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PRENSA IBERO
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• Andrea Barrios, especialista en Transformación Digital en Educación en Google y egresada de la Universidad Iberoamericana, llamó a evitar que la inteligencia artificial se convierta en un atajo para obtener mejores calificaciones sin desarrollar las habilidades necesarias; la conferencia formó parte de la celebración por los 30 años de la Licenciatura en Pedagogía y Educación
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

La inteligencia artificial puede convertirse en una poderosa herramienta para transformar la educación, pero utilizarla simplemente para resolver tareas más rápido o conseguir una mejor calificación puede terminar afectando la capacidad de aprendizaje de las y los estudiantes, advirtió Andrea Barrios, especialista en Transformación Digital en Educación en Google y egresada de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
Durante una conferencia impartida en el marco de la celebración por los 30 años de la Licenciatura en Pedagogía
“Un mal uso de la inteligencia artificial puede costar su potencial de realmente aprender”, sostuvo la especialista al explicar que recurrir a estas herramientas para encontrar “el atajo” que permita terminar más rápido una actividad o conseguir una mejor calificación puede obstaculizar el desarrollo del estudiante.
Barrios, egresada de la generación 2011 de Pedagogía IBERO, actualmente trabaja en el área de Transformación Digital en Educación, desde donde colabora con diferentes sistemas educativos alrededor del mundo para analizar cómo la tecnología puede incidir en los procesos de formación y también en el bienestar del profesorado.
La especialista explicó que la discusión sobre inteligencia artificial en educación ya no se limita a determinar si estas herramientas pueden facilitar el trabajo de las y los profesores. Actualmente, uno de los principales debates se encuentra en cómo lograr que la IA represente una oportunidad para el aprendizaje del estudiante y no una amenaza para su proceso formativo.
En este sentido, planteó que una herramienta educativa basada en inteligencia artificial no necesariamente debería entregar de manera inmediata la respuesta correcta. Por el contrario, puede funcionar como una especie de tutor que acompañe al estudiante mediante preguntas, permita que se equivoque y lo guíe para reconsiderar sus respuestas.
De acuerdo con Barrios, este tipo de diseño recupera un elemento fundamental para el aprendizaje: la necesidad de que exista cierto grado de esfuerzo o “fricción” durante el proceso, en lugar de eliminar todos los obstáculos mediante una respuesta automatizada.
Entre las principales preocupaciones que actualmente identifican docentes y líderes educativos frente al uso de inteligencia artificial, Barrios mencionó la pereza cognitiva y el posible declive del pensamiento crítico, así como el plagio, la integridad académica, la veracidad de los contenidos y la privacidad y seguridad de los datos.
Ante este panorama, consideró indispensable que las universidades trabajen en la alfabetización digital de sus estudiantes y les permitan comprender cuándo y de qué manera resulta apropiado utilizar estas tecnologías.
También llamó a fortalecer estrategias de aprendizaje activo, de manera que las y los estudiantes enfrenten desafíos reales y reciban retroalimentación oportuna, en lugar de limitar sus procesos educativos a producir respuestas o entregar trabajos.
Otro elemento fundamental será la metacognición, es decir, que las personas reflexionen sobre la manera en que están aprendiendo. Para Barrios, frente a una respuesta producida por inteligencia artificial será cada vez más importante preguntarse qué se quería lograr, qué respondió la herramienta y qué piensa el propio estudiante sobre ese resultado.
La llegada de estas tecnologías también está modificando una de las prácticas tradicionales de las universidades: la evaluación.
Barrios explicó que una parte importante de las evaluaciones se ha basado históricamente en ensayos y trabajos escritos realizados fuera del aula, una dinámica que debe repensarse ante el uso cada vez más extendido de inteligencia artificial generativa.
Entre las alternativas mencionó debates grupales, aprendizaje basado en proyectos y exámenes orales, así como ejercicios en los que el alumnado pueda utilizar herramientas de IA, pero posteriormente tenga que analizar, cuestionar y defender críticamente los resultados obtenidos.
Para la especialista, esto representa un cambio de paradigma que obligará a actualizar progresivamente los currículos, las metodologías de enseñanza y las formas utilizadas para comprobar que una persona efectivamente adquirió nuevos conocimientos y habilidades.
Pese al acelerado desarrollo tecnológico, Barrios subrayó que muchas de las capacidades que serán más relevantes para el futuro laboral siguen siendo profundamente humanas.
Al referirse a las tendencias sobre habilidades hacia 2030, destacó el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad, la agilidad, el liderazgo, la creatividad, la motivación, el autoconocimiento, la empatía, la escucha activa y la curiosidad.
Por ello, consideró que las universidades y las y los profesionales de la educación desempeñarán un papel central en la formación de personas capaces de adaptarse y continuar aprendiendo en un mundo en constante transformación.
La conferencia de Barrios abrió la celebración por los 30 años de la Licenciatura en Pedagogía y Educación de la Universidad Iberoamericana, institución de la que egresó hace 15 años y cuya formación, afirmó, continúa aplicando actualmente en su trabajo en Google.
Desde su experiencia profesional, la egresada IBERO ha trabajado en proyectos vinculados con educación y tecnología en México y Latinoamérica, y actualmente participa en iniciativas en Europa, Medio Oriente y África, desde una organización que integra pedagogos y especialistas educativos para buscar que el desarrollo tecnológico tenga un impacto positivo en las instituciones.
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