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PRENSA IBERO
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• Ocho de cada 10 periodistas en la CDMX han sufrido discursos de odio, señala la Dra. Mireya Márquez, profesora-investigadora del Departamento de Comunicación • La violencia contra la prensa ya no se mide solo en homicidios, sino en leyes que se usan en contra de las y los periodistas, indica • "Proteger a un periodista es proteger nuestro derecho a la información", apunta
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La violencia contra la prensa en México se ha diversificado, pues además de asesinatos, secuestros, asaltos, golpes y robo de equipo, en los últimos años han cobrado fuerza otras formas de presión contra las y los periodistas, afirmó la Dra. Mireya Márquez Ramírez, profesora-investigadora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana (IBERO).
“Las democracias van cayendo cuando se empiezan a silenciar voces críticas. El punto no es acallarlas sino crear las condiciones para que la libertad de expresión y el derecho a la información se ejerzan en un ambiente seguro. El interés de ciudadanía no es voltear a otro lado cuando hay malos gobiernos sino exigirles rendición de cuentas”, señaló.
Destacó que ocho de cada 10 periodistas han sufrido discursos de odio en la Ciudad de México. Entre las formas de presión se encuentran el uso de leyes con fines intimidatorios, los discursos de odio y la estigmatización de la prensa. Estas últimas, aunque pueden parecer menos peligrosas que una agresión física, producen el chilling effect, que puede desalentar el ejercicio periodístico.
Las formas más sutiles de violencia, explicó, son precisamente aquellas que no siempre representan un peligro inmediato, pero que pueden abrir la puerta a agresiones posteriores.
De acuerdo con la Dra. Márquez Ramírez, las y los periodistas con mayor visibilidad están particularmente expuestos a los discursos de odio y quienes trabajan en televisión tienen mayor presencia en línea o cuentan con mayor reconocimiento pueden convertirse en blancos frecuentes.
En tanto, apuntó que las y los comunicadores pertenecientes a minorías pueden enfrentar ataques relacionados tanto con su actividad profesional como con su identidad.
En el caso de las mujeres, dijo, hay estudios que no necesariamente muestran una mayor frecuencia de discursos de odio, pero sí mensajes misóginos, violencia sexual y otras formas de hostigamiento que pueden combinarse para profundizar las agresiones.
Señaló que la estigmatización de periodistas desde el poder constituye otra pieza de este fenómeno, pues se trata de una práctica observada en distintos países y que, en ocasiones, termina acompañada por ataques de grupos partidistas en redes sociales.
El mecanismo puede comenzar con una descalificación pública y continuar con campañas digitales impulsadas por multitudes anónimas. El objetivo, sostuvo, es generar una especie de castigo colectivo contra quienes son señaladas o señalados por cuestionar al poder.
La Dra. Márquez Ramírez refirió que las y los periodistas pueden equivocarse y que su trabajo debe estar sujeto al escrutinio, pero lo que no corresponde es que el Estado determine qué voces pueden permanecer en la esfera pública.
“La libertad de expresión implica que las ideas sean sometidas al debate y al escrutinio. Si una persona no está de acuerdo con un periodista, la respuesta debería ser expresar esa discrepancia de manera respetuosa, no buscar su silenciamiento”, acotó.
La arquitectura de las redes sociales y sus algoritmos también juega un papel en esta dinámica para agredir periodistas. De acuerdo con la investigadora de nuestra casa de estudios, estas plataformas favorecen la viralización de los discursos de odio, mientras que el debate racional pierde terreno.
Indicó que así enfrentan una doble vulnerabilidad, ya que pueden ser confundidos con las instituciones mediáticas para las que trabajan o suelen ser quienes reciben directamente los ataques, aun cuando carezcan de autonomía dentro de las empresas de comunicación.
Dijo que la precariedad laboral agrava el problema, pues no es lo mismo enfrentar una agresión siendo dueño de un medio con una estructura de poder detrás que hacerlo como reportera o reportero, cuyos empleos y estabilidad económica dependen de su trabajo.
Por ello, advirtió que las redacciones deberían contar con protocolos de seguridad frente a este tipo de violencia; sin embargo, muchos periodistas reciben poco o ningún respaldo instituciona.
Para la Dra. Márquez Ramírez, esa respuesta es insuficiente, pues soportar los ataques no resuelve el problema y el discurso de odio puede legitimar formas de agresión cada vez más violentas.
Otro elemento que preocupa –indicó— es el deterioro de la confianza en los medios. En México, señaló, esta ha caído más de 17 puntos en una década, en un contexto mundial donde existe una pérdida de confianza.
A pesar de ello, consideró que el periodismo de calidad y comprometido con las víctimas continúa desarrollándose, especialmente desde proyectos independientes y medios alternativos que suelen trabajar con infraestructura limitada.
Explicó que esos periodistas son los que enfrentan mayores riesgos, pues primero aparece el discurso de odio contra ellas y ellos; después, la estigmatización, el cuestionamiento moral, el acoso y finalmente acusaciones o agresiones más graves.
El propósito, describió, es generar un proceso de silenciamiento que no afecta únicamente a una persona, sino que funciona como advertencia para todo el gremio periodístico.
La discusión, sostuvo la académica, va mucho más allá de defender a los periodistas. Está en juego el derecho de la sociedad a saber.
Recordó que durante décadas hubo acontecimientos de enorme relevancia sobre los que la población no tuvo información suficiente como quienes murieron en el sismo de 1985 hasta los hechos de Tlatelolco o los desaparecidos de la Guerra Sucia y numerosos casos de corrupción.
Las democracias, advirtió, no necesariamente se derrumban de un día para otro; también pueden deteriorarse gradualmente cuando las voces críticas son silenciadas.
“El periodismo no debería funcionar en favor de un color político determinado, sino contribuir a que la sociedad pueda exigir rendición de cuentas a cualquier gobierno, independientemente del partido al que pertenezca”, puntualizó.
Para profundizar más sobre el tema te invitamos a consultar la investigación "Contextos organizacionales de la violencia contra la prensa: estudio comparativo de la recurrencia de agresiones a periodistas en México" de la Dra. Mireya Márquez Ramírez en este enlace.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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