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PRENSA IBERO
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• Para el Dr. Óscar Galicia, del Departamento de Psicología, las celebraciones mundialistas reflejan un momento de bienestar social más que una simple pasión futbolera • Señala que la hospitalidad mexicana y el ambiente festivo explican por qué aficiones de todo el mundo son recibidas como parte de la familia durante los eventos deportivos
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Mientras miles de personas se reúnen en plazas, bares y avenidas para celebrar cada partido del Mundial, una imagen se repite una y otra vez: personas extranjeras terminan usando sombreros mexicanos, compartiendo bebidas y formando parte de la fiesta. Lo que para muchos visitantes resulta sorprendente, para las y los mexicanos parece normal.
De acuerdo con el Dr. Oscar Galicia Castillo, del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (IBERO), esta capacidad de integrar rápidamente a personas ajenas forma parte de
En entrevista con Prensa IBERO, explicó que, aunque toda generalización sobre una cultura debe tomarse con cautela, hay una tradición mexicana de apertura hacia los demás que contrasta con la forma en que otras sociedades suelen relacionarse con las y los extranjeros.
Detalló que mientras en algunos países el acceso a los círculos sociales requiere tiempo, confianza y múltiples interacciones, en México basta muchas veces con estar presente para ser incluido.
“Las y los mexicanos somos muy compartidos. Invitar a comer, abrir las puertas del hogar o incorporar a personas desconocidas a una celebración son conductas que aparecen con frecuencia en la vida cotidiana y que durante eventos internacionales alcanzan su máxima expresión”, resumió.
Explicó que, desde una perspectiva psicológica, esta conducta resulta llamativa porque rompe con mecanismos habituales de construcción de confianza. Normalmente, las personas generan vínculos a partir de experiencias compartidas, afinidades o relaciones desarrolladas con el tiempo. Sin embargo, en el caso mexicano, el proceso suele acelerarse de manera extraordinaria.
“Parece que en nuestra cultura estamos dispuestos a saltarnos todo ese proceso. La simple presencia de otra persona puede ser suficiente para generar cercanía, incluso si no existe un idioma común o una historia compartida”, señaló el especialista.
Esta dinámica se vuelve especialmente visible durante el Mundial. Para el Dr. Galicia Castillo, México ha transformado simbólicamente al país en una gran fiesta donde las y los visitantes son recibidos como invitados especiales. El anfitrión, en este caso México, es toda una sociedad dispuesta a mostrar su lado más festivo y hospitalario.
Apuntó que la facilidad con la que una o un aficionado extranjero puede integrarse a una celebración mexicana responde también a otro factor fundamental: el deseo colectivo de festejar.
Según el especialista, las multitudinarias concentraciones que se han observado en ciudades como Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey no pueden explicarse únicamente por el futbol. Detrás de ellas existe una disposición social favorable que permite que las personas salgan a las calles, convivan y participen en eventos masivos.
“La gente está celebrando porque tiene ganas de celebrar”, afirmó.
Desde su perspectiva, dijo que las dimensiones que ha alcanzado la celebración mundialista indican la existencia de un ambiente social positivo. Si predominara el miedo, la incertidumbre o una sensación generalizada de crisis, difícilmente se observarían concentraciones tan numerosas y espontáneas.
Galicia consideró que las festividades actuales reflejan una percepción de estabilidad suficiente para que las personas puedan destinar tiempo y recursos al entretenimiento. Comprar una playera, reunirse con amigos o acudir a un bar para ver un partido son actividades que requieren ciertas condiciones de tranquilidad y bienestar.
Por ello, el académico sostuvo que las celebraciones actuales difieren de las registradas en otros momentos históricos, como el Mundial de México 1986, celebrado en medio de una crisis económica y social que, aunque fue momentáneamente eclipsada por la fiesta futbolística, reapareció con fuerza una vez concluido el torneo.
“No siento que se esté enmascarando una crisis; más bien se está mostrando que la gente está contenta”, explicó.
Recordó que el país ha mantenido tradicionalmente una actitud de apertura hacia migrantes, refugiados y visitantes. Esta disposición colectiva forma parte de la identidad nacional y se refleja tanto en la vida cotidiana como en acontecimientos internacionales.
Además de recibir al visitante, dijo, existe un deseo de compartir aquello que genera orgullo: la cultura, la gastronomía, las ciudades y la forma de convivir. En ese sentido, la fiesta mundialista se convierte en una vitrina donde México exhibe una de sus características más valoradas: la capacidad de hacer sentir bienvenido a cualquiera.
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