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PRENSA IBERO
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• La escasez de agua, la pérdida de cosechas y los desplazamientos forzados pueden profundizar desigualdades que ya enfrentan mujeres rurales e indígenas. • Mirijam Salfinger, de la Universidad de Viena, planteó que la degradación ambiental y la desvalorización de los cuidados responden a lógicas de dominación relacionadas. • Frente al modelo extractivista, propuso avanzar hacia una ética basada en la interdependencia entre las personas y los ecosistemas.
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La crisis climática no afecta por igual a todas las personas. La escasez de agua, la pérdida de cosechas y los desplazamientos forzados pueden profundizar desigualdades que ya enfrentan las mujeres, particularmente aquellas que viven en comunidades rurales e indígenas, advirtió Mirijam Salfinger, investigadora de la Universidad de Viena.
Desde una perspectiva ecofeminista, la especialista planteó que el deterioro ambiental no puede entenderse únicamente como un problema físico o ecológico: también está relacionado con estructuras económicas y sociales que históricamente han subordinado tanto a determinados grupos humanos como a la naturaleza
“El ecofeminismo nos convoca a desmantelar la falacia de que los seres humanos estamos desvinculados de la red de la vida; no se puede defender la dignidad humana sin defender simultáneamente la integridad de los ecosistemas”, sostuvo.
Durante el webinar “El cambio climático desde una perspectiva ecofeminista y ética”, organizado por la Cátedra de Teología Feminista y el Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, Salfinger señaló que los impactos del calentamiento global tampoco son neutrales frente al género.
Fenómenos como la escasez de agua, la pérdida de cultivos o los desplazamientos afectan especialmente a mujeres rurales e indígenas que participan de manera central en el sostenimiento cotidiano de sus familias, pero que no necesariamente cuentan con condiciones equitativas de acceso a la tierra o a espacios de toma de decisiones, expuso.
Su planteamiento vincula así la justicia climática con otro problema menos visible: quién realiza los trabajos indispensables para sostener la vida y qué valor económico y social reciben esas tareas.
La investigadora cuestionó también una concepción que coloca al ser humano separado o por encima de la naturaleza. Frente a ella, propuso pensar en términos de interdependencia y ecodependencia, es decir, reconocer que la vida humana depende tanto de otras personas como de los sistemas naturales que la hacen posible.
Desde esta mirada, el ecofeminismo relaciona la explotación intensiva de los recursos naturales con otras formas de dominación y plantea revisar modelos económicos basados en el extractivismo, así como fortalecer el cuidado del territorio y las respuestas comunitarias frente al deterioro ambiental.
La discusión, realizada el 14 de septiembre, formó parte de la Cátedra de Teología Feminista de la IBERO y reunió a integrantes de la comunidad universitaria en torno a una pregunta que rebasa el terreno ambiental: ¿es posible enfrentar la crisis climática sin transformar también las desigualdades sociales que determinan quiénes reciben sus peores consecuencias?
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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