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PRENSA IBERO
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• En el marco del Día Mundial de la Alimentación, la Dra. Diana Leyva, académica de Ingeniería de Alimentos, recuerda que México cuenta con una enorme riqueza de frutas, cereales, leguminosas y otros ingredientes nutritivos. La especialista llama a revalorar nuestra gastronomía y explica cómo la ciencia puede contribuir a que más personas tengan acceso a una alimentación saludable, segura y suficiente
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿Quién dijo que para alimentarnos saludablemente necesitamos comer salmón, comprar productos importados o adoptar dietas de otros países? México cuenta con una extraordinaria diversidad de ingredientes que pueden contribuir a una alimentación equilibrada, sin necesidad de renunciar a nuestras tradiciones gastronómicas ni recurrir necesariamente a productos costosos. Así lo explica la Dra. Diana Leyva, académica de la Ingeniería de Alimentos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, quien, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se conmemora cada 16 de octubre, invita a reconocer el valor nutricional de los alimentos mexicanos y a aprovechar los conocimientos científicos para mejorar la alimentación de la población.
La especialista señala que nuestro país dispone de una amplia variedad de frutas, hortalizas, leguminosas y cereales que pueden formar parte de una dieta saludable. Sin embargo, advierte que muchas veces desconocemos sus propiedades y llegamos a considerar que las alternativas alimentarias provenientes del extranjero son necesariamente mejores.
“No necesariamente tenemos que adoptar dietas mediterráneas, o consumir salmón, porque a lo mejor el salmón es más caro y no tenemos ese acceso”.
La académica explica que muchos de los productos que se cultivan, cosechan y comercializan localmente ya ofrecen importantes beneficios nutricionales. Por ello, considera fundamental conocerlos mejor, cuidar las porciones y prestar atención a los métodos de preparación.
Elegir lo humano también puede significar reconocer el valor de nuestra alimentación tradicional, aprovechar la riqueza del campo mexicano y buscar que comer saludablemente deje de ser un privilegio.
Aunque nuestro país cuenta con una enorme diversidad alimentaria, la Dra. Leyva advierte que uno de sus mayores desafíos consiste en garantizar que todas las personas puedan acceder a alimentos suficientes, seguros y nutritivos.
La especialista explica que México enfrenta una paradoja: mientras una parte de su población presenta enfermedades como diabetes e hipertensión, relacionadas entre otros factores con patrones alimentarios inadecuados, otros sectores continúan enfrentando problemas de desnutrición.
“Yo creo que uno de los retos más importantes a los cuales nos estamos enfrentando como país en cuestiones de alimentación es que la alimentación llegue a todos”, señala.
Esta problemática no se explica solamente por la disponibilidad de alimentos, sino también por las desigualdades económicas, las dificultades geográficas y los problemas de distribución.
La académica recuerda que producir alimentos no garantiza que lleguen a quienes los necesitan.
Entre las barreras se encuentran las diferencias de precios entre regiones rurales y urbanas, las limitaciones logísticas y las pérdidas de productos durante la cosecha, almacenamiento y transporte.
A ello se suman los efectos de fenómenos meteorológicos, como lluvias intensas o fuera de temporada, que pueden afectar las cosechas y provocar desperdicios.
Por esta razón, considera indispensable desarrollar soluciones que permitan conservar los alimentos durante más tiempo, facilitar su distribución y mantener su calidad nutricional.
La meta no debe limitarse a producir más, sino a conseguir que los alimentos lleguen a más personas y en mejores condiciones.
En redes sociales es frecuente encontrar recomendaciones que invitan a consumir exclusivamente alimentos frescos, orgánicos o libres de conservadores.
Sin embargo, la Dra. Leyva considera importante reconocer que no todas las personas tienen las mismas posibilidades de acceder a este tipo de productos.
“Muchas personas que dicen que debemos consumir casi, casi cortando del huerto y consumir los alimentos, pues hablamos de un privilegio como tal”, explica.
La académica recuerda que hay personas que viven lejos de los centros de producción, carecen de espacios para cultivar sus propios alimentos o enfrentan dificultades económicas para adquirir determinados productos frescos.
En este contexto, la ingeniería alimentaria cumple una función social fundamental: desarrollar tecnologías que permitan conservar alimentos, evitar su deterioro y facilitar que lleguen de manera segura a diferentes comunidades.
La especialista explica que los conservadores, cuando se utilizan de acuerdo con las normativas vigentes y en cantidades seguras, pueden ayudar a limitar el crecimiento de microorganismos capaces de provocar enfermedades.
“Debemos tratar de quitarnos de la mente el que algo natural en automático pensamos que es algo seguro”, advierte.
Como ejemplo, menciona las salsas que se comercializan en algunos establecimientos, cuya exposición a temperaturas elevadas puede favorecer el crecimiento microbiano cuando no cuentan con medidas adecuadas de conservación.
Por ello, insiste en que los aditivos alimentarios deben utilizarse con fines tecnológicos claros, en las cantidades permitidas y acompañados de buenas prácticas de elaboración, almacenamiento y distribución.
La tecnología no debe entenderse como lo contrario de una buena alimentación, sino como una herramienta que, utilizada responsablemente, puede contribuir a hacerla más segura y accesible.
Para aprovechar mejor los ingredientes que ofrece México, la ciencia y la tecnología pueden convertirse en grandes aliadas.
La Dra. Diana Leyva explica que la Ingeniería de Alimentos de la IBERO desarrolla diversas líneas de investigación que buscan identificar las propiedades nutricionales y tecnológicas de materias primas nacionales, así como explorar nuevas formas de aprovecharlas.
Una de ellas se concentra en el estudio de insectos comestibles, cuya recolección, manejo, transporte y composición nutricional son analizados por especialistas.
El objetivo es conocer sus propiedades y garantizar que puedan aprovecharse en condiciones adecuadas de higiene e inocuidad.
Otra de las investigaciones se enfoca en chiles endémicos de Oaxaca, con los que se busca identificar compuestos de interés que eventualmente puedan incorporarse a otros productos alimentarios.
La académica explica que algunas de estas variedades tienen un consumo principalmente local, lo que puede representar un riesgo para la continuidad de su cultivo si disminuye su aprovechamiento.
De ahí la importancia de estudiar sus propiedades y explorar nuevas aplicaciones que contribuyan a reconocer su valor.
El equipo también investiga leguminosas regionales de Oaxaca para identificar su potencial en el desarrollo de alimentos, además de trabajar en el aprovechamiento de residuos agroindustriales.
Estas investigaciones muestran que innovar no necesariamente significa abandonar los ingredientes tradicionales o sustituirlos por productos provenientes de otros países.
Por el contrario, la ciencia puede ayudar a descubrir nuevas aplicaciones para alimentos que forman parte de nuestra identidad y patrimonio gastronómico.
Para la Dra. Leyva, aprovechar la riqueza alimentaria de México requiere conocer mejor los productos que forman parte de nuestra dieta y reconocer sus beneficios.
La especialista considera que no siempre es necesario recurrir a modelos alimentarios extranjeros para mejorar nuestra alimentación, especialmente cuando contamos con una diversidad de ingredientes que pueden integrarse a dietas equilibradas.
En ese sentido, invita a valorar los productos regionales, cuidar las porciones y prestar atención a las preparaciones, sin perder de vista las necesidades particulares de cada persona.
Esta perspectiva también dialoga con la propuesta educativa de la IBERO de #ElegirLoHumano, al reconocer que el desarrollo científico y tecnológico debe responder a las necesidades de la sociedad.
Desde la Ingeniería de Alimentos, esto implica formar profesionales capaces de transformar materias primas regionales, desarrollar productos nutritivos, mejorar su conservación y buscar soluciones para hacerlos más accesibles.
Como parte de su compromiso con la investigación y la innovación alimentaria, la IBERO realizará el II Congreso Internacional y IX Congreso Nacional de Ingeniería de Alimentos, The Food Tech Evolution, dedicado en esta edición a la innovación para una alimentación consciente.
De acuerdo con la Dra. Leyva, el encuentro reunirá a especialistas de distintas instituciones y representantes de la industria alimentaria para analizar oportunidades de innovación y nuevas tendencias de consumo.
Entre los temas contemplados se encuentran el aprovechamiento de leguminosas y nopal, las transformaciones en los hábitos alimentarios de las nuevas generaciones y las aplicaciones de nuevas tecnologías en la industria.
También participará una egresada de Ingeniería de Alimentos de la IBERO que desarrolló una alternativa vegana al huevo a partir de proteínas vegetales, un ejemplo de las oportunidades de innovación y emprendimiento en este sector.
El encuentro se llevará a cabo en el Auditorio José Sánchez Villaseñor de la IBERO, con conferencias y talleres impartidos por especialistas de la industria.
En el contexto del Día Mundial de la Alimentación, estas iniciativas permiten recordar que el futuro de la alimentación no depende exclusivamente de producir nuevos alimentos, sino también de conservar mejor los que ya tenemos, aprovechar la biodiversidad y desarrollar alternativas que respondan a las necesidades de la población.
Para la Dra. Leyva, México cuenta con una gran cantidad de opciones que pueden contribuir a una alimentación saludable, siempre que se consideren las porciones, la preparación y el equilibrio nutricional.
Porque elegir lo humano también significa valorar nuestros alimentos, reconocer los saberes que forman parte de nuestra cultura y poner la ciencia y la tecnología al servicio de un objetivo fundamental: que cada vez más personas puedan alimentarse bien.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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