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PRENSA IBERO
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• Después de siete años de bajo crecimiento, indicadores como la actividad industrial, la construcción y las exportaciones comienzan a despertar expectativas sobre el futuro de la economía mexicana. Sin embargo, ¿son suficientes para hablar de una recuperación sostenida? El Dr. Gerardo Leyva Parra, investigador del Equide de la IBERO, identifica seis obstáculos estructurales que todavía podrían frenar el desarrollo del país.
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿México finalmente está encontrando el camino hacia la recuperación económica o, después de tantos años de crecimiento débil, comenzamos a considerar como extraordinarias cifras que antes nos habrían parecido decepcionantes?
Esta es la pregunta que plantea el Dr. Gerardo Leyva Parra, académico e investigador del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, quien comparte su análisis sobre el comportamiento de la economía nacional en medios de comunicación.
En su texto, el especialista reconoce que existen señales alentadoras en distintos sectores productivos, pero advierte que una mejoría de corto plazo no necesariamente significa que México haya encontrado la fórmula para superar los problemas que han limitado su crecimiento durante décadas.
La distinción es importante: una economía puede registrar indicadores positivos sin que estos se traduzcan inmediatamente en mejores oportunidades laborales, mayor bienestar para las familias o un desarrollo sostenido.
De acuerdo con Leyva, el comportamiento de distintos indicadores durante los primeros siete meses de 2026 ha llevado a analistas económicos a considerar que el Producto Interno Bruto (PIB) podría crecer más de lo previsto.
El investigador recupera los análisis de Gerardo Esquivel y Enrique Quintana, quienes identificaron señales favorables en la actividad económica nacional que podrían justificar una revisión al alza de los pronósticos de crecimiento para este año, cuyo consenso se encontraba alrededor del 1.4%.
Entre los indicadores que ofrecen motivos para el optimismo se encuentran:
La recuperación de la actividad económica, reflejada en el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE).
El comportamiento positivo de las actividades comerciales y de servicios.
La mejoría de la actividad industrial y de la inversión, particularmente en la construcción.
El dinamismo de las exportaciones tecnológicas hacia Estados Unidos.
Sin embargo, el académico IBERO advierte que estas señales todavía no se han traducido en una aceleración del consumo de los hogares ni de la ocupación total.
De hecho, señala que la caída del trabajo informal ha sido mayor que los modestos incrementos registrados en el empleo formal, lo que limita el avance de la ocupación en su conjunto.
Por ello, aunque las perspectivas económicas podrían mejorar para el cierre del año, todavía queda una pregunta fundamental: ¿existen condiciones para que ese crecimiento se mantenga en el tiempo?
Para Gerardo Leyva, la respuesta no depende solamente de los resultados de un trimestre o de un año, sino de la capacidad del país para atender problemas estructurales que afectan su competitividad y sus posibilidades de desarrollo.
En su análisis identifica seis desafíos:
1. Productividad estancada. México necesita revertir la pérdida de eficiencia con la que utiliza sus recursos productivos, particularmente el trabajo y el capital. Sin mejoras sostenidas en productividad, resulta difícil elevar el potencial de crecimiento económico.
2. Persistencia de la informalidad. El especialista recuerda que la economía informal representa alrededor del 55% de la ocupación y una cuarta parte del PIB nacional. Reducir su peso constituye uno de los grandes pendientes para impulsar un crecimiento más sólido.
3. Insuficiente inversión en innovación. México destina aproximadamente el 0.30% de su PIB a investigación y desarrollo, una proporción inferior a las referencias que Leyva presenta para Argentina, Brasil y China. El dato plantea una pregunta particularmente relevante para las universidades: ¿cómo aspirar a una economía más competitiva sin fortalecer la generación de conocimiento?
4. Debilidades en la formación de capital humano. La calidad educativa sigue siendo un desafío. El académico cuestiona si el país está avanzando realmente en el aprendizaje y la preparación de las nuevas generaciones, elementos indispensables para mejorar la productividad futura.
5. Deterioro institucional. La calidad regulatoria, el funcionamiento del sistema de justicia y la confianza de los inversionistas también influyen en las posibilidades de crecimiento. Una recuperación duradera requiere instituciones capaces de generar certidumbre.
6. Limitaciones fiscales. México necesita contar con recursos suficientes para invertir en infraestructura, salud, educación y seguridad, sin que los compromisos inmediatos absorban su capacidad para financiar proyectos estratégicos de largo plazo.
El análisis del investigador del Equide invita a distinguir entre dos fenómenos que suelen confundirse en la conversación pública: una recuperación coyuntural y una transformación estructural de la economía.
La primera puede reflejarse en mejores indicadores durante algunos meses. La segunda exige modificaciones profundas que permitan al país producir con mayor eficiencia, generar empleos, invertir en conocimiento y ampliar las oportunidades de desarrollo.
Esta diferencia también obliga a reconsiderar cómo interpretamos las cifras económicas. Después de años de resultados limitados, un crecimiento ligeramente superior a las expectativas puede recibirse con entusiasmo, aunque todavía resulte insuficiente frente a las necesidades del país.
Leyva no desconoce los avances recientes ni descarta que puedan anticipar una recuperación más importante. Su planteamiento consiste en evaluar esas buenas noticias a la luz de los problemas que México todavía debe resolver.
Desde la investigación académica, esta perspectiva contribuye a enriquecer el debate público, al colocar la productividad, la educación, la innovación y la fortaleza institucional en el centro de las decisiones necesarias para el futuro económico nacional.
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