia en una versión contemporánea de la exclusión social.
Otro de los ejes centrales de la obra es su reflexión en torno al amor. Austen muestra cómo, en muchas ocasiones, el odio y el desprecio es una capa que oculta sentimientos más profundos. A lo largo del filme y el libro, el orgullo y los prejuicios de Elizabeth y Darcy moldean la percepción que tienen el uno del otro, impidiendo cualquier vínculo, pese a la evidente compatibilidad intelectual y la tensión emocional que existe entre ambos.
La principal lección que Austen ofrece en este sentido es que los seres humanos somos complejos y estamos formados por múltiples capas. Juzgar a alguien únicamente por una primera impresión o por rasgos superficiales puede impedirnos reconocer a una persona en toda su profundidad, e incluso alejarnos de aquello que podría transformarse en un amor significativo. Esta enseñanza resulta especialmente vigente si se traslada al presente, piensen en todos esos juicios apresurados basados en apariencias, publicaciones en redes sociales o prejuicios digitales, sin detenernos a conocer la humanidad que hay detrás de cada individuo.
Pero la relevancia de Orgullo y prejuicio no radica únicamente en su historia, sino también en los personajes que la habitan. Tanto Elizabeth Bennet como el señor Darcy representan ideales complejos y profundamente humanos. Elizabeth, aunque se muestra como una mujer inteligente, vivaz, carismática y de espíritu independiente y empoderada , no renuncia a su deseo de amar profundamente. Darcy, por su parte, pese a su apariencia fría y orgullosa, demuestra ser un hombre sensible, también con un deseo amar profundamente y mostrándolo a través no solo de sus palabras, sino de sus acciones.
La adaptación cinematográfica de Joe Wright logra retratar todos estos temas con una sensibilidad notable. La química entre Keira Knightley y Matthew Macfadyen es evidente, destacando escenas ya icónicas como la confesión bajo la lluvia. La puesta en escena, los decorados y el vestuario transportan al espectador a la época, mientras que la cinematografía y la banda sonora de Dario Marianelli aportan una carga emocional poderosa, capaz de transmitir algo, principalmente en los momentos de silencio, donde las imágenes lo dicen todo, como en la escena de Darcy caminando al amanecer.
En conclusión, Orgullo y prejuicio es una obra que ha trascendido el tiempo, consolidándose como un referente tanto en la literatura como en el cine. La capacidad de esta obra para reflexionar sobre el amor, la exclusión social y la complejidad humana la convierte en una historia inmortal, cuya vigencia demuestra que, más allá de la época, los conflictos del corazón y de la sociedad siguen siendo profundamente universales.
Por: David Ruiz Guajardo, estudiante de la Licenciatura en Comunicación
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219