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• Frente al temor de que la IA anule la singularidad, la filósofa francesa sostiene que las personas todavía pueden interrumpir, preguntar, interpretar y modificar las formas que reciben de la máquina
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Su desafío final para la era de la IA: “no ser ya el centro sin dejar de ser alguien”.
¿Puede una filosofía escrita hace dos siglos ayudarnos a entender qué ocurre cuando conversamos con ChatGPT? Para la filósofa francesa Catherine Malabou, algunas ideas de Georg Wilhelm Friedrich Hegel permiten pensar uno de los fenómenos más inquietantes de la inteligencia artificial: la posibilidad de que el lenguaje funcione como un sistema que parece hablar consigo mismo, más allá de quien formula una pregunta.
“En cierto modo, sí, Hegel inventó los LLM”, señaló la filósofa al explicar que el pensamiento hegeliano permite imaginar al lenguaje no sólo como una herramienta utilizada por las personas, sino como un sistema que establece relaciones consigo mismo y produce significado.
La conferencia formó parte del proyecto La destinación de las Humanidades, impulsado desde el Departamento de Filosofía de la IBERO en alianza con 17, Instituto de Estudios Críticos, cuyo propósito es reflexionar sobre el futuro del pensamiento crítico y las transformaciones que las humanidades enfrentan ante el cambio tecnológico.

Malabou partió de una pregunta filosófica: ¿el pensamiento de Hegel anticipa la posibilidad de que pensar se vuelva automático, mecánico, cibernético o incluso artificial?
Para responder, recuperó el concepto hegeliano de “sistema” y lo puso en diálogo con los actuales “sistemas de inteligencia artificial”.
Su argumento pasó por una reflexión sobre el lenguaje. Cuando una persona dice “aquí” o “ahora”, explicó, intenta nombrar una experiencia concreta y singular. Sin embargo, esas mismas palabras pueden ser empleadas por cualquier otra persona, en cualquier momento y lugar.
Por eso, para Hegel, el lenguaje tiene la capacidad de transformar aquello que intenta expresar: lo singular se convierte inevitablemente en algo universal.
Malabou llevó esta reflexión un paso más allá: cuando hablamos, dijo, no sólo somos nosotros quienes utilizamos el lenguaje. De alguna manera, el propio lenguaje establece una relación consigo mismo a través de nosotros.
Esta idea adquirió una nueva dimensión con la aparición de sistemas como ChatGPT.

Malabou relató que, al comenzar a utilizar modelos de lenguaje, encontró una semejanza con el problema filosófico que había identificado en Hegel.
Frente a ChatGPT experimentó una suerte de espejo: algo que responde mediante el lenguaje humano y que, al mismo tiempo, no es una persona.
La filósofa incluso preguntó al sistema si consideraba que su función consistía en “poner al lenguaje en relación consigo mismo”. La respuesta afirmativa de la máquina reforzó su intuición: los modelos de lenguaje hacen visible un proceso en el que palabras, conceptos y estructuras lingüísticas se relacionan entre sí para producir nuevas respuestas.
Para Malabou, esto permite entender por qué conversar con una inteligencia artificial puede generar extrañamiento. La respuesta parece humana, pero no proviene de una conciencia humana.
La IA, sostuvo, puede entenderse entonces como una nueva forma de alienación, en la que las personas se encuentran frente a un lenguaje que parece haberse independizado de quien habla.

Sin embargo, Malabou rechazó la idea de que esta automatización implique inevitablemente la desaparición de la singularidad humana.
En su diálogo con ChatGPT apareció un concepto que retomó durante la conferencia: “punctuate”, que puede entenderse como puntuar, interrumpir o introducir una marca propia dentro de una estructura.
Las personas, explicó, siguen introduciendo preguntas, perspectivas e interpretaciones que alteran momentáneamente el funcionamiento de ese sistema.
Aunque esa intervención sea limitada, abre espacios de transformación.
Para Malabou, esta posibilidad permite escapar de dos extremos: pensar que la inteligencia artificial es simplemente una herramienta bajo nuestro control o asumir que las máquinas terminarán por absorber toda capacidad humana de resistencia.
La relación es más compleja: podemos recibir formas de la máquina, pero también intervenir en ellas y darles forma. Esa capacidad es precisamente lo que la filósofa vincula con su concepto de plasticidad.
Al cerrar su conferencia, Malabou planteó que la irrupción de la inteligencia artificial obliga a repensar qué significa ser una persona singular en un mundo donde ya no ocupamos necesariamente el centro.
El desafío, sintetizó, podría consistir en “no ser ya el centro sin dejar de ser alguien”.
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