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PRENSA IBERO
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• Israel León Fájer, egresado de Comunicación y profesor de la Licenciatura en Comunicación, la Maestría en Cine y la Escuela de Cine de la IBERO, prepara Topofilia, una película sobre los vínculos que mantenemos con las personas y los espacios que habitamos. En entrevista, habla de su evolución como cineasta, de la importancia de aprender a escuchar y de una comunidad universitaria que, casi 20 años después, sigue acompañando su historia
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿Alguna vez has regresado a un lugar que compartiste con alguien a quien amaste? Quizá una casa, una habitación o una calle que, aunque parezca idéntica, ya no se siente igual. Hay espacios que guardan recuerdos, conversaciones y versiones de nosotros mismos que creíamos haber dejado atrás.
¿Pero qué sucede cuando volvemos a esos lugares y nos encontramos con las personas que alguna vez los habitaron con nosotros?
Esta es la premisa de Topofilia, el primer largometraje de Israel León Fájer, egresado de la Licenciatura en Comunicación y actual docente de este programa, de la
La película sigue a una expareja que, después de varios años de separación, decide pasar un fin de semana en una casa que solía visitar durante su relación. El reencuentro los obliga a mirar hacia el pasado, confrontar lo que ocurrió entre ellos y descubrir qué permanece de los sentimientos que alguna vez compartieron.
En entrevista con Prensa IBERO, el director explica que el título de su película hace referencia a la relación afectiva que construimos con los lugares. Una idea que, curiosamente, también describe su propia historia con la Universidad.
Porque Israel no solamente está regresando a los personajes de una historia que escribió cuando era estudiante: también continúa habitando las aulas donde comenzó su formación como comunicólogo y cineasta.
Topofilia tiene sus orígenes en De agua, el cortometraje de titulación que Israel realizó después de estudiar Comunicación en la IBERO entre 2007 y 2010, y que se estrenó en 2013.
Diez años después del estreno de aquel trabajo, el realizador comenzó a preguntarse qué habría sucedido con sus personajes.
¿Qué habría sido de ellos? ¿Cómo habrían cambiado? ¿Qué se dirían si volvieran a encontrarse después de tanto tiempo?
Estas inquietudes dieron origen a un nuevo cortometraje que posteriormente se transformó en el guion de su primer largometraje.
La historia dejó de ser un encuentro de apenas unos minutos para convertirse en un fin de semana durante el cual dos personas exploran las distintas dimensiones de una relación que terminó, pero cuyas huellas todavía permanecen.
Sin embargo, llevar esa historia a la pantalla requirió que Israel tomara una decisión: dejar de esperar las condiciones ideales para hacer cine.
En el verano de 2025, después de asistir a una función en la Cineteca Nacional, sintió la necesidad de realizar finalmente su primera película.
Aunque ya contaba con otro guion que deseaba convertir en su ópera prima, reconoció que aquella producción requería un presupuesto mayor. Por eso decidió desarrollar una historia que pudiera realizar con los recursos a su alcance: pocos personajes, una sola locación y una estructura de producción contenida.
Comenzó a escribir mientras organizaba el rodaje y continuó trabajando en el guion prácticamente hasta el inicio de la filmación.
Para el académico, las limitaciones no necesariamente son enemigas de la creatividad.
«Yo sí creo que trabajar desde la restricción es interesante porque te hace ser mucho más creativo».
Su experiencia también le permitió confirmar que la realización cinematográfica requiere algo más que inspiración: exige disciplina, rigor y la disposición de convertir las ideas en proyectos concretos.
La realización de Topofilia también representa una oportunidad para que Israel reconozca cuánto ha cambiado su manera de hacer cine desde sus primeros años como director.
Cuando filmó su cortometraje de titulación, recuerda, concebía la dirección como una posición que exigía ejercer autoridad sobre los demás integrantes del equipo.
Hoy su perspectiva es distinta.
«Hoy en día creo que lo veo como un trabajo colaborativo, como un intercambio de saberes, como un trabajo colectivo en el que todos estamos construyendo para llegar a un mismo resultado».
Para Israel, dirigir no significa imponer todas las decisiones, sino reconocer las capacidades de quienes participan en una producción y aprovechar sus conocimientos para construir una obra compartida.
Esta transformación también está relacionada con su experiencia académica. El cineasta identifica sus estudios de posgrado en artes escénicas como uno de los procesos de crecimiento personal más significativos de su vida.
La formación, explica, lo confrontó con lo que creía saber y lo llevó a cuestionar su propia identidad como creador.
Esa disposición a escuchar también se refleja en su labor docente en la IBERO.
Desde su perspectiva, enseñar implica reconocer que cada estudiante aprende de manera distinta y que un buen profesor debe ser capaz de identificar sus fortalezas y acompañar su desarrollo.
«La docencia te lleva a una voluntad de escucha distinta».
Para el académico, la sensibilidad no es únicamente una cualidad deseable en el arte: también es una herramienta indispensable para formar nuevas generaciones de profesionales capaces de colaborar, dialogar y construir proyectos colectivos.
La producción de Topofilia permitió reunir a estudiantes, docentes y egresados de distintas generaciones de la IBERO.
Entre las personas que participaron se encuentra Nicole Vanden Broeck, colaboradora cercana de Israel desde hace casi dos décadas y quien también trabajó como asistente de dirección en De agua, su cortometraje de titulación.
Al desarrollar el nuevo proyecto, el director buscó recuperar algunos de los vínculos profesionales y personales que comenzaron durante aquella primera experiencia cinematográfica.
El equipo también contó con la participación de Aníbal Barco, egresado de la IBERO y responsable de la fotografía del largometraje, además de otros integrantes de la comunidad universitaria que se sumaron a la producción.

Para Israel, este encuentro entre generaciones demuestra que las relaciones construidas durante la formación académica pueden continuar generando oportunidades de colaboración muchos años después de la graduación.
La experiencia también refleja la importancia de contar con una comunidad de profesionales dispuestos a compartir conocimientos y acompañarse en sus procesos creativos.
Al momento de la entrevista, Topofilia se encontraba cerca de completar su tercer corte de edición, con planes de comenzar la corrección de color en noviembre de 2026.
El director también había presentado alrededor de 25 solicitudes a fondos y convocatorias nacionales e internacionales para conseguir los recursos necesarios para concluir la posproducción.
Su expectativa es terminar el proceso, buscar espacios de exhibición en festivales y preparar el estreno de la película hacia 2028.
Hay un espacio de la IBERO que Israel León Fájer recuerda con especial cariño: el Auditorio Santa Teresa.
Ahí tomó su primera clase de la Licenciatura en Comunicación, una asignatura llamada Cultura Mediática que reunía a estudiantes de su generación y era impartida por diferentes profesores del Departamento.
Cada sesión representaba una oportunidad para conocer nuevas perspectivas, acercarse al trabajo académico y comenzar a construir vínculos con quienes compartiría su formación universitaria.
Por eso eligió ese mismo espacio para realizar fotografías relacionadas con su nueva película.
Más allá de su importancia como sala de proyección y espacio escénico, el Auditorio Santa Teresa representa para él un punto de encuentro entre sus intereses por el cine, las artes y la educación.
Su regreso también permite establecer un paralelismo con Topofilia.
Así como los personajes de la película vuelven a una casa cargada de recuerdos para confrontarse con su pasado, Israel continúa regresando a los espacios donde comenzó su vida profesional, ahora desde una posición distinta: la de un profesor que acompaña a nuevas generaciones de estudiantes.
«También tenemos una topofilia con la universidad, ¿no?».
Durante casi dos décadas, ha observado cómo cambian los espacios, las generaciones y las personas que los habitan. En ese tiempo también ha cambiado él: de estudiante de Comunicación a realizador cinematográfico y docente.
La Universidad se ha convertido en un lugar que reúne distintas etapas de su vida y que sigue formando parte de su presente.
Cuando se le pregunta por esa relación de tantos años con la IBERO, Israel responde entre risas:
«Sí, es mi relación más estable».
La trayectoria de Israel León Fájer permite reconocer el valor de una formación que combina conocimientos técnicos, sensibilidad artística y capacidades para el trabajo colaborativo.
Su experiencia como egresado, cineasta y profesor también muestra cómo la comunidad universitaria puede convertirse en una red de aprendizaje y acompañamiento profesional que trasciende el paso por las aulas.
A través de la Licenciatura en Comunicación, la Maestría en Cine y la Escuela de Cine, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México ofrece espacios para desarrollar habilidades narrativas, explorar lenguajes audiovisuales y reflexionar sobre el papel de las historias en nuestra manera de comprender el mundo.
Con Topofilia, Israel regresa a una historia que nació durante su formación universitaria para descubrir cuánto han cambiado sus personajes, su mirada como director y su propia relación con el cine.
Y quizá ahí se encuentre una de las ideas más significativas de su película: los lugares no solamente conservan los recuerdos de quienes fuimos; también nos permiten reconocer en quiénes nos hemos convertido.
¿Te apasiona contar historias capaces de emocionar, cuestionar y transformar nuestra manera de mirar el mundo? Conoce la Licenciatura en Comunicación de la IBERO y descubre las oportunidades de formación cinematográfica que ofrecen la Maestría en Cine y la Escuela de Cine de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
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