PRENSA IBERO
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8 DE ABRIL DE 2026
Por: Mariana Domínguez Batis
AUTOR
Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional de la IBERO

• Renata Fragoso, estudiante de Historia del Arte, desarrolla un proyecto con jóvenes en contextos de vulnerabilidad titulación en el Centro de Integración Juvenil Miguel Hidalgo
A través del cuerpo, el arte encuentra nuevas formas de nombrar lo que duele. Renata Fragoso, estudiante de octavo semestre de Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana, desarrolla un proyecto de titulación en el Centro de Integración Juvenil Miguel Hidalgo, que utiliza el movimiento como herramienta para que jóvenes reconozcan y trabajen sus emociones.
En colaboración con la estudiante de Psicología Ana Carlota Rodríguez, y de Diseño de Productos y Experiencias, Monserrat Burguete, Fragoso implementa sesiones de arteterapia con adolescentes en contextos de vulnerabilidad, en una apuesta por el movimiento como vía para expresar lo que no siempre se puede decir, donde el reto no es solo expresar, sino atreverse a sentir.

El movimiento como lenguaje
Lejos de las técnicas tradicionales centradas en artes plásticas, el proyecto propone el cuerpo como un canal expresivo. “Un gesto puede contar una historia que no siempre se puede decir con palabras”, explica la estudiante, quien apostó por integrar el movimiento como eje central de las sesiones.
La iniciativa surgió de su interés por trabajar con jóvenes y de la necesidad de innovar en los enfoques de arteterapia. Al inicio, la propuesta generó dudas, pero pronto encontró eco en el equipo de psicología, que reconoció en el movimiento una herramienta con potencial terapéutico.

Romper barreras
Las sesiones —realizadas varias veces por semana— enfrentaron resistencias iniciales. La cercanía generacional entre facilitadoras y participantes provocó desconfianza, pero con el tiempo se construyó un espacio de confianza.
Fragoso relata que algunas y algunos jóvenes han comenzado a mostrar cambios: participan más, regresan con mayor constancia y, en ciertos casos, encuentran motivación para continuar procesos personales más profundos.
Uno de los casos que más la ha marcado es el de un adolescente que, tras recaer en adicciones, decidió volver al programa recordando los ejercicios corporales como una forma de reconectar consigo mismo.

Renata Fragosp implementa sesiones de arteterapia centradas en el movimiento corporal, como vía para que adolescentes en contextos de vulnerabilidad expresen, reconozcan y trabajen sus emociones.
El arte como detonador emocional
Para la estudiante, el arte tiene la capacidad de activar memorias, sensaciones y cuestionamientos. “Siempre te está moviendo, aunque no te des cuenta”, afirma.
Este proyecto no solo busca acompañar a jóvenes en contextos complejos, sino también replantear el papel del arte en la vida cotidiana: como herramienta de autoconocimiento, de expresión y de cuidado emocional
Desde la formación humanista de la IBERO, Fragoso reconoce que el servicio social le ha permitido comprender otras realidades y fortalecer una mirada más empática.
Por: Mariana Domínguez Batis
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