PRENSA IBERO
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14 DE MAYO DE 2026
Por: Luis Reyes
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Durante décadas, los museos fueron concebidos como espacios solemnes dedicados a resguardar objetos históricos y artísticos bajo una narrativa oficial. Hoy, sin embargo, enfrentan el desafío de transformarse en lugares más abiertos, participativos y cercanos a la sociedad.
En el marco del Día Internacional de los Museos, la Dra. Sara Gabriela Baz Sánchez, Académica de Tiempo Completo del Departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana (IBERO), reflexiona sobre el papel social de estas instituciones y los retos que enfrentan para mantenerse relevantes en un mundo marcado por la inmediatez digital.
“La idea del museo ha cambiado radicalmente”, sostiene. En entrevista con Prensa IBERO, explica que anteriormente muchos museos funcionaban como espacios donde se enseñaba al visitante qué debía pensar sobre la historia, la identidad o el patrimonio nacional.
Ejemplos como el Museo Nacional de Antropología o el Museo Nacional de Historia respondían a una lógica vertical en la que la institución transmitía una visión oficial de lo mexicano.
“Hoy ya no se piensa igual. El museo debe ser un espacio de confluencia, de experiencia, de compartir historias e identidades. Ya no un espacio hegemónico que le diga al público qué sentir o qué creer”, afirma.
La especialista recuerda que el concepto contemporáneo de museo está regulado por el Consejo Internacional de Museos (ICOM), organismo que actualiza sus definiciones según los contextos globales.
En años recientes, explica, las discusiones internacionales han puesto énfasis en el papel de los museos como instituciones capaces de unir comunidades y generar diálogo en sociedades cada vez más polarizadas.
“Los museos tienen hoy una función social mucho más importante: permitir que las personas reconstruyan colectivamente sus memorias y encuentren vínculos afectivos con lo que observan”, señala.
Para Baz Sánchez, esta transformación implica abandonar la idea de que el visitante necesita conocimientos especializados para disfrutar un museo. Durante mucho tiempo, explica, las visitas escolares estuvieron marcadas por dinámicas rígidas y poco estimulantes, como copiar cédulas o memorizar información técnica.
“No tienes que saber para disfrutar un museo. No tienes que saber latín ni historia del arte para emocionarte frente a una pieza. Los museos tienen que dejar de sentirse como espacios inaccesibles o elitistas”, comenta.
Considera que la democratización cultural no depende únicamente de ofrecer entradas gratuitas, sino de construir vínculos emocionales con diferentes comunidades.
Aunque muchos museos públicos ya cuentan con programas de gratuidad para estudiantes, docentes o adultos mayores, el verdadero reto está en hacer que las personas quieran acercarse a estos espacios.
“Hay gente que pasa frente a un museo y siente que ese lugar no es para ella. La arquitectura monumental puede incluso expulsar simbólicamente al visitante”, explica.
Por ello, considera indispensable crear experiencias más cercanas y flexibles que permitan al público sentirse parte del museo.
En ese sentido, destaca iniciativas como “Noche de Museos”, que permiten recorridos distintos a las visitas tradicionales, incorporando música, conversaciones, actividades comunitarias o experiencias inmersivas.

Uno de los mayores desafíos actuales, señala la académica de nuestra casa de estudios, es captar la atención de las nuevas generaciones en un contexto dominado por redes sociales y plataformas digitales.
“El tiempo de atención es cada vez más reducido y eso obliga a replantear cómo comunicamos los contenidos”, explica. Sin embargo, advierte que la solución no consiste únicamente en incorporar tecnología.
“Claro que las experiencias inmersivas, la realidad aumentada o la Inteligencia Artificial pueden enriquecer muchísimo un museo, pero no todo depende de tener la tecnología más avanzada. Lo más importante es generar espacios dialógicos con el visitante”, afirma.
La especialista considera que las actividades virtuales, conferencias y recorridos digitales demostraron que los museos pueden mantener comunidades activas incluso a distancia.
“No debemos abandonar esos formatos. Permitieron que personas de otros estados o incluso de otros países siguieran conectadas con las instituciones culturales”, afirma.
Respecto al papel de los museos en la construcción de identidad nacional, Baz Sánchez adopta una postura crítica frente a los discursos homogéneos.
“No existe una sola identidad mexicana. Durante mucho tiempo algunos museos construyeron una visión muy vertical del pasado, como si todos debiéramos identificarnos exactamente con la misma narrativa”, sostiene.
Aunque reconoce la importancia de instituciones como el Museo Nacional de Antropología, advierte que reducir la diversidad cultural mexicana a una sola herencia histórica invisibiliza otras experiencias y comunidades.
Cada persona construye su propia narrativa histórica y afectiva. El patrimonio no tiene valor porque una institución diga que debemos respetarlo, sino porque genera significado para las personas”, señala.
También celebra los esfuerzos recientes de museos que han apostado por propuestas curatoriales más experimentales e interactivas, como el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) o las experiencias inmersivas desarrolladas en el Museo de Arte Moderno.
Para ella, el futuro de los museos dependerá de su capacidad para convertirse en espacios de encuentro, emoción y reflexión colectiva.
“Un museo no tiene que adoctrinar. Tiene que abrir posibilidades, provocar preguntas y permitir que las personas se apropien de las historias desde su propia experiencia”, concluye.
Por: Luis Reyes
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